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Hora local en Cuba:

De aquel 11 de septiembre de 1973 conozco lo que otros han dicho o escrito: "El mandatario se ha suicidado". Así le informaron al general Pinochet en Chile sobre la muerte del Presidente. Y, pese a las dudas infundidas respecto a la maltrecha historia, el doctor Patricio Guijón asegura haberlo visto dispararse en la barbilla, mientras gritaba: "¡Allende no se rinde, milicos de mierda!".

No olvido, sin embargo, el otro 11 de septiembre, pero de 2001. Tenía 13 años, y todavía me recuerdo, frente al televisor de mi prima Nora, en el horario del mediodía. El Noticiero reiteraba las imágenes de la tragedia: en Nueva York, Estados Unidos, par de aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas. Dos horas después, de aquellos rascacielos solo quedaban escombros.

¿Coincidencias? Yo no creo en coincidencias. Creo en los hombres. Y como creo en ellos, los creo capaz de todo…

EN EL PALACIO DE LA MONEDA

La sangre para ellos son medallas.
La matanza es un acto de heroísmo.
¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
 
(Somos cinco mil, última canción de Víctor Jara)

Allí, en algún lugar, perdura el rastro de sus espejuelos rotos, acribillados por las balas. Unos grandes espejuelos que lo identificaban. Cuando lo encontraron muerto, desfigurado, tal vez nadie deparase en las enormes gafas, pero allí estaban, lo sé. Le acompañaron desde la mañana de ese 11 de septiembre de 1973 y junto a él, perecieron.

Gabriel García Márquez lo ha evocado: "Había cumplido 64 años en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible. Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros y era de una galantería un poco a la antigua, con esquelas perfumadas y encuentros furtivos.

"Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro".

Dicen que después de su muerte, una mitad del país sufrió y la otra celebró. Que en algunas revistas y diarios se sacaron botellas de champagne. Que a los dirigentes de la Reforma Agraria los fusilaron en el mismo lugar de detención. Que en fábricas y universidades los arrestos resultaron masivos.

A Víctor Jara, el referente de la canción protesta, también lo capturaron… y lo asesinaron luego (16 de septiembre). Y a Pablo Neruda, enfermo de cáncer y casi moribundo, la agonía por lo acontecido le tendió una trampa. (23 de septiembre). Murió desesperado y desprovisto de amor.

EL HOMBRE QUE CAE

De los años vacíos e inútiles de los demás,
Yo entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
Vuelve: "¿Qué hay de bueno en todo esto?".

(¡Oh yo, vida!, Walt Whitman)

De pronto sobrevino el estruendo. ¿Cómo imaginar que algo así sucedería? Impensable… Y tras el estruendo, los gritos, la desesperación, el llanto, la venida abajo, estrepitosa, de aquellos enormes edificios. El atentado del 11 de septiembre de 2001 causó la muerte a 3 000 personas. Incluso, a quienes sembraron esperanzas en su familia mediante una última llamada.

Lo hizo el chef Moisés Rivas, luego del impacto de un avión Boeing contra la torre norte del World Trade Center. Su hija adoptiva tomó el teléfono y le hizo saber a Elizabeth, la esposa, una insólita declaración: "Sí, mamá, dijo que no te preocuparas. Que está bien. Dijo que te ama sin importar lo que ocurra".

Melissa Harrington, una joven ejecutiva de 31 años,  se comunicó con el padre, cuando ya el humo le ahogaba los pulmones y era nula la posibilidad de escapar de la llamas. Este, al ver por televisión cómo se desplomaba el inmueble donde trabajaba su hija, actuó con serenidad: "Ve hacia la escalera y sal de la torre tan pronto como puedas", insistió. Luego le dijo que la amaba. Y ella le respondió igual.

De tal "suerte" contaron quienes tuvieron el valor de despedirse. Muchos corrieron por las escaleras y nunca consumaron el intento de salvación, algunos se sentaron a esperar lo inesperado, y otros, presos del pánico, saltaron al vacío.

Richard Drew, fotógrafo de la agencia Associated Press (AP), tomó una imagen impactante sobre estos hechos: un hombre que cae desde gran altura, bocaabajo, y con la torre norte de fondo. Su nombre: Jonathan Briley, de 43 años, empleado en uno de los restaurantes situados en la planta superior del edificio.

A él, como al resto de las víctimas, lo han llorado los norteamericanos. Para ellos no existe consuelo. Tampoco para los chilenos ni para los hombres que aman la vida. Y aunque parece demasiado para un solo día, mejor no hablar de coincidencias. No es esa la palabra exacta.

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Viernes, 05 Septiembre 2014 07:54

Insomnio este 5 septiembre

La ciudad no ha dormido, o mejor, no ha querido dormir. Uno se vuelve a las calles y no logra pecirbir ni un atisbo de sueño, ni un bostezo… nada.

La velada ha comenzado muy tarde, o muy temprano, ¿quién sabe?  Y aunque la noche todavía abraza a Cienfuegos, los viejos, los jóvenes, los niños, han decidido adelantar el amanecer.

Una razón los motiva: el recuerdo, la evocación, la Historia. El 5 de septiembre de 1957, otros aventajaron al sol. Sus razones también eran otras: la urgente necesidad de zafar las ataduras que conducían al país hacia la degradación social, el irrefutable derecho a esa sensación de libertad tantas veces anhelada, forzada, y nunca conseguida entonces.

