Instrucción penal con nombre de mujer

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La teniente coronel Aleida Regueira (derecha) y la psicóloga teniente Fátima Norely Herrada, dos generaciones, un mismo fin: evitar la impunidad del delito. / Foto: Juan Carlos Dorado

La Revolución no solo dignificó a la mujer y la libró de todo tipo de discriminación y prejuicios, sino que le dio la oportunidad de ejercer puestos, profesiones y oficios hasta entonces negados a ellas. Con el tiempo, las féminas fueron escalando posiciones laborales impensadas antaño.

Hoy, lo mismo te encuentras a una cubana al frente de una empresa, cooperativa, hospital, escuela o importantes centros de investigación, que desempeñándose de constructora, trabajadora agrícola, científica, deportista médica, veterinaria, operadora de combinada o camión; técnica de una industria o militar, entre muchas otras ocupaciones.

Gracias a la nueva coyuntura, el Ministerio del Interior (Minint) le abrió las puertas a la hoy teniente coronel Aleida Regueira Chaviano. Inició su labor en esta institución como operadora de pizarra y técnico medio en sistemas telefónicos y datos, sin embargo, no dejó pasar la oportunidad de aquella convocatoria para formarse de instructora penal, la misma especialidad que enrumbó definitivamente su verdadera y definitiva vocación, complementada con sus estudios de Derecho.

“Esta es una profesión fascinante, aunque bien compleja, sobre todo para una mujer, porque exige tiempo, sacrificio y demanda muchos conocimientos. Requiere, por demás, constante superación; las leyes cambian como lo hace la sociedad y con ella el pensamiento del hombre. De modo que para estar a tono debemos prepararnos, en especial a la hora de enfrentar la corrupción administrativa, una de las manifestaciones más complejas para mí”, precisa la actual especialista de la jefatura provincial del Órgano de Investigación Criminal y Operaciones.

En más de tres décadas, Aleida ha tenido que lidiar con múltiples hechos de diversa naturaleza. Por supuesto, algunos la han marcado más que otros, sobre todo aquellos de un gran impacto cuyas víctimas de abuso sexual o violación fueron menores.

“Resultaron experiencias muy dolorosas, comenta, por eso el trabajo te va permeando de una gran sensibilidad humana que necesariamente contrasta con la coraza y el rigor a la hora de enfrentar el delito como la lacra social que es, siempre con la divisa por delante de que nuestra misión es velar por la tranquilidad de la ciudadanía y evitar la impunidad”.

Al decir de la oficial, tal como lo cita una máxima del Derecho, “No buscar el culpable, si no la verdad”. “Cuando nosotros husmeamos en el hecho y desentrañamos los acontecimientos, va emergiendo esa verdad de manera natural y así llegamos a la responsabilidad de la persona involucrada en el proceso penal”, precisa.

¿Principal aporte en lo personal? “Sin dudas, argumenta, el acervo de conocimientos. También un desarrollo del ejercicio de la comunicación, tan medular en nuestra cotidianidad. En el plano individual y en mi condición de mujer, ha contribuido a establecer un sistema de vida organizado, de manera que pueda simultanear todas las tareas, sin desatender mis obligaciones como hija, esposa y demás compromisos domésticos, ni dejar de cumplir, además, las obligaciones políticas y sociales”.

De posterior generación a la de Aleida, pero con igual sentido de la responsabilidad es la licenciada en Psicología teniente Fátima Norely Herrada Stable. Apenas tres años en Instrucción Penal le han permitido adentrarse en las complejidades de la profesión.

“Desde el principio recibí mucho apoyo de mis compañeros. Este es un trabajo de equipo y depende de la cohesión para alcanzar los resultados deseados en el proceso investigativo”, explica la especialista del Sistema Jurídico Penal del Minint en la provincia.

Cuenta la joven que a estas alturas ha debido enfrentarse, prácticamente a todo tipo de tipicidades delictivas. “En tal sentido, señala, requiero realizar tantas evaluaciones psicológicas como comisores de accidentes de tránsito, robos con fuerza, homicidios y violaciones, entre otros hechos.

“Lo primero a tener en cuenta, agrega la especialista, es que, amén del delito cometido, son seres humanos los transgresores y esta es una condición primaria. Luego, conviene analizar desde esa perspectiva a la hora de evaluar la conducta de cada persona, los motivos para asumir tal actuación y cuáles son las causas, sin descuidar el tratamiento a la familia”.

¿Sacrificios?

“Primero, constituye un compromiso muy grande con la sociedad; es más, resulta un privilegio formar parte de la continuidad de la generación histórica de la Revolución, que pone en nuestras manos la bandera para seguir adelante desde este puesto, con el legado de Fidel de guía.

“Por supuesto, el cumplimiento de mi responsabilidad desde mi posición de la Instrucción Penal, no tiene hora ni día porque, tal cual sostiene la profe y colega Aleida, el delito no se programa ni planifica, supone sacrifico, entrega y subordinar los gustos personales a una causa mayor, el deber”.

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