José Loyola Fernández, músico que transita con excelencia entre lo clásico, lo contemporáneo y lo popular

Para esta ocasión he querido departir con el lector sobre el maestro José Loyola Fernández, flautista y compositor nacido en la ciudad de Cienfuegos, del cual ya hemos hablado a propósito del Festival Danzón Habana. Hoy les presento un muy breve estudio acerca de su vida, obra e impronta. 

Su padre, Efraín, fue su primer maestro, con el cual vincula desde muy joven a la música. Con él aprende no solamente el instrumento, la flauta de madera de cinco llaves, sino que se adentra en el mundo de las orquestas charangas. En este ambiente comienzan a formarse desde lo vivencial, las bases que van a conformar su futuro desenvolvimiento técnico e interpretativo dentro de la música cubana. Comienza a componer sus primeras obras, a hacer arreglos musicales y a llevar la batuta de una orquesta como la Loyola, siendo casi un niño, en un momento en el que era una de las principales agrupaciones sureñas. En esa época tocaba también el violín, instrumento con el cual va a alternar junto a la flauta.

Su formación como músico profesional se afianzara en la ENA, donde fue alumno de Juan Pablo Ondina y Emigdio Mayo, dos grandes intérpretes y pedagogos cubanos de la flauta de sistema o flauta traversa, que difiere de la de madera en que está construida de metal, y por ende, su sonoridad es diferente. Por eso es que domina la técnica de la flauta usada en nuestra música tradicional, que es la de madera, con los recursos que se utilizan; e igualmente, la flauta de sistema, que es la que actualmente se interpreta en todo el mundo.

En La Habana cursó también composición con Federico Smith y luego continuó en Polonia, en la Escuela Superior de Música con Grazyna Bacewicz,  Andrzej Dobrolski y Witold Rudzinski. Alcanzó posteriormente su doctorado en la Academia de Música Frederik Chopin de Varsovia.

Durante esta etapa en Europa, se acercó mucho a las corrientes más contemporáneas, las que le fueron construyendo otro modo de crear y concebir la música y la interpretación. A pesar de haber dedicado gran parte de su creación, sobre todo como compositor, a la música de concierto, nunca abandonó la música popular cubana, de la cual domina todos sus estilos, y con ello transitar desde los más tradicionales hasta las tendencias contemporáneas. Por eso no es extraño verlo compartir en escena al lado de varias generaciones como Enrique Lazaga, Orlando Valle “Maraca”, Alejandro Falcón y Ethiel Faílde.

Otro de los aspectos que quisiera señalar de José Loyola es el énfasis que hace en que “la música debe ser pensada, debe ser estudiada y debe ser defendida en su aspecto teórico”. Es por eso que le he escuchado en varias ocasiones abogar sobre la importancia de los Eventos Teóricos dentro de los festivales Danzón Habana y Boleros de Oro en Cuba. Dos géneros que aunque separados, igual que sus festivales, tienen puntos de encuentro, tanto en la música cubana, como en quienes abogan cada año por su defensa. Mucho le debemos a él, quien es el presidente de ambos y a Alicia Valdés Cantero, quien preside el coloquio, por toda su dedicación.

Meritorio además el legado del Dr. Loyola como pedagogo, flautista, compositor, arreglista, autor de valiosos textos y director de una agrupación que defiende la música cubana, como lo es la Charanga de Oro. Inestimables todas las enseñanzas que nos trasmite, desde su obra de vida y que forman parte de nuestra cultura, esa que debemos conocer y honrar por todo cuanto representa.

Se corre peligro de perder nuestras tradiciones y estilos si no se bebe de la fuente, de las experiencias de quienes dedican su vida y carrera a la cultura de nuestro país.

José Eulalio Loyola Fernández ha grabado en letras doradas su impronta en la historia musical cubana. Es un pedagogo por excelencia y un intelectual que siempre nos sorprende por sus valiosos conocimientos.

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