Allí, junto al mar, comenzó todo. En Base Naval de Cayo Loco. Un grupo de marinos, bajo las órdenes del cabo Santiago Ríos, le arrebató las armas a los secuaces de Fulgencio Batista. Luego sobrevino el combate: en el Parque, en el Ayuntamiento, en el Colegio de San Lorenzo. Y al final, más allá del fracaso, los muertos y la frustración, se impuso la trascendencia.

Hacia allá van los viejos, los jóvenes, los niños. Van cientos de cienfuegueros. Ellos no olvidan, no pueden olvidar. La madrugada parece tan perdurable como sus memorias. Este 5 de septiembre no es día para el sueño, sino para el insomnio.

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Viernes, 05 Septiembre 2014 08:00

Almas erguidas sobre el obelisco

Hacia allá marcha ahora la ciudad: los edificios con sus balcones, las estatuas, las cúpulas, el mar, la gente… Ocurre así cada septiembre, cada 5 de septiembre. Los hombres que no olvidan, anudan sus pasos al triste recuerdo de aquella jornada. Y los hombres que no conocen o les resulta indiferente el tributo, ceden ante el dolor del prójimo, porque no pueden resistirse a la Historia.

Parece pesado el camino, muy pesado. Demasiado largo para quienes lo recorren hace ya 57 años y han visto, incluso, florecer sus canas y asaltar las arrugas, casi de pronto, sin notarlo siquiera. Todo ha acontecido durante el reiterado itinerario: cinco kilómetros que agotan la fortaleza de las piernas y ponen a prueba las muletas.

Sin embargo, cuando se mira bien, suele sorprendernos la candidez de unos rostros lozanos, resueltos siempre a la evocación. Ellos hablan mucho, no callan, sonríen… Quizás intenten moderar las penas propias de la travesía, mas no lo consiguen.  Solo entonces sucumben al silencio.

El camposanto asoma. Una construcción imponente para el descanso de los muertos y el llanto eterno de los vivos. Tiene varios senderos, y muchos árboles, y muchas tumbas. Es terriblemente bello. Allí duermen los mártires del 5 de septiembre de 1957, cuando la exaltación de Cienfuegos contra la dictadura de Fulgencio Bastista. Duermen, también, los desaparecidos, los no encontrados una vez cesado el fuego.

Casi a la entrada del cementerio, luego de perecer ante el majestuoso pórtico, se erige un sobrio monumento: el mausoleo a los hombres que protagonizaron la gesta. Levantado en 1977, la obra pertenece a los arquitectos Daniel Taboada y Enrique Capablanca, y al escultor Evelio Lecour.

Luce sencillo, pero algo tiene. Uno no puede despojarse de esa sensación de solemnidad  desprendida de su simple composición. La base de mármol no solo concreta el espacio. Reposan en este lugar los osarios y desafía la altura una enorme columna. Y sobre la columna, unos hombres, fundidos en cobre martillado, empuñan todavía sus fusiles.

Hacia allí ha llegado la ciudad: los edificios con sus balcones, las estatuas, las cúpulas, el mar, la gente… Han llegado los viejos con sus canas, sus arrugas, sus muletas. Han llegado los jóvenes con su sonrisa. Han llegado las flores. Ha llegado la Historia. Incluso, he llegado yo varias veces. Y he mirado, rebelde, al obelisco donde se yerguen la almas.

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Jueves, 04 Septiembre 2014 13:37

Viaje en busca de unos hombres extraviados

De pronto hubo que ir a buscar la Historia. No la encontrábamos en periódicos ni en libros, ni en los amarillentos papeles que una señora guardó. Tampoco la hallamos en los testimonios hechos y rehechos, y vueltos a hacer una y otra vez. Se nos había extraviado, al punto de quedar confinada, prácticamente, al olvido.

Sin embargo, las memorias nunca perecen. Ellas andan dispersas, se nos pierden de vista, pero solo basta un poco de esfuerzo para encontrarlas. En el mismo lugar o en otro. No importa. La Historia es como la siempreviva: perenne.

Hacia La Habana fue el viaje, con la promesa (incertidumbre de por medio) de dialogar con varios de los participantes en el levantamiento popular armado del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos. Ellos viven allá hace varios años, más de medio siglo. Una vez allí, llegó el primero, luego el segundo, el tercero… hasta sumar un montón de hombres y mujeres (combatientes y familiares de los mártires) consumidos por el tiempo, por el dolor…

SAN ROMÁN, 26 DE JULIO

Tras el Triunfo de la Revolución, Efrén Margolles Dueñas promovió la creación de todas las bases de remo en Cuba / Foto: DoradoLa cita, le habían dicho, estaba planificada para las 10:00 a.m. Eso nos dijo casi dos horas antes, a las 8:30 a.m., al arribar al salón de la Tribuna Antiimperialista. Su estirpe lo delataba. Él venía con ganas de hablar y, sin preguntarle nada, lo hizo.

Efrén Margolles Dueñas tenía 19 años cuando los sucesos del 5 de septiembre de 1957 y comandaba, por aquella época, el grupo de acción del Movimiento 26 de Julio en la región centro sur de Cuba. Incluso, su labor revolucionaria no comenzó ahí, sino antes, en aquellos días enque solía remar junto a su hermano Aldo.

