La marcha era solo el pretexto, el objetivo real, una invasión militar

En varios puntos de Cuba, un grupo de esos que se venden al mejor postor, hicieron solicitudes a los gobiernos locales para realizar una «marcha pacífica». Para tal pretensión, enarbolaron la Constitución de la República. Por supuesto, muy a su conveniencia y de manera parcial, mencionaron algunos artículos de la Carta Magna, la misma que deja claro que el socialismo es irreversible en esta tierra mambí y rebelde.

La Ley de leyes es el documento supremo de un país; por tanto, no debe tomarse a la ligera ni mucho menos esgrimirse con fines espurios.

La respuesta del gobierno revolucionario no se hizo esperar.  Argumentos contundentes se han expuesto para dejar muy claro que nada ni nadie se interpondrá en el propósito de lograr un mejor país, en lo económico y lo social. Ejemplos de que en ese camino andamos, existen por doquier. Aquí en Cienfuegos, tanto en las industrias como en las comunidades se ponen manos y corazón a la obra grande de la Revolución.

Pero, ¿qué hay detrás de la tan llevada y traída marcha, con calificativo de “pacífica”?

De inocencia no hay nada aquí. Se pretende sea el detonante de un estallido social que «saque del paso» al país y, por obra y gracia no de un milagro, sino de una malsana intención coordinada desde el exterior, seamos intervenidos militarmente.

Si eso llegara a suceder no hay ni siquiera que esforzarse para saber los resultados: bombardeos, ciudades arrasadas, epidemias, muerte sistemática, años de resistencia como parte de la guerra de todo el pueblo concebida por Fidel y seguida por las FAR. Aunque a la larga el ejército invasor saldría de aquí derrotado y con la misma humillación que en Viet Nam, el precio de la victoria sería largo y acarrearía la pérdida de muchos cubanos; incluso, no pocos de ellos familiares (revolucionarios) de quienes ahora convocan al estallido social.

Nos subestiman quienes olvidan su cuna e historia y pretenden entregar la Patria a una potencia extranjera, a esa que nos asedia desde hace tantos años y luego de enero de 1959, jamás nos ha podido doblegar aún con sus medidas coercitivas: el bloqueo, los sabotajes terroristas, la asfixia total en todos los frentes.

Como apunta el título de este comentario, la marcha es solo el pretexto de un objetivo abyecto: la invasión militar a Cuba que piden cada día en Miami los cabecillas políticos y mediáticos de la extrema derecha, más imperialistas que la propia Casa Blanca.

Ni ellos ni sus seguidores admiten que Cuba dedique sus mejores esfuerzos a avanzar.

¡Nada de reanimar la vida social y los  sectores de la economía! dicen quienes apuestan por la desestabilización, mientras montan su show para desviarnos de la dirección principal ahora, de una Cuba que empieza a levantar cabeza nuevamente, cuando sus habitantes comienzan a reactivar proyectos, negocios, empeños…; se abren las universidades, instituciones y, en fin, la vida se apresta a retornar a la deseada normalidad.

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Tay Beatriz Toscano Jerez

Periodista.

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