Irma, con olor a pollo y sabor humano

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Cienfuegos vista desde un piso 14 mientras los vientos del huracán Irma (aquí con fuerza de tormenta tropical) batían la ciudad. /Foto: Magalys

No todos los d√≠as tenemos el ‚Äúprivilegio‚ÄĚ de ‚Äúvivir‚ÄĚ un hurac√°n, esa suerte de fen√≥meno de la Naturaleza que yo me empe√Īo en llamar, un bostezo de nuestra Madre ante tanto da√Īo y descuido por el medio ambiente, y ese entorno que nos acuna y protege. Ella se queja y recuerda, cicl√≥n mediante, que nos puede dar y quitar, en igual medida, porque la mano del hombre tiene permiso para transformarla en bien de la raza humana; pero no para destruirla y da√Īarla. Antes, durante y despu√©s del paso de un evento meteorol√≥gico, podemos estudiar muy bien las reacciones de nuestros semejantes, con solo ampliar el zoom de los sentidos como soci√≥logos naturales y emp√≠ricos.

Primero pasamos por una etapa de euforia y ‚Äúacaparamiento‚ÄĚ, muchos, y me incluyo, lo calificamos de desmedida, pero a la postre, tuvimos la confirmaci√≥n de que la sabidur√≠a popular es un indicador de cuando las situaciones sociales empeorar√°n. Las galletas de sal, las de ‚Äúvidrio‚ÄĚ que expenden en la Cadena, nos supieron a gloria en medio de los embates de ‚ÄúIrma‚ÄĚ; y de igual manera el sirope, los palitroques, las bolsitas de refresco, enfriadas en un cubo con agua, cuando nos quedamos sin refrigeraci√≥n y hielo.

Muchos llenamos de agua hasta las cazuelas, y el líquido vital fue muy necesario.

Durante los vientos y la lluvia ‚Äúla cosa se puso fea‚ÄĚ, dicho en criollo, y lo pude vivir desde un piso 14, en el que se sintieron oscilaciones del edificio, y hasta dud√© en que debimos evacuarnos, pero ya era tarde. Por momentos los vecinos asomaban al pasillo: ¬ŅTodo bien? Era la pregunta frecuente. A esa hora nadie pensaba en la electricidad, el agua, a pesar de que no se violaron los horarios de almuerzo y comida. Los vecinos se unieron en la solidaridad y los de mejores casas acogieron a los que estaban en peligro, con la espontaneidad que nos caracteriza a los cubanos. Un radio y un par de aud√≠fonos resultaron, en la hora dif√≠cil y para estar informados, objetos de primera necesidad, aun cuando algunas emisoras, vaya usted a saber por qu√©, transmit√≠an m√ļsica.

Pero lo m√°s duro estaba por llegar: la calma con sus cicatrices, ese per√≠odo en el que notamos la falta de electricidad, y con ella el agua fr√≠a, conservar los alimentos, el ventilador o aire acondicionado, la TV, la lavadora y hasta la cocina‚Ķ, los celulares, el tel√©fono inal√°mbrico‚Ķ Las p√©rdidas‚Ķ s√≠, porque la modernidad y la tecnolog√≠a crean una dependencia que nos salva y afecta. En esta etapa es cuando m√°s apreciamos la solidaridad, esa que nos permite comunicarnos, informarnos, acceder a un cubo de agua, a un pomo de agua fr√≠a de alguien que lo trajo de ‚Äúall√°‚ÄĚ; un plato de caldo, sustancioso, hecho con todas las carnes, incluso la ‚Äúroja‚ÄĚ, porque antes de que se echen a perder, se aprovechan.

Y ese olor a pollo, a ave hervida, que recorre cada barrio de la ciudad, porque alguien compr√≥ una caja del producto, y fueron muchos, sin pensar en que la electricidad pod√≠a fallar, y que la termoel√©ctrica, esa querida f√°brica de luz, no encontraba el empuj√≥n para despertar. Ese olor lo tengo grabado en la memoria olfativa y afectiva, por lo que en adelante, cuando se hable de ‚ÄúIrma‚ÄĚ, recurrentemente pensar√© en aporreado, sopa, frito, y hasta asado de pollo.

Al pasar balance, y me perdonan, pero es costumbre para m√≠ hacerlo, sacar conclusiones de lo negativo y positivo, podr√≠amos haber hecho mejor las cosas; quiz√° repletar los tanques de los edificios en el momento en que a√ļn ten√≠amos electricidad para no padecer una ‚Äúsequ√≠a‚ÄĚ a destiempo; podar algunos √°rboles; cargar y recargar todo cuanto lo admitiera‚Ķ, pero esas son ense√Īanzas para el futuro, porque de lo que s√≠ estamos seguros, es que vendr√°n otros huracanes y la historia deber√° recoger cr√≥nicas relativas a la humanidad, porque la vida siempre ser√° prioridad.

Universidad de Cienfuegos vista desde el piso 14 de uno de los edificios del reparto Pastorita, mientras los vientos del huracán Irma (aquí con fuerza de tormenta tropical) batían la ciudad. /Foto: Magalys

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