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Jueves, 09 Octubre 2014 01:00

Efemérides del 9 de octubre

El 9 de octubre de 1963, el Consejo de Ministros, reunido en la ciudad de Bayamo, dicta medidas urgentes para contrarrestar los cuantiosos daños ocasionados por el ciclón Flora, que violentamente había azotado a la región oriental de Cuba.

Ante las grandes pérdidas humanas y materiales, el pueblo, sin amilanarse, se dispuso a afrontar la recuperación, estimulado por la presencia del Comandante en Jefe Fidel Castro, desde los primeros momentos, en los lugares más afectados por el desastre.

1896.- La patriota Evangelina Cossío se fuga espectacularmente de la cárcel donde estaba recluida por combatir al colonialismo español.

1919.- Aparece el primer número de Anales de la Academia de Historia de Cuba.

1919.- Fallece la poetisa María Luisa Milanés, quien destruyó parte de su obra. La revista Orto, de Manzanillo, publicó algunos de sus versos.

1952.- Es fundado el conjunto musical Los Muñequitos de Matanzas, considerado uno de los mejores exponentes de la rumba en Cuba.

1977.- Samora Machel, presidente de Mozambique y del Frente de Liberación de ese país (FRELIMO), es condecorado por el Comandante en Jefe Fidel Castro con la Orden Nacional Playa Girón.

2010.- El Consejo de Estado acuerda el restablecimiento de la Academia de la Historia de Cuba, con el fin de contribuir a la reafirmación de los valores e identidad nacional.

DE LA CRONOLOGÍA DE AGRESIONES Y TERRORISMO

1959.- Es secuestrado el yate Aries, al oeste de La Habana, por cuatro individuos armados que lo llevaron a Key West, Estados Unidos.

1960.- El estallido de un artefacto explosivo en el cine 23 y 12, en El Vedado, La Habana, ocasiona un herido, además de daños materiales al inmueble.

1966.- Se anuncia que murieron 45 personas al zozobrar embarcación en la que pretendían salir ilegalmente de Cuba.

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Miércoles, 08 Octubre 2014 01:00

Efemérides del 8 de octubre

Herido, con el arma inutilizada por un disparo y sin cargador en su pistola, el Comandante Ernesto Che Guevara es apresado el 8 de octubre de 1967, durante el combate sostenido en la quebrada boliviana del Yuro, como parte de su gesta de liberación latinoamericanista.

Quienes lo asesinan al siguiente día en una escuelita del poblado de La Higuera fracasaron al creer que, con su eliminación física, desaparecerían el pensamiento y el ejemplo del heroico guerrillero.

Junto al Che también son ultimados los combatientes Juan Pablo Chang (El Chino), peruano; el boliviano Simón Cuba Sarabia (Willy), y el cubano Alberto Fernández Montes de Oca (Pachuco).

1871.- El Mayor General Ignacio Agramonte protagoniza el rescate del Brigadier Julio Sanguily, considerado una de las acciones más audaces de la Guerra de los Diez Años.

1929.- Se funda la compañía aérea Cubana de Aviación, que convierte al país en uno de los pioneros del continente en vuelos comerciales.

1976.- Es constituida la Asociación de Innovadores y Racionalizadores. sustentada en el pensamiento económico y humanista del Comandante Ernesto Che Guevara, su presidente de honor.

1999.- El General de Ejército Raúl Castro Ruz preside la ceremonia de inhumación de siete internacionalistas en el memorial donde se encuentran los restos del Che y otros integrantes de la guerrilla boliviana.

Componen este tercer grupo, Juan Vitalio Acuña (Joaquín), segundo jefe de la guerrilla, los también cubanos Gustavo Machín Hoed de Beche (Alejandro), e Israel Reyes Zayas (Braulio), y los bolivianos Walter Arancibia Ayala (Walter), Freddy Maymura Hurtado (el Médico), Moisés Guevara Rodríguez (Moisés) y Apolinar Aquino Quispe (Polo).

