Juan Carlos y la poesía de sí mismo

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Juan Carlos Echeverría es un personaje y todo el mundo lo sabe, se sabe, sobre todo, en el universo de las Artes Plásticas, en Cienfuegos y más allá. No lleva una estética acorde al hombre cincuentón ni usa zapatos finos cuando inaugura sus exposiciones. Su vestir más bien resulta una prolongación del alma, una muestra de la manera desenfadada con la cual asume la vida y los retos.

Juan Carlos, como todo buen personaje, ha tatuado su cuerpo con las emociones y las palabras que quiere llevarse el día de su muerte y ha decidido tener piercing, collar de semillas y pulsos que adornan las manos con que pinta de día o de noche. De esa sinceridad consigo mismo, con la gente…, nace quizá su arte más efectivo y poético.

Una de las aristas que sobresale en tu trayectoria es la preocupación constante por exponer, por sacar las obras a la luz pública, sin temor a la crítica especializada incluso. Eres de los creadores de Cienfuegos que más exposiciones personales tiene cada año. ¿Es una necesidad?

“Nunca le he temido a la crítica. Incluso me interesaría llenar cinco o seis espacios de la ciudad a la misma vez con obras en pequeño formato, donde la visualidad sea parecida y reiterativa, jugando con aquellos preceptos de que el arte debe llamar la atención, mover ideas, revolucionar…, no me importa si los problemas se solucionan o no, solo los digo cuando lo siento. Un tanto es el artista comprometido con el contexto.

“Cada creador tiene un público determinado, en mi caso, en los últimos años ello reposa en el asiduo permanente de mis estudiantes universitarios a las inauguraciones, quienes no paran de preguntarme cuándo vuelvo a exponer y de cierto modo me mantienen activo.  No tengo prejuicios. Creo que no solo es sociabilizar mi arte, sino intercambiar, compartir todos dentro de una galería, donde casi siempre terminamos hablando del discurso artístico cubano, de las tendencias contemporáneas, de las revistas…”.

Cuando la ciudad cumpla en 2019 sus 200 años de fundada, Juan Carlos arribará a 30 de carrera artística. A pesar de ser una coincidencia y que marca una profunda distancia entre ambos hechos, el haber tenido como techo esta urbe lo hace más que bendecido.

El Grupo Punto, del cual fuiste fundador, sigue siendo en Cuba de obligada referencia, de cita… ¿Cuánto te aportó ser miembro de este proyecto que pronto se coló en titulares y en galerías fuera del país? ¿Por qué ahora en Cuba no surgen grupos de tanta valía en provincia?

“El Grupo Punto fue una escuela de pensamiento, en un momento donde la censura se hacía sentir con bastante rigor. Nosotros rompimos con aquella tradición de solo exponer en galerías legitimadas, tratamos de sacar el arte de esos espacios fijos, intentamos transgredir esos muros. Ahora cualquiera tiene una exposición en un hotel o un estudio en la sala de alguien, antes no era así. Creamos el espacio Coordenada Arte Sur, el cual pasó por tres lugares diferentes de la ciudad.

“Nosotros antes de presentar una muestra hacíamos un trabajo de mesa, donde discutíamos los proyectos personales en función de la construcción discursiva que íbamos a proponer.

“Eran momentos donde la comercialización era una utopía, ahora hay un mercado mucho más abierto. Cualquiera alquila la sala de una casa en una zona turística y la inunda de sus pinturas, sea válida o no. Los grupos que surgen ahora, según mi percepción, están muy lejos de aquellos presupuestos que nos unían a nosotros, y hoy existe mucha atadura al mercado, eso influye.

“Nuestra intención era revolucionar, mover ideas e involucrar a otras manifestaciones, incluso. Vendíamos, pero no trabajamos para satisfacer el antojo de turistas viajeros.  Rápidamente Punto llegó a Europa y luego a Estados Unidos, con propuestas diferentes y de buena factura. También te digo que se hace necesario escribir la historia de este grupo, investigarlo desde las universidades, para que no se pierda la memoria”.

Tu obra no se puede limitar ni  a una técnica en específico ni a un soporte, te caracterizas por innovar y utilizar cualquier material para armar tus ideas y luego convertirlas en obras, en muestras que van a galerías y se reseñan en periódicos…

“Mi formación es como escultor y en los últimos años lo que menos he realizado son piezas volumétricas, pero en otros momentos de mi vida sí ha sido lo fuerte. Trabajo por lo que me pide la idea, por ejemplo, desde hace algún tiempo hago video-arte. Los materiales y medios resultan diversos.

“Mi tesis siempre fue, en el caso de la escultura, no utilizar los materiales legitimados por el mercado, entiéndase, bronce, aluminio, mármol… Trato de buscar en lo cotidiano lo que necesito o demanda mi pieza, a veces, mando a construirla o la voy armando”.

En tus maneras de decir, en tu discurso, se siente patriotismo, está el patriotismo…

“Primero soy cubano, pero cubano a todas. Tengo una necesidad, y un respeto enorme, de utilizar los símbolos de la historia. Soy patriota en el sentido más limpio de la palabra, o sea, cuando viene de Patria. En los últimos años he tenido más vínculos con estudiantes de Historia, de Psicología, de Socioculturales… por mi trabajo en la Universidad, y de cierta forma no soy totalmente responsable de mis exposiciones, y la mayoría de las obras parten de temas que salen de las conversaciones con los muchachos.

“Mira, se puede decir todo, pese a que algunas veces hay a quien le puede gustar o no, yo pienso que cuando alguien ve algún problema en las obras que tocan tópicos cubanos, es porque el problema lo tiene esa persona. En un paisaje si yo quiero puedo ver problemas políticos si están en mí”.

En otros momentos hemos conversado de ciertos vacíos, ingenuidades, en las propuestas que presentan los jóvenes a los salones de arte, a los concursos, en sus exposiciones incluso…

“Lo hemos hablado muchas veces y siempre he defendido que el talón de Aquiles está en la formación. En la actualidad resulta vital que en estos espacios académicos se cree un pensamiento culto, crítico, revolucionario… El graduado necesita de un bagaje cultural, conocer de los mejores directores de cine, de la historia universal y de Cuba, de las tradiciones, de política y dejar a un lado la mercantilización del arte.

“Si ese estudiante viene preparado puede ser capaz de desligar lo que produce para ‘ganarse la sopa’ y lo que con ese mismo dinero va a producir para hacer arte, sin que sea una doble cara. Todos lo hacen, lo hacemos. Es importante la cultura, no pueden enajenarse de lo que pasa, de su momento histórico, del último libro que editó Casa de las Américas”.

Juan Carlos Echeverría es un personaje que nunca olvida darles la oportunidad a los jóvenes de exponer con él y mucho menos de brindarles una mano en lo que pueda. Él ama el arte y se le sale por encima de la ropa, por encima de su pelo largo que esconde debajo de la gorra blanquinegra.

Juan Carlos, como todo buen personaje, termina diciendo algo que sin chistar todos le creeríamos:

“Yo soy artista las 24 horas del día. Y mis tatuajes, mi postura, mi hijo, mis novias… tienen el acento de esa poesía que llevo atrapada en el pecho”.

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