La paleta de colores de la economía

A cada sociedad le corresponde una forma de preparar a las personas para cumplir sus destinos dentro de ella, en un determinado momento histórico. Es por eso que los términos relacionados con la economía y los neologismos que surgen afines con las actividades económicas, debemos apropiarnos de ellos y adaptarlos a nuestro proyecto social. Estos términos económicos “de todos los colores y formas” que se han inventado en otras latitudes, deben ser estudiados para revertirlos en el diseño de nuestras estrategias de desarrollo, a cada nivel. Según Javier Bezos, especialista en ortografía de la Fundación del Español Urgente: “Las palabras las vamos creando los hablantes, de modo espontáneo, simplemente para expresar un concepto. Y si no tenemos la palabra, intentamos explicarlo o la inventamos”.

Me imagino que eso fue lo que sucedió cuando un griego, que se encontraba contando sus recursos humanos, materiales y financieros en la Antigua Grecia, trataba de explicarle a otro: ¿por qué no podía atenderlo en ese momento? El griego, que no sabía cómo hacerlo, entonces debió decirle: “estoy tratando de administrar la casa”. Hay que tener en cuenta que, en esa época, la casa del griego incluía esclavos, tierras, el inmueble y todo lo que había dentro, incluyendo a la mujer. Para la mayoría, la palabra economía proviene de la conjugación de los vocablos griegos: oikos, que significa casa y nemiens, que significa administrar y al conjugarlas significaría administrar la casa.

Entonces, la economía se convierte en ciencia social y por la complejidad de las “casas a administrar”, afloran la economía agraria, de la salud, de la educación, de la información, etc. Cada una de dichas disciplinas cuentan con un batallón de académicos y personas dedicadas seriamente a cultivar ese trabajo, las cuales han acumulado un caudal de conocimientos, especializándose en sus sectores.

En los últimos 30 años, para hacer más comprensible esta ciencia, nos hemos enfrentado a nuevas expresiones afines con los principales problemas que afectan a la humanidad; ya sea lo relacionado con el medio ambiente y el cambio climático, la pobreza, la desigualdad social o la corrupción, por solo citar algunos ejemplos. Aparecen entonces la economía verde, azul, naranja, amarilla, roja, negra y gris. Pareciera que hemos llegado a la época de la “paleta de colores en la economía” o al “arcoíris económico”. Asimismo, los científicos tratan de agrupar dichas actividades acudiendo también a figuras geométricas u otras designaciones. Se crean a la sazón otras como economía del conocimiento, economía social y solidaria, economía circular, economía de conglomerados, economía sumergida; etc. También aparecen términos similares a los de la criminalística como: la huella de carbono, huella ecológica o huella hídrica. A las últimas, de igual forma, las han pintado de diferentes colores: huella hídrica verde o azul o gris.

A algunos pudiera parecernos algo superficial, sabiendo que en no pocos casos sus autores lo que buscaban era vender libros, conferencias o videos, apoyados en estrategias de mercadotecnia. Esto es cierto, pero, debemos tener en cuenta que se ha reconocido que los colores sirven para agrupar conceptos y jerarquizar las ideas en nuestros cerebros, lo que por supuesto, facilita la mejor comprensión de estos. Por otra parte, es innegable que dichos neologismos también tienen una indiscutible sapiencia acumulada de la que pudiéramos apropiarnos para su implementación en nuestro entorno. No por gusto se han convertido a su vez en la terminología que las autoridades internacionales utilizan para describir la gestión del desarrollo de naciones y territorios, a la vez que los gobiernos las incorporan a sus legajos y políticas públicas.

Para comenzar pudiéramos mencionar a la vedette del espectáculo y que se ha robado el show: ¡la economía verde! Por los nobles propósitos de este tipo de actividad económica, pudiéramos decir: Verde que te quiero verde/ verde viento, verdes ramas, parafraseando al poeta de Granada, Federico García Lorca, en medio de la peor crisis medioambiental que sufre el planeta. Es que estas actividades apuestan por el uso de la energía renovable o justamente verde, la bioconstrucción, la movilidad sostenible, la gestión de recursos hídricos, de los residuos y de los recursos del suelo. Lo reafirma la definición del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA) al precisar que es “la que resulta en un mejor bienestar humano y equidad social, reduciendo significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas”. Estrechamente relacionada con ella está la economía azul, que la Unión Europea la define como: la que está asociada a las actividades económicas que reconocen la importancia de los mares y los océanos como motores de las economías.

Otro color popular de “la paleta” es la economía naranja o también denominada economía creativa. El color es atractivo y sugerente; ¡pero ojo¡ no podemos engullirla como nos comemos ese delicioso cítrico. Sus Industrias Culturales y Creativas (ICC) y las Ciudades Creativas, reconocidas por la Unesco, requieren de nuestra atención por su impacto social y en la creación de riquezas, recordando siempre el ideario de nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro referente a que “la cultura es lo primero que hay que salvar” y que esta “es espada y escudo de la nación cubana”.

Si de colores y gastos se trata, ¿cuál mejor que la economía roja o economía purpura? Esta nada tiene que ver con la inocencia de la Caperucita. Es más, pudiéramos considerarla el lobo disfrazado de Caperucita o la opuesta a la economía verde. Las actividades económicas que optan por este color, apuestan por el consumismo que ha provocado la acelerada contaminación del planeta y causante hoy de la posible extinción de la especie humana, como alertó el Comandante en Jefe Fidel Castro en la Cumbre de la Tierra en el año 1992, en ella prevalece el gasto de bienes sin pensar en sus consecuencias y por el simple hecho de consumir.

Mucho menos mencionada es la economía gris, relacionada precisamente con la más conocida economía informal o la economía negra, concerniente a la economía sumergida y que incluye a la informal y la ilegal; o la economía amarilla, relacionada con la tecnificación de los procesos productivos mediante la ciencia y la tecnología.

En Cienfuegos, aunque estos términos ya se utilizan en artículos de economistas y en políticas públicas que se implementan, como los relacionados con la economía verde o la economía naranja, no caben dudas de que no pueden ser un simple esnobismo o una moda en el uso de los términos. Se requiere, por tanto, profundizar en sus herramientas mediante la gestión del conocimiento, no solo por especialistas y autoridades locales, sino que debe ser para uso de la población. Además, se requerirá del diseño de indicadores para lograr el oportuno monitoreo y evaluación de sus impactos en el desarrollo de los municipios.

 

*Miembro Distinguido de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

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Andrés Martínez Ravelo

Ingeniero civil. Miembro distinguido de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

4 Comentarios en “La paleta de colores de la economía

  • el 12 noviembre, 2021 a las 7:29 pm
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    Muchas gracias mi hermano por tus criterios.
    Recuerde que en mis criterios tambien están tus enseñanzas.

    Respuesta
  • el 5 noviembre, 2021 a las 8:57 pm
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    hace falta muchos artículos como este, que ayuden a dar luz a muchos lectores acerca de la economía cubana y mundial.

    Respuesta
    • el 12 noviembre, 2021 a las 7:30 pm
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      Muchas gracias Profesor.
      Un abrazo.

      Respuesta
  • el 1 noviembre, 2021 a las 4:34 pm
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    Un artículo que ayuda a ampliar la cultura económica de la población y su léxico, por tanto es útil y necesario para la cultura general e integral de nuestra sociedad.

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