La Iglesia cubana seguirá fundando junto al pueblo

Un diálogo, abierto y sincero, sostuvo el primer secretario del Comité Central del Partido Comunista, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, con miembros del Consejo de Iglesias de Cuba y líderes ecuménicos. El intercambio se convirtió en espacio para el agradecimiento, el homenaje, la fe, el compromiso, la participación, el aprendizaje, la reflexión y la esperanza.

Con ellos también Cuba seguirá fundando. Y así como lo hará Cuba, “la Iglesia cubana también seguirá fundando junto a nuestro pueblo”, una certeza no solo expresada por Joel Ortega Dopico, secretario ejecutivo del Consejo de Iglesias de Cuba, sino que de muchas maneras marcó las esencias de más de una docena de intervenciones que matizaron el debate.

A hacer y fundar juntos los convocó el presidente de la República. Fueron poco más de tres horas en las que se le vio escuchar atentamente cada palabra; tomar una y otra vez notas en su agenda; asentir; explicar dudas; indagar sobre proyectos comunitarios realmente aportadores en los barrios; abrir caminos para solucionar trabas que impiden un mejor desempeño…

Todavía podemos perfeccionar y ampliar más la armonía, construyendo constantemente mucha confianza y la posibilidad de hablar, de discutir, de debatir, aunque no siempre coincidamos en lo mismo, reflexionó el jefe de Estado.

Desde el convencimiento de que juntos es posible crear y hacer más, agradeció a todos el haber dedicado tiempo para asistir al encuentro y expresar con sinceridad “lo que sienten”. Es tremenda ―dijo― su disposición para participar en la construcción de nuestra sociedad “desde toda la experiencia que tienen y desde todos los aportes que hacen”.

“Vamos a buscar los espacios en que ustedes puedan aportar y participar, para que estén con nosotros en ellos y también para que nos enseñen, porque ustedes tienen muchas cosas que enseñar, que han sido práctica ya desarrollada en todos estos años”, les ratificó.

Como parte del diálogo, necesario y aportador, el presidente agradeció las oraciones que, le dijeron los presentes, hacen por él y su equipo de gobierno. Detalladamente compartió con ellos elementos significativos de la actual situación del país y sobre los últimos acontecimientos sucedidos.

Foto: Estudios Revolución.

Una situación que definió de extremadamente compleja, y a sus vez retadora; en los desafíos también hay un encanto, —puntualizó— y una manera de ver la vida para buscar capacidad de respuesta, de ánimo, de aliento, y de ir a un mejor momento, confió.

Para eso —acotó— tenemos que seguir multiplicando todo lo que sea eficiente y aportador, lo que nos de armonía, utilidad y belleza, desechando lo que sea ineficiente, lo que traba, lo que sea burocrático, lo que sea corrupto.

Necesitamos reforzar la atención en los barrios, y ahí contamos con ustedes. Sabemos de proyectos que han desarrollado, del concepto que han trabajado de educación popular, y aspiramos a poder ir multiplicando sus experiencias y enriquecer todo cuanto hagamos con su participación, enfatizó.

En el encuentro, que es el primero de otros que se desarrollarán con directivos de instituciones religiosas y asociaciones fraternales, como parte de un vínculo permanente con ellos que la dirección del país ha sostenido durante estos años, el jefe de Estado reconoció el legado histórico de quienes le antecedieron, cuyo camino “queremos continuar”.

Agradeció la condena que hacen al bloqueo en diversos escenarios y cómo han defendido la posición de Cuba ante sus iglesias homólogas en el mundo. Creo que hay una coincidencia entre lo que ustedes nos han planteado y lo que queremos hacer, aseveró.

Largo rato les habló además sobre la epidemia provocada por la COVID-19 y cómo el país se ha enfrentado a ella por casi 17 meses. El concepto primero, aseguró, “ha sido siempre salvar la vida de la gente, con lo que fuera…”

De retos, proyectos futuros, carencias, cambios de rutinas, solidaridad y disposición en el hacer, se discutió profundamente en la jornada. Desde el respeto a la creencia individual y el diálogo nacieron ideas muy útiles y más de uno salió de allí con “tareas asignadas”.

SERVIR, PARTICIPAR, HACER…

Servir al pueblo y participar activamente en la vida de la sociedad y de la patria han marcado el rumbo del Consejo de Iglesias de Cuba, en sus 80 años de fundado, se le escuchó decir con orgullo y firmeza a Joel Ortega Dopico, su secretario ejecutivo.

