José González Guerra, el bravo que murió por Cuba

Dos heridas en el combate de Barajagua trajeron el ocaso a su existencia. Aquel 20 de febrero de 1875, tras enfrentar a las tropas españolas del brigadier Bonilla —compuestas por más de 2 mil soldados—, fue perforado en el brazo y la muñeca derecha. Cinco fechas adelante, un día como hoy, murió de tétanos, víctima de terribles convulsiones, en el monte de El Guayabo, sitio en el que entierran su cuerpo entre dos palmas.

La épica de La Sacra, Palo Seco, Las Guásimas y Manaquitas, acciones donde tuvieron protagonismo las fuerzas que lideró, colmaron de gloria a José González Guerra, patriota de origen humilde, nacido en Cienfuegos el 2 de mayo de 1832 y merecedor del respeto de los altos jefes de la contienda mambisa iniciada por Céspedes en La Demajagua en 1868.

Su estatura moral y capacidad para dirigir, así como la entrega sin condiciones a nuestra causa emancipadora, no solo ganaron la admiración de Agramonte y Gómez, sino, además, de la migración cubana en Estados Unidos, que no dejó de expresar su angustia cuando se corrió la noticia sobre la muerte de Jolé, como lo apodaron los compañeros más cercanos en alusión a la manera en que firmaba.

El periódico neoyorquino La Independencia compendió el repentino deceso en estas palabras: “La República acaba de perder uno de sus más intrépidos soldados. El valiente Brigadier, que tanto se distinguió en más de cien combates y que bien mereció llamarse el Héroe de Manaquitas (…) Damos el pésame a la Patria por el bravo que supo morir por ella”.

Con los años, las hazañas que rodearon al prócer terminaron apagándose en la memoria histórica local, al punto casi del olvido. Redimirlo costó tanto como para él debió ser la escalada en la jerarquía militar del Ejército Libertador, en medio del elitismo que llegó a imperar en las huestes revolucionarias.

El 26 de julio de 1984, durante el acto central aquí por el aniversario 31 de los asaltos a los cuartes Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz abrió su discurso con la mención a esta figura: “Siempre recuerdo con admiración a un ilustre hijo de Cienfuegos, destacado jefe mambí: José González Guerra, no suficientemente recordado ni conocido, que libró brillantes combates contra las fuerzas españolas en esta región, hasta caer heroicamente en la guerra de 1868”.

Ese hecho resultó, entonces, un llamado explícito a rescatarlo. Las investigaciones que aparecieron después y el parque que hoy lleva su nombre, a la entrada de esta ciudad, son frutos del desvelo de muchos que no dejaron que muriera de nuevo.

Roberto Alfonso Lara

Roberto Alfonso Lara

Licenciado en Periodismo. Graduado en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2013.

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