"Nosotros llegamos a ganar, en el cuatro con timonel, la regata de La Habana en 1956: la primera corona de Cienfuegos en esta competencia, tras haber incursionado en varias ediciones. Ese vínculo con el remo resultó importante, porque la gente me veía como una figura deportiva.

Y dentro del mismo Yacht Club conspirábamos: recogíamos bonos, vendíamos medicinas…
Sobre los hechos del "5", guarda muchas anécdotas, tiene para contar demasiado. Tanto que a veces se obsesiona con los detalles, frena en un momento en ellos, y luego retoma el hilo de su relato.

"La acción, en realidad, se previó para un día cercano al 4 de septiembre de 1957. En esa fecha, las unidades militares del gobierno solían celebrar el primer golpe de Estado dado por Batista en 1933. Y el Movimiento 26 de Julio cumplió un rol relevante, algo no siempre reconocido. Suele aludirse a un levantamiento popular, pero constituyó, ante todo, una acción organizada por la clandestinidad.

"Tomamos la ciudad con la ayuda de una célula revolucionaria en la Base Naval de Cayo Loco (siete u ocho marineros), encabezada por el cabo Santiago Ríos. Luego arribaron Julio Camacho Aguilera, Dionisio San Román y Totico (Pedro Aragonés). Al ocuparse la Estación de la Policía Marítima y la Estación de la Policía Nacional, cerca de la seis de la mañana, nos dirigimos al Distrito Naval. La contraseña para acceder era 'San Román, 26 de Julio'. Lo recuerdo, porque iba junto con Antonio Espino.

"Cuando se decidió atacar el Cuartel de la Guardia Rural ya era muy tarde, alrededor de las ocho de la mañana. Eso dio oportunidad al Ejército de prepararse. El Tercio Táctico de Santa Clara, Matanzas, y más tarde el Ejército de Columbia, enfilaron su armas hacia la urbe. Yo estuve en el Distrito Naval, y luego en el parque José Martí.

"Para la agresión emplearon tanques, morteros, la aviación. Al colegio de San Lorenzo le entraron a cañonazos. No entiendo cómo pudieron repararlo, porque quedó destruido. Allí murieron los últimos en resistir, entre ellos Dimas Martínez. Y a quienes se entregaron, los asesinaron en el parque.

"No obstante, todavía me anima saber que Cienfuegos fue la primera ciudad libre de Cuba, al menos por 18 horas. Y viví para contarlo, gracias un viejito que nos acogió en su casa de la calle de San Luis. Allí nos escondimos y atrincheramos un grupo de compañeros, porque si nos descubrían, íbamos a fajarnos. Teníamos ametralladoras, nueve granadas de mano. Pero bueno, la suerte nos acompañó".

UN LATAZO EN LA CABEZA

Raúl Chaviano participó también en la lucha contra bandidos en el Escambray / Foto: DoradoRaúl Chaviano parece todavía un muchacho. Conversa con desenfado, soltura, incluso cuando habla de cosas serias. Claro, uno sabe que sufre, aunque a simple vista no logremos apreciarlo. Él mismo se presenta, y lo hace como un héroe. Por supuesto, razones tiene…

"Luché en la clandestinidad, me fui a pelear al Escambray. Junto al Che participé en los combates de Güinía de Miranda, Fomento, Placetas, Remedios, Caibarién y Santa Clara. Me desempeñé como jefe de compañía en Playa Girón y formé parte de la misión militar cubana en Angola".

Dentro de esas páginas de su vida, la sublevación del 5 de septiembre de 1957 tiene un significado especial. Era un niño, había cumplido 16 años, y bajo las órdenes de su amigo Efrén, manejó la ametralladora 50 emplazada en Cayo Loco.

"No tenía ninguna experiencia. Lo mío era tirar y acabar; tumbar la Marina. Del Distrito Naval salimos hacia la Jefatura, y de ahí me trasladé hacia la casa. No tuve problemas, yo era un chiquillo. No obstante, desde los 15 años me incorporé al Movimiento 26 de Julio.

"Lo hice porque toda mi familia simpatizaba con la dictadura batistiana. Me estaba comiendo un jabalí a pie. No podía estudiar, no podía nada. Trabajaba en un puesto de cantinero, y comía de las sobras que dejaban en las cantinas. La única inspiración fue mi papá, quien compartió las ideas de Eduardo Chibás.

"De los compañeros caídos aquel día, siempre pienso en Trucutú. Él estudiaba conmigo en la escuela y nosotros salimos juntos del Cayo cuando vimos pasar dos cadáveres: unos coroneles del Distrito Naval que murieron abrazados.

"Trucutú, con cierto retraso mental, me dice: 'Chaviano, vamos a ver a los muertos'. Y yo le respondo: ‘¡qué muerto, ni muerto! El muerto lo tengo en mi casa. Mi mamá debe estar desesperada’. Después nunca más lo vi, ignoro si lo mataron, si desapareció".

Según narra, luego lo escondieron durante un mes en el hotel Ciervo de Oro, y de allí salió irreconocible, con 40 libras de más. Ya en la casa, su madre, en un acto de ira y emoción, le dio un latazo en la cabeza. "Cinco puntos me dieron", dice Chaviano, mientras enseña el lugar exacto del atentado.

