Kadaré y la sumisión onírica del otro

0
1534

Nacimos con alma de vendedores ambulantes. Siempre comerciamos una imagen, maquillada con años de amor propio, certezas y prejuicios. Incluso, nosotros mismos obviamos que nuestra psiquis es una madeja de capas; desconocemos entonces que bajo cada una se esconde algo más oscuro, más indescifrable. Ese “algo”, a veces, grita. Traspasa las barreras que hemos creado, para protegernos de nuestra inmensa hipocresía, y el sonido se cuela forzosamente en forma de sueño y ya nada podemos hacer. Solo levantarnos atolondrados, gritar en medio de la noche u olvidar…

Aunque suene a rueda gastada, alguien puede subyugar tu cuerpo; pero nunca tu mente. En caso de que lo hiciera, de nada servirían tus máscaras. Imaginar que lo absurdo es cada vez menos absurdo, y que un Estado cualquiera puede llegar a ese territorio onírico que por fuerza le es vedado, es una idea alucinante de Ismaíl Kadaré (28 de enero de 1936).

Prácticamente desconocido en Cuba, el escritor albanés, Premio Príncipe de Asturias en 2009 y nominado en varias ocasiones al Nobel de Literatura, traza en El Palacio de los Sueños (Tirana, 1981)el dominio de un ficticio Imperio Otomano sobre 40 naciones. Una de las herramientas de sumisión de este estado totalitario es la predicción de sucesos a través de la interpretación de los sueños de todos sus súbditos.

Con el propósito de recopilar, seleccionar, interpretar y archivar esos sueños existe una institución: el Tabir Saray, una especie de ministerio donde miles de trabajadores se encargan de escudriñar cada secreto y escoger el que será, semanalmente, el Sueño Maestro, para luego presentarlo al sultán. El elegido revelará el futuro y las formas particulares de afrontarlo.Grandes genocidios, catástrofes naturales y traiciones al Estado pueden ser predichos a través de este sistema y, por supuesto, las represalias no se harán esperar para los apóstatas.

Las visiones maniqueas abundan dentro de Palacio, quizás por eso uno de los personajes apunta que “de todos los mecanismos del Estado, el Palacio de los Sueños es el más ajeno a la voluntad de los hombres. ¿Entendéis lo que quiero decir? Es el más impersonal de todos, el más ciego, el más fatal, por tanto también el más estrictamente estatal”.

Desde los rincones más apartados de unasmil900 secciones provinciales llegan, escritos en legajos y previamente censurados, los sueños.Evidentemente, las pretensiones del Imperio al analizar cada uno evidencian el corte político de tales exhaustivas y subjetivas investigaciones, puesto que quienes lo hacen pueden falsear el resultado, a pesar de las constantes supervisiones. Se desdobla entonces el objetivo intrínseco de esta práctica: controlar el devenir de la nación y sus súbditos conun método ilógico donde la imposibilidad es el primer plato de la cena.

Todo el poder estatal parece sustentarse en el Palacio de los Sueños y lo que deriva de él. Sus pasillos y habitaciones llegan al lector a través de la mirada perdida de Mark-Alem, el protagonista de esta que el autor consideró su novela más valiente, en entrevista digital con los lectores del diario español El País en 2010, “pues se publicó en el año más negro de la literatura albanesa, en un año conocido en la historia de la dictadura albanesa por ser uno de los más terribles. Y sin embargo el libro se publicó, se vendió, y luego fue prohibido, así que desempeñó un papel colosal. Justamente por haber sido prohibido después de ser vendido, todo el mundo quiso saber por qué lo habían prohibido, y todo el mundo lo leyó con mucha más atención en busca del mensaje que disgustó al régimen. Esa novela desempeñó un papel colosal en la emancipación de la gente”.

La censura fue el bautizo de este libro, que toma como pretexto a Mark-Alem para narrar, desde lo kafkiano,la historia de toda su familia:los Qyprilli de Albania, única en poseer una epopeya propia; y sus coqueteos con el poder.

Su llegada al Tabir Saray en busca de trabajo y la facilidad con que consigue el puesto es dudosa, como si fuerzas externas incidieran en tal decisión. Los comienzos en Selección, uno de los estamentos del Palacio, no resultan halagadores. Desconfía todo el tiempo de sus capacidades para purgar sueños. ¿Qué características avalan la certeza de un sueño y cuáles evidencian un carácter ficticio? Él lo ignora. En su entrevista no existieron exámenes especiales o probatorios, nadie tanteó sus habilidades para discernir entre la verdad y la mentira, entre los sueños productos del estómago, los íntimos o los inventados para alcanzar renombre.

En poco tiempo el ascenso a Interpretación le sorprende. Él no vislumbra ninguna mejora en sus ardides como seleccionador, pero el poder y control absoluto así lo dispone. Más tarde sus expresiones físicas lo delatan cuando es ascendido a jefe del Sueño Maestro, para después asumir el puesto de primer jefe adjunto de la institución.

Mark-Alem vive preso de sus temores;se convierte en víctima. Así lo predestinó Kadaré, quien según el estudioso español José Carlos Rodrigo Breto “en El Palacio de los Sueños, siguiendo una línea que desarrollará en otras de sus novelas, busca, además, reflejar cómo el sistema consigue horadar hasta conformar la conciencia de uno de los integrantes de ese aparato despótico, que lo convierte en cierta monstruosidad burocrática, acabando por integrar y asumir el mecanismo de sojuzgación del que forma parte y que sabe, en algún momento, lo destrozará a él también”.

El daño es inminente, pues las promociones constantes del protagonista, unidas al desconcierto que lo acompaña siempre en los pasillos en penumbra,terminan por convertirlo en un ser miedoso y desconfiado, más bien obnubilado por la realidad misteriosa del Tabir Saray, y los ecos llegan hasta su familia cuando uno de sus tíos es víctima del Sueño Maestro. Pero la culpabilidad de los hechos no recae sobre el personaje principal; él solo es una pieza del entramado por donde discurrió el sueño que supone la quiebra de su tío Kurt.

El sentimiento de opresión va in crescendoa medida que avanza la trama y el hechizo del Palacio envuelve de tal modo a Mark-Alem, que escapar no es una opción cuando se ha nacido con un apellido marcado por la fatalidad.

Dejar respuesta