La noche que Mick Jagger no enseñó su lengua

Recientemente los medios de difusión se asombraban de lo ocurrido en un pub norteamericano. Con sus 78 años a cuestas, el de la lengua más famosa de la historia, pidió una cerveza y se sentó solitario en la barra de una taberna de fanáticos de su icónica banda. Mick Jagger, el emblemático cantante de The Rolling Stone llegó a un pub de la ciudad norteamericana de Charlotte y no lo reconoció ni el cantinero. Nadie le dijo: ¡Hi, Mick! Nadie vino a pedirle un selfie desde un celular. ¡Mucho menos un autógrafo! Simplemente: ninguno de los comensales supo que él estuvo allí. De nada sirvió que todos los asistentes esperaran un concierto de su banda en la ciudad, como parte de su gira por los Estados Unidos y que celebraran el acontecimiento por anticipado escuchando su música en aquel establecimiento.

El que no pudo obtener ninguna “satisfacción” (I Can’t Get No Satisfaction) cuando viajaba en su coche mientras escuchaba información inútil en la radio; esa noche tomaba solitario una cerveza a pocos metros de sus fanáticos y no disfrutó la satisfacción de un saludo. Entretanto, su lengua degustaba la cerveza. Una “sin hueso” que ya cumplió 50 años de reconocimiento por un logotipo que ha trascendido a The Rolling Stone y se considera que es el más importante símbolo de la historia del rock y el que mejor ha soportado el paso del tiempo. Su autor, el británico John Pashe, creó el mítico logo en 1970 cuando con apenas 25 años, era un estudiante del Royal College of Art de Londres; aunque dice que se inspiró en la diosa hindú Kali y no en la boca de Jagger. Por la obra le pagaron solo 50 libras esterlinas, no obstante, el logotipo acompaña hoy a camisetas que se venden en el número nueve de Canarby Street en Londres a 25,00 libras o en mascarillas sanitarias negras con su lengua roja a 15,00 libras esterlinas. ¡Negocio redondo y satisfaction para los vendedores!

Esa noche se tomaba una cerveza y su lengua pasaba también de incógnito. Mientras tanto, los asistentes escuchaban su música de fondo o hacían algún comentario sobre sus excentricidades. ¿Será que el Mick Jagger arrugado que todavía mueve la cintura, mientras mantiene su magnetismo y su energía arrolladora sobre el escenario nada tenía que ver el que se había sentado solitario en la barra del pub?

Puede que el veterano rockero halla sentido la satisfacción de pasar de forma subrepticia y que su viaje de incógnito le pareciera como un oasis. El músico, con sus 500 millones de dólares de fortuna personal, dice disfrutar la creación de canciones encerrado en un cuarto con otros músicos, y también comentó que disfrutó su cerveza solitaria aquella noche. Con sus excentricidades a cuesta, el viejo Micky expresa que no disfruta revivir emociones, revivir amistades o altibajos de su carrera; pero “los que lo han conocido alternan halagos a su talento y reproches sobre su personalidad cambiante, su irremediable seducción y su visión del rock and roll como negocio”, comenta El País. Atrás quedó la rebeldía de Gimme Shelter y el juramento de no usar jamás smoking ni lazos de pajarilla. Ahora sigue moviendo las caderas de abuelo como un adolecente; sin embargo, en el Reino Unido, él y su banda, ya son parte del establishment.

Al otro día del “suceso”, el dueño del pub supo de su visita a la cantina porque el cantante publicó una foto en solitario, degustando su cerveza y su soledad. Uno de los dueños confirmó su visita y aseguró que reprochó al camarero que trabajó esa noche, por no haber reconocido tampoco a la estrella. Algunos nos preguntamos: ¿por qué no sacó la lengua?

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Andrés Martínez Ravelo

Ingeniero civil. Miembro distinguido de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

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