SOBRE OLAS

De derecha a izquierda, Martha San Román Toledo y Rosalina González Brito, hermanas de Dionisio y Alejandro, respectivamente / Foto: DoradoEllas se aferran al libro. Lo hojean cuanto pueden. Sobre olas, texto de Milagros Gálvez Aguilera, devela mediante una compilación de documentos, fotografías y entrevistas, la trascendencia político militar de Dionisio San Román y Alejandro González Brito, protagonistas del levantamiento popular armado en Cienfuegos.

Para Martha San Román Toledo, hermana de Dionisio, constituye, quizás, el más fiel testimonio de lo ocurrido, luego de tantas zozobras y especulaciones acerca de la muerte de su familiar. Lo recuerda como una persona muy discreta y responsable.

"De hecho, muchas veces lo acompañé a reuniones de la clandestinidad, sin tener la certeza de qué se trataba. Solo mi madre y otro hermano conocían de las actividades revolucionarias de Dionisio. Esa cualidad inspiró confianza dentro del Movimiento 26 de Julio, al punto de designarlo, casi a última hora, para codirigir, junto a Camacho Aguilera, el alzamiento.

"Su muerte fue algo terrible, porque venían gente a la casa a comunicarle a mamá que Dionisio se encontraba en La Cabaña, en El Morro, y le pedían a ella dinero, ropa… ¡Mentiras! Él jamás estuvo en los lugares señalados. Lo apresaron, primero, en un garaje del aeropuerto militar de Columbia, donde lo torturaron y le quitaron sus espejuelos.

"Eso lo supimos gracias a la madre de Báez Vigo, un compañero suyo, quien vino a informarnos sobre el estado de Dionisio. Ella nos dijo que él continuaba vivo, pero en muy malas condiciones. Lo habían golpeado en la cabeza, le desbarataron las uñas, estaba ensangrentado, tirado en el piso. Al saber la noticia, guardamos cierta esperanza.

"Luego tuvo un careo con Batista. Quería saber, en boca de Dionisio, los involucrados en la sublevación; mas nada pudo sacarle. Entonces, lo tiraron al mar medio vivo, acá en La Habana, en un lugar de la bahía ubicado entre La Punta y La Chorrera, específicamente, en La Campana. Sufrimos mucho, la verdad".

Similar desgracia padeció Rosalina González Brito, la hermana de Alejandro. "A él lo lanzaron al mar junto a Dionisio. La familia ignoraba su labor revolucionaria. Él solía visitar la casa de Concha, la madre de San Román, pero para nosotros resultó una sorpresa su participación en aquellos acontecimientos.

"Yo me enteré en las afueras de una instalación de salud situada al lado del Hospital Militar (aquí en la capital) donde tenía ingresada a mamá, cuando escuché a unos sujetos decir: '¡Se acabó el mundo en Cienfuegos! ¡Hubo un levantamiento!'. A Alejandro nunca lo pudimos ver.

"Lo trajeron para La Habana y fue salvajemente torturado. Incluso, cuando lo lanzaron al mar, le dieron un tiro. Nos lo dijo un hombre el Movimiento 26 de Julio", comenta Rosalina, mientras sujeta varios ejemplares del libro donde se cuenta la trágica muerte de su hermano.

La impronta de estos hombres se nos había extraviado. Hubo que hacer el viaje, ir a su encuentro. De otra forma quedaría confinada al olvido, al silencio. Y eso, cuando se trata de Historia, no está permitido.

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Miércoles, 03 Septiembre 2014 09:54

Vivir para narrar la muerte

Andaba de paso por las provincias orientales, después de los sucesos del 5 de septiembre de 1957 en Cienfuegos. Tenía la misión de trasladar heridos a la ciudad de Camagüey, pero él y sus compañeros resultaron detenidos. "Nos llevaron para el Regimiento Agramonte y allí estuvimos durante tres días, cuenta René Vallina Mendoza. Fue entonces cuando nos interrogó el coronel Leopoldo Pérez Coujil y se percató que nosotros no hablábamos ni dábamos información y, muy colérico, indicó matarnos. Finalmente, el 8 de septiembre, por la noche, avisaron: 'vamos, muchachos', dijeron".

Así inició una singular experiencia de vida para el participante en el levantamiento popular armado, quien a partir de lo sucedido recibió el mote de Muerto Vivo.

"Nos volvieron a montar en un carro; el teniente le dijo al chofer que entrara por el primer camino avistado y, efectivamente, lo hizo. Anduvimos unos 500 metros, mandaron a desmontar, nos pusieron en fila a los cuatro y ordenaron que saliéramos caminando".

Detrás de ellos permanecían los soldados en formación, en espera de una orden. Luego empezaron a tirar… “Caímos al suelo de bruces, vinieron a revisarnos, yo no tenía ningún tiro, me había rozado uno por las piernas, otro por un costado y por la cabeza, pero solo roces. Después nos colocaron boca arriba para zafarnos las esposas”. Justo en este punto, afloraron las complicaciones para Vallina.

"Con tan mala suerte, la mía no se abría y entonces el guardia que venía a zafarla se me encaramó encima, le daba tirones al brazo y yo seguía haciéndome el muerto. Aguantaba la respiración, pero pensaba que si la esposa no cedía, el hombre, a lo mejor, optaba por cortar la mano y cuando gritara, todo acabaría ahí mismo".

Finalmente, le quitaron aquella atadura que sus colegas ya no podían sentir, mas el militar reparó enseguida en que su estado no era mortal y lo comunicó a su superior. La orientación precisa decretaba el momento del tiro de gracia.

