Informar

8
1965

Sí, lamentablemente el demonio existe. No es un cuento de los católicos.

Y el mal también lleva prensa; no sea que el silencio le aliente a mayores fechorías.

Aunque Cuba constituya uno de los escenarios de más seguridad ciudadana a escala continental —debido a la política de preservación de la integridad ciudadana establecida por el régimen social instaurado en 1959 y la existencia de uno de los ministerios del Interior de mayor solidez del planeta—, suceden asesinatos premeditados con saña y alevosía que no entienden de ideologías ni de nada en este mundo y que, por su magnitud, sacuden a la sociedad.

Durante parte de los años ’80 y el primer lustro de los ’90 del siglo anterior, cuando en la Isla tuvo efecto cierta distensión de la política informativa en lo relativo a airear tales hechos en la prensa, en este mismo periódico era usual darle cobertura a sucesos parecidos; e incluso a otros de menor trascendencia.

Antonio Moltó, el finado presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, compartió con el espíritu de reflexiones al respecto ya aparecidas en esta columna en ocasiones anteriores, cuando respondiera a una oyente en el programa El triángulo de la confianza, del Premio Nacional de Radio, Fabio Bosch II. Ante una audiencia de miles de personas, Moltó le contestaba a la compañera que no se trata de retornar al morbo de la crónica roja del periodismo pseudorrepublicano, sino de encontrar el necesario reflejo informativo en los medios nacionales de estos dolorosos acontecimientos.

Por supuesto, tales coberturas no pueden caracterizarse —ni lo van a hacer nunca dado el grado de profesionalidad de nuestros colegas— en un ejercicio festinado y voluntarioso que propenda a entorpecer las investigaciones criminales; pero en algún momento (no demasiado lejano) de la trama indagatoria sí debe brindársele al pueblo los elementos pertinentes. Por la vía ortodoxa de un periodista; no a través de una nota de determinada institución, si es que la nota alguna vez tuviera luz verde para ser pergeñada.

Rasgo esencial del Periodismo, tales aproximaciones primeras del reportero precisarían contar con un seguimiento paulatino; marcado solo para cierre por conducto de los juicios penales a los comisores del delito.

La ausencia de tales dinámicas, ya por mucho más tiempo del aconsejable sin operar en nuestro modelo de prensa, genera desinformación, rumores, miedos, incertidumbres dentro de una población que, acaso, conocerá la versión dramatizada del caso, años después, en el programa televisivo Tras la huella.

Además de crímenes de sangre gravosos, se registran crímenes económicos de elevado perjuicio estatal, de cuyo rastro tampoco se expide constancia mediática: ni para el presente ni para la posteridad.

Las venas abiertas de la economía cubana pierden parte de su sangre con disímiles episodios de corrupción y robo, cuyos autores son identificados y juzgados, aunque por regla sin la plasmación de los sucesos en el sistema mediático. Las contralorías citan números generales, pero no casos.

Informar —infinitivo medallista de oro del decálogo del periodista— representa deber sine qua non del practicante de este oficio.

Hacerlo en los casos de marras cumple, además de con ese objetivo cardinal inherente a dicho profesional —sin que su visión sea frenada por ciertas restricciones temáticas—, con otras varias funciones, también de alcance colectivo: tranquilizadora, profiláctica, demostrativa del trabajo de nuestras fuerzas policiales y de los tribunales.

No restituiría físicamente la vida de su ser querido a los familiares de las víctimas, aunque sí al menos le gratificaría constatar cómo el pueblo pudo conocer la verdad del hecho y, sobre todo, ver amplificado un escarmiento penal que debe marchar en consonancia con la gravedad del hecho.

No restituiría los bienes robados, pero sí prevendría a otros potenciales infractores de cuánto le puede sobrevenirles si quebrantan la ley.

El país y Cienfuegos de forma específica han sido testigos de numerosos exponentes de ambos tipos a lo largo de este siglo, sin que hasta ahora se haya registrado esa imprescindible cobertura periodística que ya no puede dilatarse más.

8 Comentarios

  1. Muy buen articulo. Hay demasiadas lagunas en la prensa cubana y como bien Ud responde, no se trata de enemigos, se trata de informar a nuestros ciudadanos.

    • Alain: Gracias por sus palabras. Por fortuna, parece que este texto va a tener el eco que persigue, y la expresión de eso es el material que el periódico publicó esta semana sobre el asesinato y violación de una casi adolescente cienfueguera por tres homicidas. Es un acercamiento inicial, falta un océano por ganar todavía en la exposición de la prensa al respecto, pero el periódico dio el primer gran paso que, según la filosofía china, es el que define el camino. Saludos del autor.

  2. Como casi siempre estoy de acuerdo con lo que usted plantea, lamentablemente el periodismo en nuestro pais tiene lagunas como esta. Hechos tan macabros como los que se comentan por estos dias deberian exponerse de alguna forma en la prensa, para no ocurra como usted dice y el silencio aliente mayores fechorias.

  3. Mientras a la prensa le niegan la información, porque esta depende de las fuentes, las mismas fotos de la Policía del caso de la muchacha violada y asesinada, andan circulando por internet, muchas veces tergiversando los hechos, dando vuelo a la teoría del rumor… algo anda mal, digo yo!!!

    • Lucía: esto de las fotos de hechos semejantes en circulación popular (también videos) es algo doloroso motivado por varias razones, algunas derivadas del tema enunciado. Gracias por su comentario. Saludos del autor.

    • Yaremi, como yo lo veo aquí el cuento tiene que ver más con los amigos (quienes merecen recibir la información clara y veraz) que con los enemigos, pero igual gracias por tu comentario. Saludos del autor.

Dejar respuesta