La mandarina mecánica por piezas

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Cada cierto tiempo, aquellos que leemos, nos prometemos (y no cumplimos) dejar de perder horas en libros insulsos, y solo degustar las páginas de los clásicos, los premios o de algún autor que ya nos ha probado su valía literaria. A falta de mejores sitios donde encontrarnos con la palabra y poder comprarla, terminamos acudiendo a las librerías diseminadas por la ciudad, en la última encontré La mandarina mecánica de la camagüeyana Legna Rodríguez Iglesias, y sentí un sabor amargo. Solo escudriñé la portada, el naranja rebosante, el sello de Reina del Mar, el 2013 que, por razones de presupuesto se convirtió en un 2014 casi 2015 (fatalidad que seguirán padeciendo los volúmenes venideros de esta editorial cienfueguera). Y entonces vi el nombre de la autora y supe que existen escritores que siempre nos predispondrán y no podremos hacer nada para evitarlo o intentar ser imparciales cuando reseñemos una obra literaria. De antemano, este es un texto parcial, quien no desee leerlo ya está advertido y les diré un secreto tan viejo como el arte de escribir: todos los críticos son parciales, es imposible no serlo, porque la subjetividad nos tiene atados de pies y manos.

Quizás el sello más distintivo y “premiable” de una escritora tan premiada como Legna, sea su flagrante originalidad. Ese rasgo suyo no es discutible porque cada cuartilla está plagada de esa manera tan demente y única que tiene para narrar. De ahí que jurados diversos supongan que sus textos dicen algo, un algo que va más allá de la literatura cubana contemporánea, a veces manida, a veces insípida, a veces destacable, a veces ilegible, a veces buena; y esas dislocadas interpretaciones terminan atribuyendo a Legna el premio Calendario, el Cortázar, el Eliseo Diego, el Alcorta, el Casa…Un jurado se enfrenta siempre a varias disyuntivas, las que van desde lo personal hasta lo profesional, y entonces, como toque de campana, aparece Legna con sus extrañezas y le hacen creer que estar loco es signo de buena escritura.

Mi primer encuentro con su prosa lo experimenté con “Hasta Feldafing no paro”, Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar en 2011, y al leerlo me decepcioné, aún más, de un certamen que posee, en ocasiones, excelentes relatos en la categoría de mención, y pésimos e insalubres en el apartado del ganador.

Volviendo a La mandarina…el primer vistazo de modo instintivo nos empuja a pensar en ribetes infantiles, pero la contraportada nos alerta: “Estos son cuentos para niños. Si se quiere, para los niños que quedan en cada uno de nosotros. Niños que exploraron un poco más que los otros en ciertas realidades, niños de nadie, quizás niños raros. Es un libro lleno de refranes que la autora, una niña pájara pinta «siempre sentada en su verde tapón», ha rehecho para que aprendamos que hay muchas maneras de hacer historias…”

 

MEJUNJE DE MANDARINA

Lo primero: los niños no se llaman niños, ahora son fiñes, que según Legna es más efectivo.

Segundo: Ella ya no es fiñe pero aún se comporta como tal y podemos llamarla a cualquier número porque son infinitos. Si no les gusta el libro pueden quejarse, ya saben a qué número.

Tercero: Stanley Kubrick también fue fiñe y La naranja mecánica no tiene nada que ver con esta historia.

Hasta aquí las dudas se disipan un poco: esto, va estar al menos cómico. Obviemos si está bien escrito, si nos gustará o si algún padre lo comprará para sus fiñes (no es un libro para niños, eso va quedando claro).

Tampoco vamos a aburrirnos con un montón de palabras, el sinsentido tiene límites y cabe en una página. Todas las narraciones son bastante cortas, aunque las interpretaciones que podemos hacer de ellas nos hablan un poco más que de mandarinas podridas, gusanos y pájaras pintas. Como este es un libro sobre fiñes, no se excluyen las figuras materna y paterna ridiculizadas a lo largo de las historias, unas por severos e ignorantes y otras por inverosímiles. Con padres como estos será imposible que los infantes tengan comportamientos “normales”.

Legna inserta y reescribe refranes populares, todos vinculados a los personajes centrales del libro, los que también condimentan este mejunje donde las mandarinas tienen un fuerte protagonismo, no importa que estén en descomposición.

Aquí los fiñes hasta trafican besos, y la escritora trafica con hechos poco creíbles, pero que leídos desde una posición ajena al lector promedio y común, bien pueden metamorfosearse en verdades diarias.

No digo más…Al final, la decisión de engullir las páginas de esta obra es personal. Yo, creo que me guardaré el marcador (casi ningún libro lo trae), que está muy bueno.

Legna Rodríguez Iglesias (Camagüey, 1984). Narradora y poeta cubana. Miembro de la Uneac y de la AHS. Ha recibido los premios Wolsan Cubapoesía 2013, Calendario de poesía 2012 y de narrativa 2008, Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar 2011, entre otros. Algunos de sus libros son:¿Qué te sucede, belleza? (cuento), Editorial Sed de Belleza, 2012; Ne Me Quitte Pas (cuento), Editorial Abril, 2010; Los Mágicos (literatura infantil), Editorial Cauce, 2008; Ciudad de pobres corazones (poesía), Editorial Ácana, 2008; El Mundo de Laura (literatura infantil ), Ediciones Ávila, 2007.

 

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