A la Sierra regresaron, para liberar los campos de Cuba
mar. Jun 18th, 2019

A la Sierra regresaron, para liberar los campos de Cuba

Fidel junto al doctor Osvaldo Dorticos, ministro Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, firma la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. /Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas (Archivo)

Fidel junto al doctor Osvaldo Dorticos, ministro Encargado de la Ponencia y Estudio de las Leyes Revolucionarias, firma la Ley de Reforma Agraria, el 17 de mayo de 1959. /Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas (Archivo)

Era de lluvia y esperanzas la época. Para algunos fue trabajoso escalar la montaña, otros lo hicieron con un mínimo de esfuerzo. A la Sierra Maestra, escenario de épicas batallas, volvieron los líderes de la triunfante revolución del primero de enero de 1959, para promulgar una de las leyes más avanzadas de su época: la Reforma Agraria.

En el firme de la Maestra está La Plata, casi inaccesible… De allí partieron los hombres que liberaron políticamente a un pueblo. Hoy (17 de mayo de 1959) regresan, para liberarlo económicamente”, afirmó Enrique Oltuski, entonces ministro de Comunicaciones, firmante de la Ley y protagonista del acontecimiento.

Como hombre apasionado, dueño de una prosa magistral, describió la ocasión:

“En casa del ʻVillaclareñoʼ, un campesino de La Plata, están reunidos los hombres de la Revolución. Un grupo de compañeros dan los toques finales a la ley, mientras por ventanas y puertas asomaban muchas cabezas que trataban de oír lo que allí se hablaba”.

El Comandante en Jefe Fidel Castro firma la Ley de Reforma Agraria en la Comandancia de La Plata. /Foto: Sitio Fidel soldado de las ideas (Archivo)
El Comandante en Jefe Fidel Castro firma la Ley de Reforma Agraria en la Comandancia de La Plata. /Foto: Sitio Fidel soldado de las ideas (Archivo)

Alrededor de la mesa se sentaron Fidel, algunos dirigentes del nuevo gobierno y colaboradores en la redacción del documento; los demás estaban de pie, apretados, llenando la habitación. Unos hacían apuntes otros, observaciones.

Oltuski aseguró en un relato que escribió sobre ese suceso, que “Fidel lucía feliz. Hablaba, sonreía, se ponía serio. Su voz es música que nos envuelve, nos sacude, nos acaricia, se esparce por el aire y se funde en la tierra”.

Afuera había cientos de serranos, los mismos que compartieron con los rebeldes las penalidades de la guerra; hablaban entre sí, seguramente sobre sus expectativas respecto a la ley. “En sus ojos brillaban la esperanza y la fe”, aunque no comprendieran las palabras nuevas que decían de adentro. La expresión de sus rostros fue cambiando en la medida que el ministro les explicaba los detalles de la ley.

Erradicar la miseria del campo

En la radiografía de los grandes problemas de la neocolonia, realizada por Fidel en La Historia me Absolverá, están los antecedentes de la Primera Ley de Reforma Agraria, pues reconoció las condiciones infrahumanas en que vivían los campesinos: sin derecho a la tierra, la educación, la salud pública, con viviendas precarias y desempleados. Cinco de los seis principales males de la época.

Campesino muestra el título de propiedad de la tierra. /Foto: Granma (Archivo)
Campesino muestra el título de propiedad de la tierra. /Foto: Granma (Archivo)

Los hombres del campo que trabajaban, lo hacían en las tierras de colonos y terratenientes, como arrendatarios y aparceros, dividiendo el fruto de su sudor a como se les ocurría a los dueños. La mitad de las mejores tierras cultivables estaban en manos extranjeras.

La Reforma Agraria tuvo prioridad a la hora de dictar las leyes revolucionarias, además de los propósitos enunciados, porque también había necesidad de organizar cooperativas agrícolas para socializar la tierra, los recursos y los insumos disponibles.