“A lo largo de estos años de Revolución y en toda la historia de Cuba, el Consejo y sus predecesores han participado activamente en la vida de nuestra sociedad y de nuestra patria”, evocó. Luego, enumeró algunos de los muchos escenarios en lo que también han dejado su huella: las luchas clandestinas en la Sierra; la campaña de alfabetización; las acciones por el regreso de Elián y los Cinco; las batallas en contra del bloqueo….

Con la emoción latente por el simbólico y trascendental intercambio, habló a Díaz-Canel con la franqueza de quien se sabe “tenido en cuenta”, y le confió su expectativa de que la jornada de este 6 de agosto marque un antes y un después en la estrategia del movimiento ecuménico cubano con el liderazgo de nuestra Revolución.

Tenemos —dijo— que ir al nivel de Frank País, al nivel de Faustino Pérez, de aquellos compañeros que dieron su vida, y aquí estamos nosotros ahora, para reafirmar que somos también continuidad de su obra.

Con la certeza de que son muchos los temas aún por tratar para verdaderamente lograr la transformación que la nación demanda, el secretario ejecutivo del Consejo de Iglesias de Cuba se refirió a la necesaria autocrítica, la rectificación pendiente, la revisión profunda de métodos y estilos de trabajo que chocan con la voluntad de servicio al pueblo, la burocracia, las trabas y la insensibilidad de algunos que tanto dañan. Son realidades, confió, a las que lamentablemente tampoco ha podido escapar la Iglesia.

¿Cómo podemos lograr que la Iglesia y la religión sean cada vez más parte de los procesos de participación de cambios que estamos viviendo? Se preguntó y a su vez lo hizo al auditórium, para poco a poco hilvanar ideas que ratificaron la importancia de “buscar caminos de diálogo para no estigmatizar posiciones. Hay grietas que tenemos que juntos y juntas sanar”.

“…es la Iglesia que queremos ser, ser una Iglesia para nuestro pueblo…”

“Hermano presidente”, le dijo luego Carlos Ham Stanard, pastor de Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba, aquí estamos, como parte de Cuba, para “reafirmar nuestra vocación de servicio, para continuar en el diálogo, en la lucha, en el trabajo, y esperamos poder continuar en este proceso de diálogo enriqueciéndonos mutuamente”.

Sin pretender presumir de sus acciones, porque solo han tenido el propósito de “ser útiles”, el también rector del Seminario Evangélico de Teología de Matanzas, contó cómo en la institución se habilitó una extensión del hospital pediátrico, donde fueron atendidos, en 47 días de servicio, 1 500 pacientes: 900 niños y 600 padres y acompañantes.

Fueron días de mucha preocupación —reconoció— pero también de defensa, de lucha por la vida, y de grandes satisfacciones al poder servir a nuestro pueblo en este frente, luchando por la vida.

De convocar y sumar para que todos se sientan parte; de entender que la sociedad hoy no se parece a la de 20 años atrás, que es diversa, compleja, y tiene multiplicidad de actores, habló Joel Suárez Rodés, coordinador ejecutivo de la Coordinación Colegiada del Centro Memorial Martin Luther King.

Pedimos que nos convoquen más, sobre todo en lo relacionado con el trabajo y las políticas sociales para la atención a la vulnerabilidad, sugirió al primer secretario del Comité Central. “Hay que crear un corredor amplio para salvar esta patria… y le toca a la dirección del Partido motivarlo…”

El diálogo no puede ser impuesto, tiene que nacer desde el territorio, desde el lugar donde la gente está haciendo, no diciendo, consideró.

Díaz-Canel habló entonces acerca de conceder participación a todos, de compenetrar, de convocar. Eso, dijo, estamos en capacidad de construirlo y seríamos muchos más aportando,  participando. Junto a él se encontraban también los miembros del Buró Político Manuel Marrero Cruz y Roberto Morales Ojeda, primer ministro y secretario de Organización y Política de Cuadros del Comité Central, respectivamente; así como Rogelio Polanco Fuentes, miembro del Secretario del Comité Central, y Caridad Diego Bello, jefa de la Oficina de Atención a los Asuntos Religiosos del Comité Central.

Foto: Estudios Revolución.

Sobre agradecimiento hablaron, en primer lugar, los 15 participantes en el encuentro que hicieron uso de la palabra, quienes consideraron un privilegio poderse “reunir con nuestras autoridades y tratar temas de interés común”.