Junto al Che, un primer grupo del destacamento de refuerzo llegó el 17 de octubre de 1997 al memorial situado en Santa Clara, y el segundo fue homenajeado el 30 de diciembre de 1998.

2000.- El General de Ejército Raúl Castro preside la ceremonia de inhumación de otros seis internacionalistas, en el memorial del Comandante Ernesto Che Guevara y sus compañeros de la guerrilla en Bolivia.

Integran este cuarto grupo, los cubanos Eliseo Reyes Rodríguez (Rolando, San Luis), Antonio Sánchez Díaz (Marcos, Pinares), José María Martínez Tamayo (Ricardo), los bolivianos Casildo Condorí (Víctor), Serapio Aquino Tudela (Serapio) y el peruano Restituto José Cabrera Flores (El Negro).

En total, escoltando a su jefe, hay 29 combatientes, y solo faltan por encontrar los restos del cubano Jesús Suárez Gayol y los bolivianos Raúl Quispaya Choque, Lorgido Vaca Marcheti, Benjamín Coronado y Jorge Vázquez Viaña.

DE LA CRONOLOGÍA DE AGRESIONES Y TERRORISMO

1959.- Cuba protesta ante el Gobierno de los Estados Unidos por los vuelos ilegales y piratas procedentes de ese país.

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Martes, 07 Octubre 2014 13:21

Efemérides del 7 de octubre

El 7 de octubre de 2004 fallece en La Habana, a los 73 años de edad, la actriz y locutora Consuelo Vidal Regal, una de las personalidades más populares en la historia de la Televisión Cubana.

Consuelito, como era conocida por todos, trabajó en obras teatrales, novelas y otros espacios. Resulta antológica su actuación, al lado de René de la Cruz, en el serial Julito, el pescador.

Junto a Cepero Brito, otra conocida figura de la animación, se impuso durante décadas en el programa Detrás de la fachada, donde legó escenas inolvidables para el humor en compañía del también fallecido actor Enrique Arredondo.

Actuó en diversas películas, entre estas, El robo (1965), Los pájaros tirándole a la escopeta (1984) y Reina y Rey (1994).

1804.- Es fundado el periódico El Criticón de La Habana. Publicó poemas y artículos, además de críticas literarias. Apareció hasta el 11 de diciembre de ese mismo año.

1877.- Es fundada por el doctor Luis Montané Dardé la Sociedad Antropológica de Cuba, que alcanzó fama en el mundo científico del último cuarto del siglo XIX por la cantidad y profundidad de trabajos presentados en sus sesiones y el prestigio de los miembros fundadores y de
quienes luego se sumaron.

1894.- Se funda en Cienfuegos el semanario político y literario La Juventud Liberal. Se dedicó a cuestiones de política, poemas, cuentos y otros artículos de interés literario. Colaboraron Aurelia Castillo, Úrsula Céspedes, Nieves Xenes, y César Cancio, entre otros. El último ejemplar consultado corresponde al 7 de abril de 1895.

1924.- Fallece en La Habana, la patriota Rosario Dubrocá Rodríguez, una de las iniciadoras del magnífico Cuerpo de Enfermeras Cubanas. A la edad de 25 años, fundó el primer hospital en San José de Las Lajas para atender a los combatientes que luchaban por la independencia de Cuba. Junto a su esposo, Armando Osorio, Rosario Dubrocá Rodríguez consagró su vida a la causa de la libertad.

1929.- A consecuencia de la tuberculosis, fallece el boxeador Esteban Gallard, conocido como Kid Charol, cuyo récord fue de 35 peleas ganadas y solo cayó en cuatro combates.

1954.- Se realiza la segunda expedición a la Gran Caverna de Santo Tomás, donde queda descubierta la Cueva del Abono.

1958.- Por Boquerones, Yaguajay, entra en territorio de la entonces provincia de Las Villas, la Columna No. 2 Antonio Maceo, al mando del Comandante Camilo Cienfuegos, en su marcha invasora.