"Comienzan a dar el tiro a cada uno; fui el último. Cuando me tocó, perdí el conocimiento. Me lo dieron por el oído izquierdo, por ahí entró la bala. Sin embargo, esta se alojó en la cavidad ósea y no penetró en el cerebro.

"Al reaccionar, allí estaba, y todavía ellos no se habían ido, registraban los muertos, le daban golpes por el estómago para verificar si quedaba algún sobreviviente. Cuando me golpearon, aguanté el aire, me mordí la lengua, pero de todas maneras solté un quejido y el que me pegaba avisó al teniente".

La seguridad de la narración de René no deja dudas, la suerte le permitió vivir para contar su muerte. "Deciden darme otro tiro, siento que palanquean el fusil, cuando el oficial al frente al grupo, dijo que ni un tiro más, que ya había sido suficiente y nosotros estábamos muertos".

Recuerda que al rato se paró como pudo, caminó un poco, cayó al piso y tenía apenas una vaga noción de cuanto sucedió. "Reflexioné: me habían fusilado, tenía mucho dolor, mucho ruido en la cabeza, sentí la sangre, estaba vivo y seguí caminado hasta que no pude más. Veía como una lucecita, yo prácticamente no tenía visión, pero veía algo, como un bulto que venía hacia mí. Pasé un susto tremendo, pero me recogieron y llevaron para casa de un campesino, donde me cambiaron de ropa".

Luego lo trasladaron a un campo de caña, y durante quince días, los campesinos lo curaron con azufre y le inyectaron penicilina hasta que, recuperado, logró incorporarse nuevamente a la guerrilla. Con el Triunfo de la Revolución, el teniente, el sargento y el cabo que participaron en su fusilamiento fueron apresados. Para asombro de los acusados, el día del juicio René apareció entre los testigos. Los esbirros de la tiranía merecieron ese día la muerte.

(*) La autora es periodista del Telecentro Perlavisión.

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Miércoles, 03 Septiembre 2014 09:18

La sangre no permite traiciones (+ Vídeo)

5 de septiembre de 1957. Posiblemente, tras la fundación de la ciudad, el 22 de abril de 1819, no exista otra fecha más relevante en la vida de Cienfuegos. Quizás me equivoque, pero cuando uno revuelve el pasado, lo trae al presente e intenta, incluso, mirar al futuro, los acontecimientos de aquella jornada nos hacen tragar en seco cualquier tipo de conjetura y ceder, definitivamente, ante su monumental trascendencia.

No importa el fracaso, sino el hecho. Una acción dirigida y consumada por los jóvenes del Movimiento 26 de Julio, se transformó, sin preverlo siquiera, en un levantamiento popular. El pueblo había entendido la necesidad de tomar las armas para forzar la independencia tantas veces arrebatada. Acontecía, pues, una de las más sinceras expresiones en la compresión de la conciencia nacional.

De ahí deriva ese espíritu de magnificencia que rodea a la gesta. Por encima del orgullo citadino, se impuso el compromiso por una causa mayor. La liberación del país no permitía esperas, ni dudas ni zozobras, porque, aun cuando la clandestinidad precisaba entonces de una mejor organización, la liberación del archipiélago reclamaba el urgente sacrificio de todos.

Así lo reconoció Fidel Castro Ruz, líder histórico de la Revolución, durante un discurso pronunciado aquí, a propósito del aniversario 20 de los sucesos de referencia.

"Es cierto que esta posibilidad que se creó (…) pudo haber constituido una ayuda extraordinaria para los combatientes de la Sierra Maestra, si efectivamente se hubiera realizado el plan del 28 de mayo; o si efectivamente, al comprobarse que el levantamiento era aislado, se hubiera podido persuadir a todos de que lo correcto era replegarse hacia las montañas del Escambray.

Pero de todas formas, aunque esto no se produjo, el hecho del levantamiento de Cienfuegos significó un aliento moral extraordinario para los combatientes de la Sierra Maestra. Ya la tiranía no podía continuar hablando de la unidad de sus fuerzas armadas.

"No pudimos mantener entonces el Cayo; no pudimos mantener el Colegio de San Lorenzo, ni el Ayuntamiento, ni el Parque Martí (…) No lo tomamos entonces; pero lo tomamos después, y lo tiene nuestro pueblo ahora, definitivamente y para siempre. (…) Hoy somos dueños de nuestra Patria, no solo porque supimos conquistarla, sino porque supimos también defenderla digna y heroicamente".

Sin embargo, no siempre se hace justicia. A veces permitimos olvidar o fingimos que olvidamos. A veces cerramos los ojos y dejamos a la deriva la Historia. A veces dejamos de ser lo que fuimos. Y a veces nos engañamos… Todo eso pasa. Pero cuando llega septiembre, cuando llega el 5 de septiembre, la sangre no permite traiciones.

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Sábado, 23 Agosto 2014 01:00

Efemérides del 23 de agosto

El 23 de agosto de 1889, nace Emilio Roig de Leuchsenring, quien desarrolló el estudio científico de la Historia de Cuba y trabajó en pos del rescate de los valores nacionales, contra el colonialismo y el imperialismo.

A su cargo de primer Historiador de La Habana, unió la de miembro de la Junta Nacional de Arqueología y Etnología, del Colegio Nacional de Periodistas y de la Comisión de Monumentos, Edificios y Lugares Históricos y Artísticos Habaneros.

