Jesús Menéndez: el General de las cañas

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Recordamos hoy el asesinato, por la espalda, de cuatro tiros, del insobornable líder azucarero cubano, Jesús Menéndez Larrondo.  Se ha dicho, con verdad, que “la razón de su vida fue la causa de su muerte”. Es que él hizo de su existencia la defensa de los derechos de los trabajadores azucareros, y eso no se lo perdonaron los magnates del sector en Cuba y el imperialismo norteamericano que dictaron el crimen alevoso, ejecutado por un capitán del Ejército, Joaquín Casillas Lumpuy, el 22 de enero de 1948.


“Eran dos capitanes, dijo el poeta Nicolás Guillén, “el capitán del odio” -el asesino-,  y el Capitán de la clase obrera, “que es negro y fino prócer, como un bastón de ébano, y tiene los dientes blancos y corteses, por lo que su boca se abre siempre amanecida”. Así lo describió el Poeta Nacional.

Había nacido Jesús Menéndez en una finca del pueblo de Encrucijada, el 11 de diciembre de 1911, hijo y nieto de mambises, y era hermano de nueve varones y una hembra, en la que los varones de la casa tenían que trabajar desde niños para ayudar a su padre en la mantención del hogar humilde. Desde niño laboró como cortador de caña, purgador de azúcar en un central, limpiabotas, vendedor de viandas, tabaquero.

Desde 1929 a 1933 encabezó el Sindicato Azucarero, coincidiendo con el segundo mandato de Gerardo Machado en la presidencia del país al que gobernó como un dictador tiránico, que llevó a Menéndez a las celdas del Castillo del Príncipe por su lucha revolucionaria. Su actividad de luchador comunista incansable hizo que las masas llevaran a Menéndez a la máxima dirección de la Federación Nacional Obrera Azucarera, y fue elegido Representante a la Cámara por votación popular en 1944 y reelecto en 1946.

Con una política inteligente y razonamientos económicos planteados como proyectos de leyes, logró arrancarle a los oligarcas azucareros mundiales y al imperialismo norteamericano, el pago del llamado Diferencial Azucarero, tras discutir en Washington, en representación de los obreros cubanos, las negociaciones que llevaron al pago a los proletarios de 177 millones de pesos en tres años, para resarcir a los azucareros, entre los que se distribuyó, por salarios dejados de pagar en las cantidades debidas, considerando el precio a que se pagaron los salarios durante las zafras y el precio de venta del azúcar en el mercado mundial. Ese desembolso y el hecho de quedar derrotados por Menéndez en las negociaciones, jamás se lo perdonaron, y decretaron su muerte, porque eso era un pésimo ejemplo para los países del área.

El tiempo pasó. Cuando el comandante Ernesto Che Guevara tomó a Santa Clara, a fines de diciembre de 1958, el ya Coronel Casillas Lumpuy, comandaba parte de las fuerzas de la tiranía en el Regimiento Militar de ese territorio. Pero el sicario huyó temeroso, disfrazado.  En el poblado de Santo Domingo, las tropas de Víctor Bordón, lo capturaron. Fue juzgado y fusilado, por el crimen de Menéndez  y otros posteriores.

La historia olvidó al verdugo, pero el nombre de Jesús Menéndez es pronunciado con cariño y agradecimiento, y el “general de las cañas”, como lo llamó otro poeta, continúa hoy, sonriente y magnífico al frente de las batallas de nuestro pueblo, inserto en su memoria colectiva y sus corazones.

Tan fuertemente quedó arraigado en el cariño popular que poseemos el testimonio, por ejemplo, de la humilde militante comunista cienfueguera Agustina Cardoso, ya fallecida, que residía en una casa de la calle Dorticós, hoy avenida 48 número 4114 donde radicaba el comité del barrio Aduana del Partido Socialista Popular. En los períodos en que los gobiernos de turno decretaban la suspensión de la legalidad del Partido Socialista, el periódico Hoy, órgano de ese partido, no podían editarlo, y entonces publicaban un resumen de pequeño formato que se titulaba “Carta Semanal” que el partido distribuía clandestinamente.  El hogar de Agustina era centro de distribución de esa prensa, y la Policía de los gobiernos anti-comunistas con frecuencia registraba su domicilio en busca de ella. Nunca pudieron hallarla, porque se las ingeniaban para ocultarla con diversas habilidosas maneras. Pero a Agustina le preocupaba  que le hallaran y destruyeran un preciado retrato de Jesús Menéndez, que varias veces visitó ese lugar y era amigo de la familia, y ocultó su foto debajo de la imagen del Sagrado Corazón de Jesús que la anciana madre de Agustina tenía en un cuadro colgado en la sala.

Durante un registro, a principios de 1958, el jefe policial que dirigía la operación, sorprendió a  Agustina mirando la imagen de ese cuadro. Y ella, para disimular, aparentó que rezaba y dijo en voz alta:

–       ¡Ayy, Jesús, haz que esta gente nos deje tranquilos de una vez!

Aquel policía, mirándola iracundo y disgustado porque no halló nada comprometedor, le espetó molesto:

–       Verdad que los comunistas tienen cosas impredecibles, ustedes son una raza mala, ¡miren que una comunista rabiosa como usted, le rece a una imagen religiosa!…

Los policías se marcharon enfurecidos, y en la casa todos tuvieron que reír a carcajadas cuando Agustina contó:

–       El policía se creía que yo le rezaba a Jesús de Nazareth, pero en verdad que yo tuve que disimular, e invocaba a otro Jesús ¡el mío!,  a Menéndez, que estaba debajo del otro cuadro.

Lo cierto es que el día primero de enero de 1959, Jesús Menéndez fue sacado de su escondite para que resucitara, también, triunfalmente.

Es una anécdota ocurrente, pero que demuestra cómo los líderes populares ganan el corazón de sus seguidores proletario.

Infografía: Tomada de la cuenta de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) enTwitter.

6 Comentarios

  1. La importancia de resaltar las figuras que representan a los diferentes sectores se evidencia cada vez más pero es necesario prepararse para no cometer errores porque Jesús Menéndez es una figura destacada pero el sobrenombre de Jesús es “General de las Cañas” porque el “Capitán de la Clase Obrera es Lázaro Peña. No le quito el mérito al artículo pero son cosas de las que debemos darnos cuenta.

  2. Recordarlo y escribir artículos como este son muy necesarios para que las nuevas generaciones conozcan sobre un líder de tanta trascendencia para los azucareros.

  3. Recordamos hoy el asesinato, por la espalda, de cuatro tiros, del insobornable líder azucarero cubano, Jesús Menéndez Larrondo. Se ha dicho, con verdad, que “la razón de su vida fue la causa de su muerte”. Es que él hizo de su existencia la defensa de los derechos de los trabajadores azucareros, y eso no se lo perdonaron los magnates del sector en Cuba y el imperialismo norteamericano que dictaron el crimen alevoso, ejecutado por un capitán del Ejército, Joaquín Casillas Lumpuy, el 22 de enero de 1948.

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