Inmortal, maestro, excepcional…

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Martín Magdaleno Dihigo Llanos es, sin lugar a dudas, uno de los jugadores de béisbol más versátiles de todos los tiempos. La velocidad de su brazo y la fortaleza de sus envíos lo convierten en un pitcher imbateable, además ocupó otras posiciones en el campo, incluso en un mismo juego.

Conocido como El Inmortal -en Cuba- y El Maestro -en México-, Dihigo alcanza la fama gracias a su magnífico palmarés dentro y fuera del país. Su inclusión en el Salón de la Fama de Cooperstown, Nueva York, en agosto de 1977.

Su hijo, Martín Dihigo Reina nos revela un “Don Martín” mucho más cercano a la realidad, como él hubiese querido que lo recordaran, alejado de ese halo de grandeza que poseyó.

 

HISTÓRICO PALMAR

“Mi padre nace el 25 de mayo de 1906 en el ingenio azucarero Jesús María, en el poblado de Cidra, Matanzas. Por esos azares de la vida, la familia se muda para la ciudad, cerca del Palmar de Junco, donde se jugó el primer partido de béisbol en Cuba.

“En ese lugar comienza su pasión por el deporte. Ya siendo un joven integra la nómina de los Piratas y es designado para desempeñarse como short stop”, rememora.

“Al poco tiempo decide marcharse para la capital, pues soñaba con integrar una de las mejores novenas del país. Allí llega sin dinero ni para lo más necesario.

Tras varias jornadas de infortunio un amigo lo lleva ante el manager del Club Marianao a probar suerte. “Comoquiera que Martín era un jugador desconocido, el director decidió que no valía la pena comprar un uniforme nuevo para un novato. Las circunstancias lo obligan a regresar a Matanzas, y retorna a la capital como parte de la nómina del Club Habana, donde finalmente juega en la tercera base”.

Corre la década del 20, un joven espigado de seis pies y cuatro pulgadas de estatura sueña y vive por la pelota.

En la década de los 30 ya es un deportista establecido, y del central Hormiguero le cursan una invitación para que lance un juego frente a la novena local, a la cual accede gustosamente sin saber cómo éste cambiará su vida.

 

TOMARLE LA PIEL AL CHIVO

“En su primera visita al poblado conoce a María Aurelia Reina Rodríguez (África) y queda prendado por la belleza de la señorita.

“El galante pelotero regresa una vez más para formalizar la relación, que duró un tiempo bastante prolongado. Mi padre va a los Estados Unidos, se casan por poder”.

¿Cómo recuerdas la relación entre sus padres, si él pasaba tanto tiempo alejado de su familia?

“Ambos se llevaban muy bien. Vivíamos muy felices”, dice y entorna los ojos ante el recuerdo de la imagen familiar.

“África era el centro del hogar, más que de retaguardia su rol era de vanguardia. Ella era muy jaranera y siempre quebraba esa sobriedad propia en Dihigo; como se dice en el argot popular: ella le tomaba la piel al chivo”, hace una pausa para disimular el nudo que aprisiona sus palabras.

“A María Aurelia no le gustaba la capital y siempre regresaba a su terruño, estaba muy apegada a sus tradiciones y a su pueblo. Eso nos hizo viajar mucho. Las postemporadas las pasábamos en casa”.

 

SU OTRA PASIÓN

“Martín Dihigo tuvo tres grandes pasiones: el béisbol, mi madre y yo”, sigue diciendo.

“Recibí una educación esmerada, ambos se preocupaban por mis estudios. Él me daba varias responsabilidades -pienso que para entrarme en cintura- y yo no tenía arreglo, porque la mayoría de las veces no las llegaba a cumplir, por pasarme instantes prolongados en juegos improvisados de béisbol.

“Don Martín nunca me impuso nada, me trataba con mucho respeto a pesar de ser un niño. Era muy estricto con la familia, y la vez cariñoso, aunque no demostraba bastante el afecto, uno lo sentía por sus acciones. Se preocupaba mucho por su hijo, por su esposa, por el hogar y lo más sentido de esto es que no tenía un nivel de escolaridad elevado, sólo llegó hasta sexto grado pero se superó de manera autodidacta hasta ejercer el periodismo. Después del triunfo de la Revolución escribió una sección conocida como Desde el pan de Matanzas, en el periódico Hoy”.

¿Recuerda a su padre en algún juego de pelota?

“No. Es increíble pero no lo recuerdo como jugador. La única imagen que conservo es un destello y tuvo lugar en San Luis de Potosí en el año 1948. Sí lo vi manigear en México y en Venezuela. De su vida activa como jugador sólo poseo las fotografías y los recortes de periódicos”.

¿Amigos?

“Tuvo muchos amigos porque era una persona muy cordial, respetuosa…Nicolás Guillén fue uno de ellos, Carlos Rafael Rodríguez fue otro de sus allegados, también tuvo contactos con algunos de los líderes de la Revolución.

“Mi padre atesoraba su biblioteca con libros sobre la guerra de independencia. La siguiente anécdota demuestra su fervor revolucionario: Por los años 50, el círculo de veteranos de la guerra de Cruces no tenía dónde reunirse y él intercedió para obtener un recinto, finalmente logró que le entregaran el local que hoy ocupa la sede del Instituto de Deporte, Educación Física y Recreación del municipio en la actualidad”.

 

EXCEPCIONAL CARRERA DEPORTIVA

En los resúmenes estadísticos del campeonato cubano de 1935-1936, Dihigo vistió la franela del conjunto Santa Clara y conquistó los postítulos de bateo (358) y lanzadores (11 triunfos y 2 fracasos).

Ganó 106, de los 120 partidos que pitcheó completos en la liga cubana. Fue campeón de los lanzadores en tres temporadas y líder en juegos ganados, lanzados y completos, en dos oportunidades.

Como bateador fue líder en indiscutibles, por tres oportunidades y una en carreras impulsadas y bateo, respectivamente.

En México jugó por espacio de diez campañas en la liga veraniega (1937-1947). Se inscribe como el iniciador de un juego sin hit ni carreras en toda la historia de la pelota mexicana: Águilas de Veracruz frente a Nogales; y en conectar, seis indiscutibles en igual cantidad de veces al bate.

Posee la marca del mejor promedio de ganados y perdidos con 119 victorias y 57 derrotas para 676, carreras limpias (2,84) y 317 de bateo.

El inmortal también viajó a Caracas y República Dominicana, donde conquistó el título de los bateadores con formidable promedio de 351.

Tiene el récord de haber integrado los salones de la fama en cuatro países: México, Venezuela, Estados Unidos y Cuba.

Grande figuras del béisbol lo han señalado como el mejor de todos los tiempos, incluso algunos llegaron a compararlo con Babe Ruth para tratar de ejemplificar las hazañas del cubano. Buck Leonard fue uno de los que expresó: Ustedes escojan a Ruth, Cobb y DiMaggio, que yo me quedo con Dihigo.

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