1927.- Nace la cantante Coralia Fernández en el poblado de Regla, en la capital cubana.

Esposa del también cantante Ramón Veloz, ambos integraron un dúo que se ganó el cariño de la población en el programa de la televisión Palmas y Cañas.

1960.- Con Vilma Espín como personalidad dirigente, es constituida la Federación de Mujeres Cubanas, como culminación de un bello proyecto de fusión de todas las organizaciones femeninas del país.

1961.- El Comandante Ernesto Che Guevara comparece en la televisión para informar sobre la Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social, celebrada en Punta del Este, Uruguay, donde él desenmascaró las pretensiones de la Alianza para el Progreso.

1979.- Establecen Cuba y Santa Lucía relaciones diplomáticas.

1988.- Tras 10 años, siete meses y un día de prisión en Somalia, es liberado el combatiente internacionalista Orlando Cardoso Villavicencio, declarado posteriormente Héroe de la República de Cuba.

DE LA CRONOLOGÍA DE AGRESIONES Y TERRORISMO

1961.- Es asesinado un trabajador de la fábrica de cemento de Pinar del Río, y herido otro, al ser atacados por una banda terrorista.

También en esa occidental provincia resulta asaltada e incendiada una escuela rural, y el mismo día sufre graves heridas una anciana luego de ser asaltada su casa por una banda terrorista.

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Jueves, 21 Agosto 2014 08:54

Efemérides del 21 de agosto

El 21 de agosto de 1958, la Columna Antonio Maceo, al mando del Comandante Camilo Cienfuegos, parte de El Salto, en la Sierra Maestra, con la misión de llegar hasta Pinar del Río como en el siglo anterior habían hecho los mambises dirigidos por el Titán de Bronce.

Los 92 invasores enfrentaron cercos, emboscadas, el ametrallamiento de la aviación enemiga, marchas agotadoras a veces con el fango hasta las rodillas, un ciclón y la atenazante presencia del hambre y la sed.

A la llegada a la central provincia de Las Villas, a principios de octubre, el Comandante en Jefe Fidel Castro ordena a Camilo mantenerse allí para apoyar a la Columna Ciro Redondo, que había partido el 31 de agosto desde la Sierra Maestra, encabezada por el Comandante Ernesto Che Guevara.

1871.- Es fusilado por los colonialistas españoles el poeta Juan Clemente Zenea.

1899.- Fallece el general de brigada del Ejército Libertador, Francisco Varona González.

Nacido en Las Tunas en 1832, tuvo una destacada actuación en la Guerra de los Diez Años.

Se opuso al Pacto del Zanjón y junto a su primo, el mayor general Vicente García, participó en la Protesta de Baraguá.

Al proceso independentista de 1895 se incorporó en el mes de junio y se mantuvo en el Segundo Cuerpo del Departamento Oriental.

1974.- Cuba y Panamá restablecen relaciones diplomáticas.

2009.- Gana la cubana Yarelis Barrios, medalla de plata en el lanzamiento del disco con 65.31 metros, durante el XII Campeonato Mundial de Atletismo, celebrado en Berlín, Alemania.

DE LA CRONOLOGIA DE AGRESIONES Y TERRORISMO

1996.- Es detenido en Cuba el terrorista norteamericano Walter Van Der Veer, quien había introducido clandestinamente varios objetos y medios de uso militar utilizados por las fuerzas armadas de los Estados Unidos.

Realizó acciones de propaganda con materiales impresos que exhortaban a la sublevación popular, organizó planes terroristas contra centros socioeconómicos, religiosos y militares por orientaciones del denominado Frente de Liberación Cubano.

Publicado en Efemérides Día
Miércoles, 20 Agosto 2014 08:14

Mi entrevistada quiere dinero

Nunca lo hubiera imaginado. De cuantas cosas pueden predecirse, esa jamás tuvo espacio entre mis conjeturas. Aquella palabra me rebotó en el rostro, casi con la fuerza de un puñetazo, y penetró en los oídos hasta provocar un ruido ensordecedor, en medio del cual solo lograba escucharse: ¡Dinero, dinero, dinero!

Se trataba, en esencia, del cambio reclamado por la persona a quien había elegido como entrevistada: una mujer, ya gastada por los años, cuya historia de vida reposa en las pasarelas, los cabarets, los desnudos y la pose seductora a los ojos de un pintor. De alguna manera, trascendía en ella un pedazo de nuestra cultura durante la segunda mitad del siglo XX.

A la caza de esos detalles, aun sin certezas al respecto, toqué a su puerta. La primera impresión la dibujé a semejanza de mis antojos: una fémina encantadora, colmada de gracia y refinados modales, dada a la importancia, pero humilde. Algo parecido me habían descrito. Sin embargo, la segunda impresión robó todo mi aliento…

Su aspecto estaba desprovisto de aquellos días de gloria que una vez rebasaron las horas suyas para tomar las de otros. Nada artístico podía presumirse de un semblante afligido y desagraciado casi; nada artístico mutaba de una piel deshecha en el tiempo, nada artístico habitaba en un ser desaliñado. Su arte, ahora, era el cansancio, la necesidad.

Un torbellino le llevó todo: lo material, lo inmaterial, el alma. La transformó en una especie de hombre que solo da cuando recibe, en una especie de cortesana. De otro modo resultan inexplicables las palabras que ella vestía en su boca con cierta dosis de lógica, ya enterada de mis intenciones.