Respecto a trabas y burocracias que impiden la entrada ágil al país de medicamentos y otros insumos necesarios para el trabajo que desarrollan en las comunidades comentaron también al mandatario cubano, quien les aseguró que muchas de esas cuestiones se resolverán de inmediato. La decisión de crear en el Gobierno una oficina para atender los asuntos relacionados con las instituciones religiosas, contribuirá en gran medida a abrir caminos y viabilizar soluciones.

Piedra angular en las intervenciones fue también la necesidad de consolidar los espacios de diálogo existentes, no solo para hablar de “cosas que nos preocupan, sino también para presentar soluciones”; que se conviertan en espacios sistemáticos, no coyunturales, en los cuales dar continuidad a los temas y ver las respuestas a los planteamientos.

Con la Iglesia tenemos el deber de trabajar por la unidad de nuestro pueblo y lo hemos hecho desde nuestros mensajes, con nuestros familiares, amigos, personas que hemos visto que están equivocadas, explicó Lydia Aguiar Batista, vicepresidenta del Consejo de Iglesias de Cuba y vicepresidenta de la Iglesia Gracia Soberana.

A abrazar, respetar y aprovechar la diversidad que define la Cuba de hoy, convocó Dora Arce Valentín, pastora y moderadora de la Iglesia Presbiteriana-Reformada. No podemos rechazar la diversidad, insistió,  tenemos que ver esa diversidad como un don, como algo que enriquece a la sociedad.

Esa es la Cuba que queremos, una Cuba donde sus familias sean diversas, que se ensamblen de la manera que pueden, que quieren, que saben, (…) porque así queremos que sea la sociedad cubana, y en ese sentido se puede contar con nosotros.

Como luz se escucharon también representantes de la juventud cristiana, “ese presente que construye el país y el mundo”. Desde sus experiencias, hablaron también de participación y el enorme reto de sentirse parte de la construcción de una Cuba mejor, en los más diversos escenarios.

“Que el sector religioso esté presente en los diálogos con la juventud, porque desde nuestra espiritualidad y nuestra fe también tenemos un aporte a esos diálogos”, solicitó al presidente cubano Dianet Martínez Valdés, secretaria del Movimiento Estudiantil Cristiano para América Latina.

Nos toca ahora alimentar esa unidad desde este país que somos y celebrar la diversidad que somos. Nos toca, como iglesia, ser mediadores, ser conciliadores, valoró Kirenia Criado Pérez, pastora de la Iglesia de Los Amigos.

“Cuba es el centro de mi vida, pero la reconciliación es el centro de mi tarea, y yo creo que hoy nos está tocando tener la reconciliación como el centro de nuestra tarea y nos ofrecemos como iglesia, por esa experiencia que hemos vivido, a ser espacio de reconciliación allí en el barrio, allí en la iglesia, allí en las comunidades más pequeñitas, para trabajar en estos espacios de reconciliación que son tan importantes.”

El íntimo momento de reflexión se volvió entonces homenaje en el que el presidente Díaz-Canel recibió una cruz de madera, una placa y una Biblia, de manos de Rhode Gonzáles y Raúl Suárez, expresidentes del Consejo de Iglesias de Cuba. Similares presentes fueron obsequiados también al resto de los miembros de la presidencia.

Foto: Estudios Revolución.

Por el 80 aniversario de su fundación fue entregado un reconocimiento al Consejo de Iglesias de Cuba, que históricamente ha mantenido una actitud de respeto, participación social y compromiso con la Revolución. Firmado por el presidente de la República, tamaño honor fue recibido por la vicepresidenta del Consejo de Iglesias de Cuba, Lydia Aguiar Batista.

En este encuentro memorable, igualmente, elresidente de la República impuso la Orden Félix Varela de Segundo Grado al pastor Raúl Suárez Ramos, pastor emérito de la Iglesia Bautista Ebenezer de Marianao, protagonista de aquel histórico encuentro con Fidel en abril de 1990.

Desde la entereza y valía de sus años, se le escuchó decir entre emociones: “Raúl Suárez no se retiró, está en pleno jubileo, que significa gozo y alegría, que es lo que nos ha dado también esta reunión y las próximas que tendremos”.

De igual manera, dicha condecoración fue concedida post mortem al Muy Reverendo Pablo Odén Marichal Rodríguez, un hombre de luz que mucho hizo por la unidad en la Cuba revolucionaria.

“Disponga y cuente con lo que tenemos, para lo que usted desee en beneficio de la nación”, había dicho poco antes Marcial Hernández Salazar, presidente de la Iglesia Evangélica Libre.

Y en beneficio de la nación toda, los presentes se unieron luego en una oración por la vida, y oraron juntos, porque de nuestra diversidad también nacen nuestras muchas fortalezas.

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