Irresponsabilidad

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Desafortunadamente, las impuntualidades siguen, como igual continúa —a borbotones e irrefrenable— la irresponsabilidad./Foto: Internet

Asistí hace pocos días a la apertura de una muestra visual, cuyo horario había sido previamente anunciado a la prensa. Pero, al momento del arranque de acuerdo con la hora oficial comunicada, las compañeras del recinto todavía baldeaban y secaban el local: tarea iniciada ya a los bordes del momento; todo parece indicar que no horas antes, como debía ser. Alguien bromeó y dijo que la culpa de la demora era de la mala calidad de las frazadas. Otro le respondió que no, porque no las estaban vendiendo en los mercados. Chanzas a un lado, lo cierto es que aunque en el sitio se encontraba una personalidad de la provincia, periodistas, camarógrafos, fotógrafos y otras personas, llegada la hora de la apertura los pisos aún estaban mojados. Fiel a la inveterada costumbre de que nadie haga uso arbitrario de mi tiempo, tomé los datos necesarios para gestionar la nota periodística y abandoné el sitio.

Todavía el valor tiempo (quizás el más preciado de todos para la especie humana, dado lo efímero de su existencia) no acaba de adquirir la dimensión necesaria en nuestra Isla. Esta columna iba a denominarse Impuntualidad, pero la modifiqué a Irresponsabilidad (causante de aquella), porque el primer tema ya lo he tratado en innumerables ocasiones. La primera vez fue hace doce años en Juventud Rebelde, mediante un comentario titulado Administradores del tiempo ajeno, que el propio presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular orientó distribuir en los colectivos laborales para su estudio.

Desafortunadamente, las impuntualidades siguen, como igual continúa —a borbotones e irrefrenable— la irresponsabilidad, quizá uno de los principales males que corroen hoy el cuerpo de la sociedad cubana. Su elusión por parte de demasiadas personas halla fundamento en la no introducción de elementos cívicos en la enseñanza, o —todavía peor— en su burla consciente.

Se trata la de marras de una noción indispensable para el ser humano, de la cual penden todos sus objetivos a cumplir y hasta su criterio de vida.

Los irresponsables no pueden ser ubicados al frente de los objetivos económicos del Estado, porque a la larga su propio desenfreno los conduce a malversarlos. Existe un filtro para impedir esos yerros; si bien al parecer a veces estos tienen la malla rota o la dejan romper por unos cuantos billetes.

No obstante esa verdad de Perogrullo de que “un irresponsable no puede ser ubicado al frente de ningún objetivo económico”, todavía a estas alturas en ciertos enclaves donde se protegen alimentos u otros recursos, los actuales jefes de almacenes —o encargados cualquiera de velar por ello— han delinquido antes en sitios similares. Cada emisión de Tras la huella o UNO lo corrobora.

Como algunos de esos pillos (u otros velados, de mayor poder y en contubernio con ellos pese a no asomar su faz) siguen ahí, el robo de recursos prosigue, para alimentar un mercado negro que, en el 70 por ciento de los casos, halla su fuente nutricia en los grandes almacenes estatales, en contenedores desviados, en facturas manipuladas, en la corrupción de aparatos directivos…

Los irresponsables tampoco pueden estar ubicados al frente de las construcciones del Estado, porque parte de los materiales es vendida al mejor postor. El resultado de su desfalco se va apreciando con el paso del tiempo en los inmuebles edificados. El fantasma de cada uno de los materiales sustraídos asusta a las paredes, techos, sistemas hidrosanitarios, redes eléctricas y hasta a los pilares mismos de las estructuras, algo no apreciable a simple vista pero que quedaría en plena evidencia de existir en Cuba un terremoto. De plantearse este escenario, el cual ojalá nunca suceda, no resistirían varias estructuras de las edificadas del período especial a acá. No quepan dudas.

Un irresponsable no puede manejar un vehículo de transportación de pasajeros, porque los irrespetará de múltiples maneras y hasta a través de la peor de ellas: manejar ebrio, como ebrio hasta la coronilla vimos varios periodistas conducir, dos semanas atrás, a un chofer del sector estatal, en viaje intermunicipal a una cobertura, a pleno día.

Un irresponsable no puede ser ubicado en oficinas de trámite, porque convertirá en real calvario la vida del necesitado, si este antes no perece en la lucha. Tampoco puede comprometérsele con una tarea equis, porque subvertirá su esencia, la vaciará de contenido o simplemente ignorará.

Si esto lo conocen a la perfección los jefes, ¿por qué permanecen tantos irresponsables al frente de muchas encomiendas?

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