“Mira, yo no puedo ir contando esas cosas por ahí. Yo cobro por la historia, porque me han informado que tienen que pagármela. Cuando he sido entrevistada en la televisión, siempre me lo han pagado”, dijo con la voz entrecortada, temerosa, como si alguien la obligara a saltar al barranco de la inmoralidad.

Quedé mudo ante la excusa. Solo mi cara alcanzó a modular una forma de reacción. Los ojos crecieron en tamaño, la piel endureció, y una distancia abismal se hizo entre los labios. No podía creerlo, y no creía en nada de lo que había expresado. Quizás me hubiera equivocado de mujer, pensé a manera de consuelo; pero no…

Entonces, volví a mirarla, ya no con la misma devoción que provocara en mí su persona, aun sin conocerla. La miré con lástima. Intenté enredarla con vocablos suntuosos y loas, mas no cayó. Le hablé, incluso, del privilegio de traspolar su relato al papel, de concederle el derecho a la perdurabilidad. Nada la convenció.

Apenas alcanzaba a articular el mismo argumento, cargado, cada vez más, de una irracionalidad sin límites. Ella se resistía en su farsa, quizás a la espera de lograr algo que nunca lograría. Hablaba sin parar en busca de conseguir su pedido. Sabía que mi silencio había enterrado cualquier oportunidad. Le dije adiós.

Terminé abatido, desconsolado. Nunca hubiera imaginado semejante encuentro. La entrevistada tomó un puñal y destripó mis ideas, mis ilusiones, mis valores. Me dejó desarropado por dentro, herido, hasta casi morir. Sin embargo, incluso en medio de los destrozos, entendí su sinceridad y hallé una forma de honrarla.

Se me antojó que era ella una fémina encantadora, colmada de gracia y refinados modales, dada a la importancia, pero humilde. Una vieja reliquia de las pasarelas y los cabarets; un capricho de los pintores. A la oportunista, a la mujer que prostituye su historia... simplemente le di la espalda.

Publicado en Opinión

Las grullas viven en la Tierra hace mucho tiempo. Incluso, se dice que conforman uno de los grupos de aves más antiguos. Habitan en regiones de  África, Europa, Norteamérica, Oceanía, Asia… No les gusta volar; solo lo hacen para escapar de los depredadores o en la época de migraciones.

En Japón hay muchas grullas. Cada año viajan hacia allí, específicamente a la ciudad de Hiroshima, miles de estas aves de largo cuello, largas patas y escaso plumaje. Algunas son hechas con papel y se tornan, ciertamente, muy coloridas.

Suman miles… Las personas las dejan reposar en el suelo, tal como prefieren, bajo una estructura emplazada en el Parque Conmemorativo de la Paz. Pero no en el monumento principal, sino en otro dedicado a los niños; un reclamo de ellos tras la muerte de la pequeña Sadako Sazaki, una víctima de leucemia. Bueno, eso dicen. Sin embargo, en realidad la niña murió mucho antes…

LAS HORAS DE LA BARBARIE

Albert Einstein resulta, quizás, el científico más conocido del siglo XX. Y no es para menos. Su obra en el campo de la Física comprende las teorías general y restringida de la relatividad, además de las hipótesis sobre la naturaleza corpuscular de la luz. La verdad, ahora mismo no sé cómo explicar dichos aportes. Solo puedo comentarles que su autor, premio Nobel, nació en Alemania y se nacionalizó estadounidense.

Fue un hombre bueno, un defensor de la no violencia, con una activa participación en los movimientos pacifistas de la época. Sin embargo, una vez leída su biografía, no deja uno de azorase al conocer su vínculo con la tragedia de Hiroshima y Nagasaki, cuando dos bombas atómicas dejaron sin vida a esas ciudades.

En 1939, en una carta dirigida al presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, el genio advertía al mandatario:

"Recientes trabajos realizados por Enrico Fermi y Leo Szilard, cuya versión manuscrita ha llegado a mi conocimiento, me hacen suponer que el elemento uranio puede convertirse en una nueva e importante fuente de energía en un futuro inmediato [...] se ha abierto la posibilidad de realizar una reacción nuclear en cadena en una amplia masa de uranio, mediante lo cual se generaría una gran cantidad de energía [...]

Este nuevo fenómeno podría conducir a la fabricación de bombas y, aunque con menos certeza, es probable que con este procedimiento se puedan construir bombas de nuevo tipo y extremadamente potentes".

Pasaban los días de la Segunda Guerra Mundial. Los japoneses, enrolados en la contienda, padecían el embargo petrolero impuesto por Estados Unidos. Una y otra vez, el Emperador Hirohito había reclamado la disolución de ese bloqueo, pero a sus palabras se las llevaba el viento. Entonces, en una búsqueda desesperada por imponer su respeto, el 7 de diciembre de 1941, los nipones lanzaron un ataque aéreo masivo sobre el puerto de Pearl Harbor.

La acción provocó el hundimiento de 19 barcos y, por consiguiente, la muerte de 2 400 soldados y marineros estadounidenses. Una jornada antes, Roosevelt había autorizado un proyecto secreto conocido como Manhattan Engineering District, finalmente denominado Proyecto Manhattan. Con él se materializaron los temores de Einstein: Littley Boy y Fat Man, dos modelos de bombas atómicas, capaces de generar una explosión devastadora.

