La muerte acecha sobre el ring mientras los bolsillos engordan

El «triunfo» reciente de boxeadores profesionales cubanos y el dinero que amasan resultan noticias; pero no se habla que cada noche en todas las latitudes del planeta, jóvenes pugilistas pagan con la muerte y con las lesiones, el precio por la gloria, aunque después nos la cuenten como un acto heroico y la vida continúe su curso normal.

Del fenómeno no escapa el boxeo amateur; pero las cifras más alarmantes de muertes las acumulan los púgiles profesionales, no solo por estar expuestos mayor tiempo sobre el ring a los golpes del contrario, sino que además son víctimas de los mercaderes de la muerte. Uno de esos casos es el del cubano Bernardo «Benny el Kid Paret», nombre entre los más de mil que enlutaron el boxeo profesional en el siglo XX y que para muchos es desconocido tras el paso del tiempo o porque a los «amantes del boxeo rentado» no les parece conveniente pronunciarlo. Aquel joven, nacido el 14 de marzo de 1937 en Santa Clara, había ganado su primer título el 27 de mayo de 1960 en Las Vegas y moriría dos años después con solo 25 años de edad, producto a las lesiones sufridas en la fatídica noche del 24 de marzo de 1962.

En la historia del pugilismo profesional en Cuba se señala que «El Kid Paret» fue el tercer cubano en alcanzar una corona mundial y el segundo en la división welter. El primero fue el gran Kid Chocolate (Eligio Sardinas Montalvo) con sus dos títulos de 1931 y 1932. El segundo fue Kid Gavilán (Gerardo González) en la categoría welter en 1951. El tercero resultó ser el joven boxeador villareño. Para llegar al título, Paret debió ser seleccionado el mejor sustituto de Don Jordan, boxeador estadounidense que era el dueño del cetro en la división welter y para la fecha se encontraba en el declive de su carrera, castigado no solo por los golpes sobre el ring, sino por el alcohol, las drogas, las fiestas y las mujeres. Para entonces ya Jordan no era útil y se buscaba su relevo por los mercaderes de la muerte sobre el cuadrilátero. Pero en 1958, se buscaba su sustituto y el joven Bernardo resulto el seleccionado: inculto, fácil de manejar y aunque no era buen boxeador, podía ocupar el puesto. El 16 de enero de ese año firma con sus huellas digitales, dada su condición de analfabeto, su contrato con el maneger Eugenio López en la Habana al que sigue a los Estados Unidos después del triunfo de la Revolución. Allá, Eugenio lo abandona y cae en las manos de otro traficante del dolor, el maneger Manuel Alfaro. Para nadie es un secreto que Bernardo no es Kid Chocolate y desconoce el arte de dar y que no te den. Corajudo y fogoso, se expone a castigos innecesarios. Ya Paret es otra mercancía y los maneger lo convierten en campeón. Luego de celebrar siete enfrentamientos de poca importancia, se enfrenta al fantasma de Don Jordan por el título, el 27 de mayo de 1960, pelea que gana conquistando la faja con solo 23 años de edad. Después de perder el título, Jordan estuvo implicado en peleas de resultados dudosos que implicaron que la Comisión Atlética del Estado de California lo suspendiera indefinidamente y en 1961 el mafioso Frankie Carbo, conocido como el ¨zar del boxeo¨, fue declarado culpable de extorsión y conspiración con respecto a Jordan.

Posteriormente el joven villareño expuso su faja ante el estadounidense Emile Griffith el 1 de abril de 1961 y éste lo destronó al noquearlo en el decimotercer round. Después tuvo lugar la revancha entre ambos el 30 de septiembre del mismo año y Paret recuperó la faja en un cerrado triunfo en 15 asaltos. Se convertía en el segundo bicampeón mundial cubano, pero en el pugilismo profesional, el atleta es mercancía y debe incrementar las ganancias de los dueños, quienes adoptan decisiones que para muchos perjudicaron a Paret, con la anuencia de su maneger Manuel Alfaro. Aunque se empeñen en convencernos de que las bromas homofóbicas que utilizó el cubano en el momento del pesaje en aquella trágica noche, fueron las que le costaron la vida, las decisiones tuvieron el mayor efecto.

