
Dícese de él que resulta el mejor medio de transporte del mundo. Rápido, seguro y casi siempre a mano. Ningún avión o barco podría llevarnos a donde nos traslada sin problemas: China y la Antártida, el antiguo Egipto, las ciudades del futuro y el Planeta Rojo.
No existe en su camino límite de espacio o tiempo, ni aun la frontera que divide a veces lo llamado real de los frutos propios de la mente. Basta tomar en nuestras manos el timón y fijar rumbo hacia lo desconocido, con el sabor de la tinta rozándonos los dedos y la mirada absorta en las páginas de un libro.
Por eso, muchos de los 32 alumnos de la Escuela Primaria “Alfredo Salas Blanco”, en San Blas, municipio montañoso de Cumanayagua, trascienden el Plan Turquino de Cienfuegos y se convierten en viajeros habituales. Iraine Pérez Cal, la bibliotecaria del centro -multigrado de primero a cuarto, más quinto, sexto y preescolar disperso-, deviene artífice. Inculca a los niños el amor por la letra impresa.
“Motivamos la lectura mediante acciones didácticas. En el matutino nos apoyamos en un payaso, quien les dice que salió de un estante y así promueve determinado libro, casi siempre el del mes, a través de adivinanzas o hablando sobre el autor. Organizamos actividades semanalmente con todos los grupos y en distintos horarios apoyamos la resolución de tareas, los trabajos investigativos”.
Yainelys López Linares, de cuarto grado, enuncia de forma clara cuántos beneficios le ha reportado leer, y asegura que por una revista Zunzún supo que los ratoncitos nacen a los 21 días. “Puedes comprender cosas nuevas, el significado de palabras y la forma de escribirlas. Cuando encuentro una que no conozco, busco el diccionario”, refiere.
Cuenta, además, cómo cada día asiste a la biblioteca en el horario establecido -de 11:45 a.m. a 12:30 p.m.- y luego se lleva para la casa los textos que no alcanzó a terminar, para divertirse, cuando finaliza las tareas. Le encanta Había una vez y los cuentos de animales, aunque El soldadito de plomo, historia sobre personajes de juguete, acapara un espacio en su selección.
“Los pioneros de primer grado (si bien todavía algunos no leen a la perfección) y los de segundo, prefieren los clásicos como Caperucita Roja -sostiene la bibliotecaria. Tenemos una colección bastante amplia, con muchos títulos sencillos. Los docentes y alumnos están llamados a contribuir cada año, como parte de una iniciativa llamada 'Un libro para mi escuela'. Así aumentamos la lista. También la dirección de Educación nos provee”.
Otra vía para incrementarla constituye la Feria del Libro en la Montaña. Al decir de Pérez Cal, se realiza en el pasillo de la escuela y los estudiantes a menudo donan lo adquirido en cada ocasión, luego de utilizarlo.
Sergio Abreu Rodríguez, el payaso Colorete de los matutinos y acciones comunitarias, ha entregado algunos de los volúmenes que hoy disfrutan sus compañeros. Ello, con el ánimo de compartir con otros su encanto, pues se reconoce lector por excelencia y lo demuestran sus esfuerzos por propiciar el hábito en los demás. La propia idea del personaje provino de la literatura.
“Desde septiembre, cuando me leí El cochero azul (de la escritora cubana Dora Alonso), uno de mis favoritos, me empeñé en eso y recibí ayuda de la maestra. Los zapatos de payaso los inventamos entre ella y yo; y mi mamá me mandó a hacer el traje. Para buscar los chistes, leo un libro de la biblioteca sobre el tema”, afirma.
Este fanático de los cuentos de Dora Alonso y Herminio Almendros, quisiera en el futuro estudiar idiomas en la Universidad, y mantener sus actuaciones. A las múltiples horas de encontrase sumergido entre renglones, debe no solo dicho interés por la superación, sino una buena ortografía.
“En mi aula, los que menos asisten a la biblioteca, escriben peor”, valora, y considera que ha logrado el objetivo de sus presentaciones: persuadir mientras hace reír al público.
Sobraba razón a Jorge Luis Borges, escritor y Premio Cervantes en 1979, cuando enunció que “uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe", frase con significación añadida por venir de quien escribiera mucho y de manera excelente. Tal vez, entonces, el actual propósito por que los pequeños de San Blas beban la sabiduría encuadernada, devenga plataforma para futuros viajes de altura.
(*) En co autoría con Lisandra Marene, periodista del CINCO de Septiembre.