Jóvenes asesinados en la Embajada de Haití

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Foto: Archivo

Vamos a recordar cómo eran las cosas en la década de los 50 en “aquella República” que teníamos en nuestra Patria… y continúan siendo en el mundo controlado por los imperios.

Alrededor de las dos de la tarde del 29 de octubre de 1956 llegaron ante el edificio de la Embajada de la República de Haití en La Habana, situada en séptima avenida y calle 20 en el reparto Miramar, varios autos patrulleros de la Policía Nacional de la tiranía de Batista.  

Dirigían aquel nutrido grupo de esbirros armados de ametralladoras, el Jefe nacional de ese Cuerpo, Brigadier Salas Cañizares y el Coronel Orlando Piedra Negueruela, jefe del Buró de Investigaciones. Intercambiaron informaciones con los policías vestidos de civil que rodeaban la sede diplomática haitiana. Verificaron que el embajador saliente Pierre Rigaud y el entrante y sucesor, Jacques Francoise, habían salido de ese lugar, y posteriormente abandonó el recinto Gustav Borno, segundo secretario y encargado de negocios. Quedaba solo la cocinera, Emma Hunt.

Pero también se encontraban asilados allí diez jóvenes que habían solicitado asilo político, diplomático, tras sobrevivir al ataque al cuartel Goicuría, de Matanzas, realizado por una organización revolucionaria del partido Auténtico, que fue cruelmente diezmada por el Ejército batistiano días atrás. Tras esos jóvenes venía esa jauría policial.

El Brigadier Salas Cañizares ordenó el avance de sus hombres, irrespetando la inmunidad de la embajada. Él mismo y el coronel Piedra traspasaron la verja de entrada en franca violación de las convenciones internacionales y el respeto al asilo político.

Al encontrarse con uno de los jóvenes allí asilados, quien luego resultó ser Secundino Martínez, el Brigadier policial sin mediar palabras le disparó una ráfaga de ametralladora. El joven, que era el único del grupo, portador de una pistola, desde el suelo donde cayó mal herido, le disparó a su agresor.

El Brigadier Salas Cañizares era un hombre obeso, de 300 libras de peso corporal. Usaba un chaleco blindado que le protegía el pecho, pero dejaba al descubierto el abultado abdomen, y los disparos desde el piso, precisamente, alcanzaron el ombligo y la ingle del esbirro, y otro le rozó la cabeza. Aquel cuerpo inmenso se derrumbó ante el estupor de sus subordinados y el resto de la jauría policial asesinó a los otros nueve jóvenes indefensos, dentro de la mansión diplomática haitiana.

Inmediatamente la maquinaria publicitaria del régimen emitió su versión. Declararon que desde la embajada habían llamado a la policía pidiendo protección porque un grupo de jóvenes pretendían penetrar por la fuerza. Que el Brigadier llamó al Presidente Batista quien ordenó que protegieran al embajador haitiano y su personal.   El ministro de Gobernación del régimen, el cienfueguero Santiago Rey, ratificó esa versión oficial.

Al día siguiente, la Embajada haitiana ofreció una Conferencia de Prensa Internacional en la que negó tal versión y denunció la violación de su centro y el asesinato de diez jóvenes que tenían protección y refugio allí, que estaba siendo tramitado oficialmente y ya seis de ellos contaban con salvoconducto y los cuatro restantes estaban a punto de recibirse.

Repitieron su denuncia de violación de la territorialidad de su Embajada.

La tiranía trató de refutar la versión haitiana y compró la complicidad de la cocinera y sirvienta del lugar. Pero ésta no sabía mentir y dijo que cuando la policía se presentó a la puerta para proteger la embajada, salió una andanada de disparos desde el edificio del garaje interior, que alcanzaron al Brigadier Salas Cañizares. Los diplomáticos demostraron la imposibilidad de que disparos salidos del garaje alcanzaran a alguien situado en la entrada, dado el ángulo real, “para ello haría falta que las balas desafiaran las leyes de la Física y siguieran una trayectoria curvilínea”, dijeron.

Esos sucesos fueron silenciados por la prensa nacional e internacional. Ninguna voz se alzó para protestar en la OEA, ni se escucharon ecos en el Congreso de Estados Unidos. Así eran las cosas entonces en Cuba, y continúan siendo en el mundo controlado por los imperios. A los regímenes dictatoriales auspiciados por ellos, no se les puede tocar ni con una letra en ningún medio de prensa controlado por los poderosos. Esa en su “libertad de prensa” que contribuye a derribar gobiernos de izquierda. Ejemplos sobran.

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