La primera decisión «errada» fue permitir que el 9 de diciembre de 1961, el Kid Paret enfrentara en los pesos medianos a un hombre más fuerte como Gene Fullmer. En esa pelea Paret recibió un castigo brutal, por las que padeció posteriormente al pleito de fuertes dolores de cabeza. La segunda ¨pifia¨ fue aceptar un tercer combate frente a Griffith cuando aún no estaba recuperado del nocaut sufrido ante Fullmer tres meses antes. Desde que comienza el combate, Griffith llevó la mejor parte, aunque Paret tuvo buenos momentos, incluyendo en el sexto cuando envió a su rival a la lona. Griffith logró levantarse y se recuperó para volver a controlar las acciones. La catástrofe llegó en el duodécimo asalto cuando un vengativo Griffith, alimentando su ira por las manifestaciones homofóbicas de su rival en el pesaje, llevó contra las cuerdas a Paret y le pegó entre 18 y 26 golpes consecutivos a la cabeza sin recibir respuesta, ante la indiferencia del árbitro Ruby Goldstein, que no detuvo la desigual pelea y de su propio mánager Alfaro que cometió un tercer grave «error»: no tirar la toalla. Paret fue sacado del cuadrilátero en estado de coma y trasladado al hospital Roosevelt donde permaneció inconsciente nueve días y murió el 3 de abril.

Si, Paret utilizo bromas homofóbicas que provocaron la ira de su contrincante, pero el boxeador no sólo fue víctima de los golpes de Griffith, sino de los ¨errores¨ en las decisiones de su manejador Alfaro y del árbitro Goldstein que no evitaron a tiempo la masacre.

Para algunos esto parecerá historia antigua; pero, aunque se plantea que en los últimos treinta años se han producido «mejoras significativas» en el deporte y en los equipamientos médicos; se reconoce que la tasa de lesiones en la cabeza relacionadas con el boxeo, en particular las conmociones cerebrales, sigue siendo desconocida, debido en gran parte a su variabilidad en la presentación clínica y las muertes sobre el cuadrilátero se siguen acumulando. Solo en el año 2019 tres jóvenes boxeadores murieron por lesiones sobre el ring: Patrick Day, boxeador de 27 años que falleció cuatro días después de ser noqueado durante una pelea en Chicago; Maxim Dadashev, boxeador ruso que murió en un hospital de Estados Unidos después de su pelea con Subriel Matías, de Puerto Rico y Hugo Santillán, boxeador argentino que se desmayó después de la pelea con el campeón uruguayo Eduardo Abreu cuando los jueces estaban anunciando el resultado, que fue un empate. El argentino fue llevado al hospital de San Felipe, donde fue ingresado con una insuficiencia renal sucesiva y falleció. El cerebro de Santillán estaba hinchado, lo que afectó el resto de sus órganos, y nunca recuperó la conciencia. Se sometió a una cirugía por un coágulo en su cerebro y entró en insuficiencia cardiorrespiratoria dos veces antes de morir de un paro cardíaco.

Nuevos púgiles y sustitutos para títulos como Bernardo «Benny el Kid» Paret se lanzan a buscar la gloria en el deporte rentado, aunque las lesiones y la muerte los acechan sobre el ring, aupadas por las apuestas y las extorsiones camufladas de las mafias. Después de cada noche de negocios, las tragedias pasan a ser otro triste episodio en la historia del pugilismo profesional y la vida de los dueños del espectáculo continua sin sufrir un rasguño.

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Andrés Martínez Ravelo

Ingeniero civil. Miembro distinguido de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

4 Comentarios en “La muerte acecha sobre el ring mientras los bolsillos engordan

  • el 27 agosto, 2021 a las 1:25 pm
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    Excelente artículo. Con un lenguaje sencillo y directo. Es lamentable que algunos deportistas cubanos, formados en nuestra escuela cubana de boxeo, opten por el deporte que no protege a sus atletas. Creo que de esto se debe seguir hablando por los narradores deportivos, como mismo hacia Eddy Martin. Aquí tambien nos están haciendo la guerra cultural. Un abrazo y un saludo a los compañeros del periodico de nuestra Perla.

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  • el 25 agosto, 2021 a las 1:30 pm
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    Es muy triste que mientras unos dan el espectáculo y se llevan unos pocos billetes, otros engordan sus bolsillos mientras la maquinaria continua a la caza de talentos.

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  • el 24 agosto, 2021 a las 9:43 pm
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    El artículo La muerte asecha sobre el ring mientras los bolsillos engordan aborda de forma breve y muy profunda una realidad que solo los mercaderes del deporte no quieren ver porque se afectarian sus intereses. Es un buen estudio del articulista a quien felicito y animo a seguir escribiendo pues sus artículos reflejan madurez ideológica y dedicación al la defensa de nuestros principios.

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    • el 25 agosto, 2021 a las 2:25 pm
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      Muchas gracias mi hermano. Un abrazo.

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