A partir de entonces, 300 mil caballerías fueron expropiadas a latifundistas y terratenientes; el 45,8 por ciento del área agrícola de Cuba pasó a manos de los campesinos, y el 54,2 por ciento se gestionaba en la propiedad socialista; la Revolución entregó más de 100 mil títulos de propiedad de la tierra a quienes la trabajaban honradamente, y benefició a las de 200 mil familias cubanas.

Ese proceso de expropiación revolucionaria significó una profunda conmoción social. Y no habría podido llevarse a la práctica si la Revolución no hubiera contado con el apoyo de los campesinos”, consideraba el doctor Carlos Rafael Rodríguez.

Hemos iniciado el camino de la prosperidad y la felicidad. Sólo con la Revolución se hizo realidad el sueño de libertad, de tierra y justicia de los campesinos”, vaticinó José (Pepe) Ramírez Cruz, líder agrario devenido presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños.

Desde su raíz, esa ley primera no concibió convertir al proletariado agrícola en campesino, “que habría sido un paso atrás”, el decir de Pepe, sino que propiciaría la diversificación de los cultivos y productos para proveer a la industria nacional, a la exportación como fuente de divisas y elevar, a la vez, el consumo y el nivel de vida de la población.

La Reforma Agraria, 60 años después

Sistema de regadío de arroz, en la Finca La Chafarina, del campesino Luís Morejón, en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Jesús Sardiñas, municipio Aguada de Pasajeros, Cienfuegos. /Foto: Modesto Gutiérrez (ACN/Archivo)
Sistema de regadío de arroz, en la Finca La Chafarina, del campesino Luís Morejón, en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Jesús Sardiñas, municipio Aguada de Pasajeros, Cienfuegos. /Foto: Modesto Gutiérrez (ACN/Archivo)

Recientemente he visto brillar los ojos de dos ancianos que, antes del 17 de mayo de 1959, eran aparceros y trabajaban junto a sus padres las tierras de los propietarios. “La Reforma Agraria nos cambió completamente la vida, nuestros padres obtuvieron los títulos de propiedad y luego nosotros heredamos esos suelos”.

Fue la liberación del campesinado cubano”, afirmó Celedonio Barroso, de la cooperativa de créditos y servicios Niceto Pérez, de Güira de Melena, y enumeró algunas de las primeras acciones que mejoraron sus condiciones. “Antes nos era muy difícil cobrar 100 pesos, pero después podíamos llegar a 2 mil e hicimos nuestras casas, y empezamos a construir la familia”.

Las reformas sociales y económicas tuvieron continuidad en la creación de las cooperativas de créditos y servicios y las granjas del pueblo, que socializaron la producción en una primera etapa, y tramitaron créditos bancarios para adquirir insumos y maquinaria; luego el movimiento cooperativo la elevó a estadios superiores, al unificar las tierras y los medios de trabajo con un fin común.

Fue un proceso hermoso; juntamos lo que teníamos, y el campo reverdeció. Nacieron las comunidades, un pueblo pequeño, donde se levantaron escuelas, postas médicas, mercados y oficinas. Pegamos a sembrar y a cosechar juntos, a multiplicar los ingresos. La vida cambió para cada uno de nosotros, quienes ya teníamos descendientes que nos seguían en estas labores”, dijo José Antonio Gálvez, un mulato que con 88 años cuida los sembrados y una turbina en la CPA Niceto Pérez, a la cual, como otros 16 campesinos, aportó su tierra.

Luego, la montaña bajó al llano, porque mucho estaba ya avanzado, y se crearon en 1993 las Unidades Básicas de Producción Cooperativa (UBPC), que pueden considerarse continuidad de aquella Primera Ley de Reforma Agraria, en su afán por perfeccionar la estructura agropecuaria y dignificar la vida de las mujeres y hombres.

Mayor cantidad de tierra, con productores capacitados, tecnología moderna, la aplicación de la ciencia y la innovación complementan la sostenibilidad del campo y los campesinos, quienes viven grandes transformaciones económicas y sociales, en el llano y en la montaña. Construyendo un futuro juntos. (Texto: Ana Margarita González)

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