Hacia finales de julio de 1945, la rendición de Japón suponía el fin del conflicto bélico, una petición rechazada por el gobierno de ese país. Tras la negativa a dicho ultimátum, Harry S. Truman, presidente de Estados Unidos, aprobó el uso de las bombas con el fin de acabar la guerra y forzar así la sumisión de los nipones.

Monumento dedicado a Sadako Sasaki y a todos los niños que murieron a causa de las bombas atómicas. / Foto: Internet

Era 6 de agosto de 1945. Apenas había amanecido en Hiroshima, una ciudad con un alto potencial militar e industrial. La población registrada se calculaba en 381 000 personas. Los relojes marcaban las 8:15 a.m., cuando la nave Enola Gay dejó caer a Little Boy.

Toda la ciudad quedó cubierta de humo, y tras aquella masa, una nube con forma de hongo, perecieron de forma instantánea más de 80 000 hombres, mujeres, niños…; y otros 70 000 recibieron heridas. Para los norteamericanos, la rendición de Japón estaba a punto de suceder; pero no sucedió.

Así, el 9 de agosto, el espectáculo nuclear destrozó a Nagasaki, una ciudad con amplio desarrollo portuario y militar, luego de que el bombardero Bockscar lanzara sobre esa región a Fat Man. Se contaban cerca de 270 000 habitantes. Los relojes marcaban allí las 11:01 a.m. La  detonación causó la muerte inmediata de 75 000 personas aproximadamente. Tres días después, Japón depuso las armas.

Sin embargo, nada podía remediar la tragedia. Hubo incendios por todos lados. Los árboles fueron arrancados de raíz, y quemados por el calor junto a los animales. No quedó en pie una casa de madera. El fuego destruyó hasta las estructuras de acero de los edificios de hormigón. Y según cuentan, sobre algunas paredes, se podía apreciar la sombra de personas que resultaron pulverizadas al instante.

Yosuke Yamahata, fotógrafo del Ejército japonés, documentó en Nagasaki buena parte de los efectos del nuevo tipo de arma. Gracias a él nos llegan las imágenes de aquel infierno. Murió de cáncer terminal de duodeno a los 48 años, debido a su exposición a los residuales radiactivos.

De hecho, el total de víctimas supera la cifra de 250 000 personas. Incluso, todavía los japoneses sufren el nacimiento de niños con malformaciones a causa de la radioactividad. Una realidad horrible a la que contribuyó la ingenua advertencia de Albert Einstein, quien enterado de la existencia de la bomba, volvió a escribir al presidente norteamericano en un intento por evitar la catástrofe. Mas fue en vano. En Hiroshima y Nagasaki los relojes quedaron inmóviles. Marcaron para siempre las horas de la barbarie.

A LA MEMORIA DE SADAKO

La historia de los hibakusha es una historia de dolor. Hibakusha es una palabra japonesa que significa, literalmente, persona bombardeada. Así se reconocen a quienes sobrevivieron a las bombas atómicas. Hombres y mujeres desgraciados. Ellos casi fallecieron.

Después de la tragedia mutaron en fantasmas. Nadie les quería. Una rara sensación de lástima y soledad, confundió sus vidas. Nunca pudieron casarse ni formar una familia, le negaban la posibilidad de un empleo. Algunos jamás se volvieron a mirar en el espejo. Ignoraban lo que había ocurrido. Y morían sin saber de qué morían.

En el Hiroshima Peace Memorial Museum se guardan sus recuerdos…; todos trágicos. Una exposición de dibujos que evocan los fatídicos sucesos del 6 y 9 de agosto de 1945. Takeda Hatsue pintó gente quemada y con el cabello ardiendo que corre despavorida por la calle. Amano Katsuko esbozó a unos soldados que incineran a los cadáveres. Yamashita Mashato dibujó el cuerpo de un niño que apunta con sus manos al cielo.

Sadako Sazaki, otra hibakusha, hubiera pintado muchas cosas, pero no lo hizo. Tenía apenas dos años cuando comenzó a morir. Vivía en Hiroshima. Ella vio cómo el sol estalló en su ciudad  y le arrebató los edificios, las calles, los puentes, los amigos… Su sangre era mala, estaba enferma debido a la radiación. Murió a los diez años.

A su memoria, los compañeros de clase se volcaron en la construcción de un monumento en honor a todos los chicos que murieron a causa de las bombas atómicas. La iniciativa recibió el apoyo de 3 100 colegios, no solo de Japón, sino de nueve países, que aportaron el dinero para erigir un conjunto conocido como Torre de las Mil Grullas.

La obra, de los artistas nipones Kikuchi Kazuo e Ikebe Kiyoshi, se distingue por la sencillez. Sobre un pedestal de tres patas aparece la estatua en bronce de Sadako, quien sostiene una grulla de origami. Mientras, en los lados opuestos del pedestal, se encuentran las figuras suspendidas de un niño y una niña. Ellos simbolizan un futuro brillante y de esperanza.

Según la tradición, cada año llegan allí miles de grullas de origami, de todos los colores. La gente las deja reposar en el suelo, tal como prefieren. Dicen que es un mensaje de paz y de recuerdo. Un llanto. Miles de grullas llorando. El llanto de los hombres que no olvidan. Un llanto desesperado, inconsolable. El llanto de las grullas.

Dibujo animado dedicado a la tragedia ocurrida en Hiroshima y Nagasaki

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