José Joaquín Palma, heroico intelectual

En la epopeya de 1868 fue redactor de El Cubano Libre y ayudante de campo de Carlos Manuel de Céspedes. El pedagogo, periodista, poeta y diplomático ostentó también el histórico honor de reclutar a Máximo Gómez para integrar las filas mambisas

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Entre los admiradores de Palma se encontró el mismísimo José Martí, quien le dedica una bella crónica, publicada en 1889./ Foto: Tomada de Internet

Luego de sufrir en Cuba la persecución de las autoridades coloniales, las cuales no vieron con buenos ojos su labor proindependentista en el rotativo La Regeneración de Bayamo, ni muchísimo menos su participación en la Guerra de los Diez Años, el intelectual bayamés José Joaquín Palma y Lasso de la Vega debió emigrar.

En la epopeya de 1868 fue redactor de El Cubano Libre y ayudante de campo de Carlos Manuel de Céspedes, luego de haber sido uno de los primeros en sumarse a la causa libertaria y predicar con su ejemplo de patriotismo, al incendiar su propio hogar durante la quema de su ciudad natal.

Ostentó también el histórico honor de reclutar nada menos que a Máximo Gómez, el futuro Generalísimo de nuestras gestas patrias del siglo XIX, para integrar las filas mambisas.
En Guatemala, donde se estableció después de visitar varios puntos de la geografía americana, José Joaquín se dio a conocer entre la intelectualidad y los políticos. También les da cabida allí a otros insurrectos y apoya materialmente a los ideales emancipadores en su patria. El pedagogo, periodista, diplomático y poeta adscrito a la corriente romántica colaboró en varios diarios a lo largo de su estancia allí, cuyos principales creadores del momento le llamaron “el predilecto de sus hijos adoptivos”.

Durante el gobierno del presidente José María Reynas, en 1896, fue lanzada la convocatoria para seleccionar -a través de un concurso- el Himno de Guatemala. Obtuvo la recompensa el texto redactado por José Joaquín, pese a que lo escribió de forma anónima, y no fue hasta 1911 -a escasos meses de su muerte acaecida el 2 de agosto de ese año- que reconoció su autoría, por lo que recibiría entonces una medalla de oro al mérito.

ADMIRADO POR MARTÍ

Entre los admiradores de Palma se encontró el mismísimo José Martí, quien le dedica una bella crónica, publicada en 1889, en la cual escribe cosas como las que siguen: “(…) el poeta que ha sabido poner en sus versos toda la ternura de su corazón y el fuego inextinto de un patriotismo puro.

“No en Cuba sólo, sino en toda nuestra América, se leen sus serenatas, que suenan a guzla, y las décimas en que recuerda y predice nuestras glorias, y sus cantos valientes al progreso, y las estancias de fina y aérea composición, donde ha logrado aprisionar en palabras la música errante que vuela por lo invisible, y las nobles tristezas de un alma que va repitiendo el terceto del Dante, por ‘la escalera ajena’, por lo negro del mundo.

“Pero para él es menos amarga la expatriación, y por él se han unido, al amor de su poesía, los pueblos que nacieron de las mismas entrañas dolorosas, y han de vivir guardándose y robusteciéndose, sin soltarse jamás de las manos.

EL REMEDIO A LA TRISTEZA DEL EXILIO

Entre sus íntimos solía manifestar el dolor por estar ausente de su suelo. Martí, quien lo comprendió bien, le dio este consuelo en una de sus cartas al amigo:

“Lejos nos lleva el duelo de la patria: apenas si, de tanto sufrir, nos queda ya en el pecho fuego para calentar a nuestra mujer y nuestros hijos. Pero puesto que la poesía ungió tus labios con las mieles del verso, canta, amigo mío, el mar tormentoso, semejante al alma; el relámpago, semejante a la justicia de los hombres; el rayo que quebranta nuestras palmas; los bravos pechos que llenan con su sangre nuestros arroyos.

“Cuando te hieran, ¡canta! Cuando te desconozcan, ¡canta! Canta cuando te llamen errante y vagabundo, que este vagar no es pereza, sino desdén. Canta siempre, y cuando mueras, para seguir probablemente lejos de aquí cantando, deja tu lira a tu hijo, y di como Sócrates a sus discípulos en la tragedia de Giacometti: ‘¡Suona, el anima canta!'”.

Y Palma le hizo caso. Su canto tuvo, entre otras tantas utilidades, el de escudo protector contra la tristeza. Le cantó a casi todo y sobre todo a la mujer. A la Patria, a su suelo, a la vida. Su canto le ayudó a soportar tanta ausencia.

José Joaquín Palma./Foto: Foto: Tomada de Internet

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