José María Bermúdez López: Oficio de sanador

Atesora incontables méritos y reconocimientos a lo largo de su carrera como médico, 58 años, así como categorías profesionales y docentes, pero una de ellas destaca en su personalidad: el desprendimiento humano

2
698
Doctor José María Bermúdez pasa visitas en la Sala 12 A, de medicina interna, en el Hospital Provincial de Cienfuegos./Foto: Efraín Cedeño

Caminar junto al profesor Bermúdez por los pasillos del Hospital Provincial de Cienfuegos, supone recorrer la historia de este centro asistencial y docente; y por qué no, de la Medicina en el territorio. Nadie o casi nadie le llama por su nombre: José María Bermúdez López, el profe, quien a fuer de enseñar a tantas generaciones, se ha convertido en una institución. Especialista en Medicina Interna y a 55 años de haberse recibido como médico, llega todos los días, caminando, al Hospital, y en su Sala, la 12 A, lo esperan pacientes, médicos y estudiantes.

“Interrumpí mi carrera en 1957, cuando la efervescencia revolucionaria que vivía la Universidad de La Habana por aquel entonces, fue violentada con el cierre de la institución. Para mayo de 1959, abría nuevamente sus puertas y de inmediato me incorporé, el país necesitaba de médicos para implementar todo cuanto se proponía en materia social. Me gradué en diciembre de 1960 y de inmediato marché al Servicio Médico Rural en la Cooperativa Chiqui Gómez, en Villa Clara, pero que antiguamente era la Provincia de Las Villas”.

Desde entonces y hasta hoy, transcurridos 55 años no ha dejado de estudiar y prepararse un solo día, porque esta profesión, en sus propias palabras, “es infinita”.

¿Por qué escogió la Medicina Interna como especialidad?

“Siempre he considerado se trata de una especialidad global, que abarca al resto, y porque me gusta. Le otorgo especial importancia a la aplicación del método clínico, la entrevista al paciente… Y no niego el uso de las nuevas tecnologías que han venido a complementar y a enfocarse a una nueva idea del diagnóstico”.

Por toda la Sala 12 A, se mueve con entera libertad, rodeado de estudiantes de la Universidad de las Ciencias Médicas, los encontramos de Tercero, Residentes, Internos, a quienes, como profesor Consultante, les trasmite todo cuanto ha aprendido.

¿Qué consejo, a la altura de su experiencia profesional, daría a las nuevas generaciones de médicos?

“Pienso que, en esencia, deben reunir rasgos como la humildad y el respeto. Una cosa es el trato cariñoso y humano con el paciente y otra es el respeto que debe imperar en esa relación. También un consejo, superarse constantemente, aprender… en esta profesión no se termina nunca”.

Cuatro hijos, uno que lo secunda en la profesión, ocho nietos y 54 años de matrimonio son el complemento de una vida feliz y plena, en la que se refugia el Dr. José María Bermúdez López, hombre con una profesión de inmensa vocación de servicio a la que se ha entregado.

“El venir todos los días al Hospital, hasta donde hago una saludable caminata en las mañanas, no es ya un compromiso, forma parte de mi vida, porque no es un modo sino parte de la existencia misma. Creo que desde la fundación del Hospital Provincial me he movido dos veces de la Sala 12 A. Una fue cuando la epidemia de dengue del ’81, y la otra, por las reparaciones de que acaba de ser objeto. La fuerza de la costumbre me trae hasta acá, como un lugar de afectos.

Por último, ¿cómo se imagina el Hospital del futuro? Ya es un lugar donde se resuelven los problemas, a pesar de la indisciplina social, y de la gran multitud de personas que acuden a la institución de manera diaria. “Con todo el cariño que le profeso al centro, lo imagino perfectible”. Y tal como nos encontramos esa mañana, regresa a su rutina diaria el profe Bermúdez, adonde sus queridos colegas de la 12 A, donde le hace culto al oficio de sanador.

El Dr. José María Bermúdez López, hombre con una profesión de inmensa vocación de servicio a la cual se ha entregado./Foto: Efraín Cedeño

2 Comentarios

Dejar respuesta