“La Edad de Oro”

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Es un libro imprescindible para los ni√Īos cubanos y latinoamericanos.¬† Comenz√≥ como una revista¬† infantil, creada por el Ap√≥stol que quer√≠a¬† formar ni√Īos y j√≥venes de ambos sexos con un desarrollo moral e intelectual que los hiciera¬† capaces de comprender y actuar en el panorama hist√≥rico de nuestra Am√©rica. A mediados de julio de 1889 escribe el primero de los cuatro n√ļmeros de la revista mensual La Edad de Oro.


Las discrepancias surgidas con el due√Īo de la editorial le impidieron a nuestro H√©roe Nacional continuar con ese empe√Īo.

Al Maestro siempre le interes√≥ “la tentativa infantil”, como la llam√≥, para contribuir a la formaci√≥n de la ni√Īez, a su espiritualidad, a ilustrarlos entreteni√©ndolos, y con esa literatura demuestra su presencia multifac√©tica, escribiendo para ni√Īos pero sin infantilismos, un hecho m√°s que dif√≠cil de alcanzar.

Para Mart√≠, la revista constitu√≠a un medio de formaci√≥n intelectual y moral para los que habitar√≠an en las tierras del Norte y del Sur de la Am√©rica. Y cuando nace esta publicaci√≥n, en julio de 1889, el pensamiento pol√≠tico del Ap√≥stol se encuentra en plena maduraci√≥n.¬† Por esa √©poca denuncia en Vindicaci√≥n de Cuba, el creciente apetito de poder y excesivo individualismo de la sociedad norteamericana. Y en la Conferencia Panamericana, tambi√©n por esa √©poca, dice Mart√≠: “De la tiran√≠a de Espa√Īa supo salvarse la Am√©rica espa√Īola, y ahora, despu√©s de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es verdad, que ha llegado para la Am√©rica espa√Īola la hora de declarar su segunda independencia”.

Ese es el contexto hist√≥rico en que nace La Edad de Oro y por eso intenta Mart√≠ preparar a los ni√Īos de Nuestra Am√©rica para lo que realmente se van a encontrar, fuera de toda intenci√≥n id√≠lica, y as√≠, la realidad es mirada desde los ni√Īos sin empobrecerla.

Los temas que enarbola son iguales a los de toda su obra: la libertad, la afirmaci√≥n de nuestra Am√©rica, la necesidad de cumplir deberes morales y sociales, y al mismo tiempo ense√Īa historia, geograf√≠a y c√≠vica con su exquisita sensibilidad art√≠stica y human√≠stica.

Pero nada de esto interesa al editor-propietario de la empresa editorial en la que publica esa revista nuestro Apóstol, y entró en contradicción con lo que escribía el Maestro, y quiso imponerle temas y enfoques religiosos que Martí no aceptó de ninguna manera, y así lo expresó:

– “Por creencia, o por miedo de comercio, quer√≠a el editor que yo hablase del ‘temor de Dios’ y que su nombre y no la tolerancia y el esp√≠ritu divino, estuvieran en mis art√≠culos e historias.”.

Así que Martí decidió no continuar escribiendo la revista, para no prostituir su pluma y su talento.¡Qué lección!

Entonces los cuatro n√ļmeros publicados, de julio a octubre de 1889, por los valores literarios, human√≠sticos, pol√≠ticos y culturales que conten√≠an, fueron convertidos en un libro, y sirvieron en su momento y posteriormente para preparar a los ni√Īos a ser generosos y esforzados como los vietnamitas; h√°biles como Me√Īique; valientes patriotas, como Bol√≠var; anti-imperialistas, como los que vencieron al monstruo de las siete leguas.

¬°Cu√°ntas generaciones de cubanos se han educado con ese libro maravilloso que todo ni√Īo cubano debe leer sin falta!

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