Ingenio cienfueguero

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Algunas comodidades de los modernos cruceros nos remiten a aquel proyecto para establecer un sistema de baños “flotante”. /Foto: Omar George.

Además de las conocidas virtudes que la caracterizan, Cienfuegos es una ciudad de ingenio y de gente ingeniosa. Ejemplos hay muchos en la historia local, pero basten dos de ellos para corroborarlo.

La eterna controversia entre civilización y naturaleza dio lugar a una singular propuesta a principios del pasado siglo. Su promotor fue un cienfueguero llamado Carlos Joaquín Prieto. Era inspector de una compañía de transporte y, a juzgar por las características de su iniciativa, hombre dotado de mucha imaginación y preocupado por hacer más placentera la vida de sus conciudadanos.

Para esa época el auge de los muelles comerciales y el desagüe de las cloacas de una urbe en desarrollo, cobraban cada vez más áreas en el litoral de la bahía. Muchos de los espacios disponibles eran cenagosos y por tanto inadecuados para habilitar baños públicos en ellos.

Fue esa la situación que motivó a Prieto a buscar una solución para que los bañistas disfrutaran de aguas limpias, profundas, puras, libres de gérmenes y patógenos.

Pero lugares con esas características habría que buscarlos en otros puntos de la bahía. Y aquí era donde se planteaba la disyuntiva: construir más baños públicos, pero en zonas distantes del puerto, lo que se traducía en más capital, más gastos y más dificultades. La genialidad de Prieto consistió en conciliar ambos requerimientos. Y así surgió la idea de un sistema de baños “flotante”.

El proyecto consistía en adaptar una embarcación de manera que pudiera habilitarse en su bodega ocho baños independientes con su cuarto anexo cada uno. El agua sería constantemente renovada por el movimiento de traslación del barco, y entraría a los baños a través de los listones con que se construiría el fondo de la nave.

A bordo, la barca estaría dotada de todas las condiciones de aseguramiento para garantizar el máximo confort de los pasajeros, aproximadamente en hora y media de viaje a través de la bahía.

El proyecto concebido por Carlos Joaquín Prieto, dado a conocer en una revista local, nunca se concretó. Aunque bien podría considerarse como el antecedente de instalaciones hoy indispensables en los cruceros turísticos.

INFORMARSE DESDE EL TEATRO

Pero si bien el invento de este cienfueguero nunca llegó a materializarse, hubo otro del que si fueron testigos muchos asiduos a las artes escénicas en la segunda década del pasado siglo.

El público que entonces acudía por las noches al teatro Tomás Terry, podía mantenerse informado sobre la actualidad mundial gracias a una novedad tecnológica: un servicio de noticias mediante un formato denominado “cristales de proyección”.

Aunque la referencia a ese acontecimiento, aparecida en las páginas del periódico La Correspondencia, copatrocinador de la iniciativa, no era muy explícita en cuanto a las características del ingenio, todo parece indicar que un texto previamente escrito sobre un cristal se proyectaba sobre un fondo de cortinas o de escenografía.

El diario cienfueguero aprovechó la expectativa que, según él, despertaba la llamada Guerra del Riff, un conflicto bélico generado por las apetencias coloniales de Francia y España en el norte de África, para poner en práctica su proyecto.

El procedimiento – según “La Correspondencia” – le permitía difundir las informaciones de última hora llegadas desde el frente después de las seis de la tarde, cuando ya estaba cerrada la edición del periódico.

De manera que quienes optaban por disfrutar de una obra de teatro en el “Terry” tenían la oferta adicional de un servicio noticioso que hacía honor a una de las máximas del periodismo: la inmediatez.

Así reflejaba la revista local “Páginas”, en 1922, la idea de Carlos
Joaquín Prieto.

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