1960.- Comienza oficialmente a funcionar el Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP).

1981.- Mediante los decretos 98 y 99 del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, son creados el Centro de Promoción Cultural Alejo Carpentier y el Centro Cultural Juan Marinello.

2011.- El Héroe de la República de Cuba, René González Sehwerert, sale de la cárcel de Marianna, luego de 13 años de cruel confinamiento.

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Yaguajay, Sancti Spíritus, 7 oct (AIN) En ceremonia familiar con honores militares hoy tendrá lugar en el Mausoleo del Frente Norte de Las Villas, en esta localidad, la inhumación de los restos de combatientes caídos en la Guerra de Liberación o fallecidos después del triunfo de la Revolución.
En ese sitio, donde el Comandante Camilo Cienfuegos celebró su último combate contra las tropas del ejército de Fulgencio Batista en diciembre de 1958, serán depositados los restos de un grupo de patriotas que se unirán a los que descansan en ese lugar desde que fuera inaugurado el monumento hace cinco años.
El Frente Norte de Las Villas se constituyó en octubre de 1958 luego de que la columna dos Antonio Maceo, comandada por Camilo Cienfuegos, se asentara en la zona de Yaguajay.
A esos rebeldes, que venían desde la Sierra Maestra con la misión dada por el Comandante en Jefe Fidel Castro de intensificar la guerra en el occidente de Cuba, se les unieron los destacamentos guerrilleros Marcelo Salado y Máximo Gómez que luchaban en la comarca.
El Señor de la Vanguardia como se bautizó a Camilo por sus compañeros de lucha, extendió la zona de operaciones guerrilleras del Frente a Chambas, Morón, Caibarién y Remedios, teniendo como centro la sierra de Bamburanao.
Durante más de dos meses de combates, los insurrectos decidieron estrechar el cerco rebelde sobre el cuartel de la guardia rural, la principal fortaleza de los soldados batistianos en la zona norte villareña.
Después de 11 días de asedio y constantes ataques sobre la instalación, el jefe de esta decidió la rendición y Camilo con su tropa entró victorioso a la guarnición el 31 de diciembre de 1958, por lo que se ganó a partir de ese día el calificativo de Héroe de Yaguajay por el pueblo cubano.

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Lunes, 06 Octubre 2014 09:44

Los recuerdos tristes también se heredan

Mi madre aún conserva aquel periódico del 14 de octubre de 1976. Casi ilegible por el tiempo, y a pesar de los dobleces para hacerlo caber en la vieja caja de madera, el papel amarillo por el paso de los años todavía enseña nítidamente el titular: “Trasladados a Cuba los cadáveres rescatados. Tendidos en la base del monumento a Martí”.

Junto a las primeras fotos de sus hijas, medallas de vanguardia nacional y hasta una de aquellas libretas de ropa por cupones de la década del 80, guarda esa edición en blanco y negro del periódico Granma.

Hace años, cuando lo descubrí entre sus recuerdos, me dijo que ese hecho marcó su vida… Y ella no fue de aquellos padres que perdieron a sus hijos, ni de esos hijos que perdieron a sus padres.

Pero pensó en mi hermana Kenia y sus apenas ocho años, y comprendió el desconsuelo de los familiares de los casi niños que integraban el equipo juvenil de esgrima.

Imaginó entonces el dolor de los infantes que quedaron huérfanos, como la pequeña de Miriam Remedios de la Peña, una cienfueguera cuyo último deseo fue —seguramente— abrazar a su hija.

Supongo que es el recuerdo de los seres queridos la única compañía cuando se acerca la muerte, el mayor estímulo cuando se trata de pilotar un avión que, destrozado por las bombas, de manera irremediable caerá al mar.

Entiendo entonces por qué, cual si fuera una de sus más preciadas memorias, mamá no se desprende de ese diario de jueves. Todavía la estremece la conmovedora imagen de Caridad Bocalandro y Raúl Rodríguez del Rey, llorando desesperados frente al retrato de su hija María Elisa.

Con cuidado mi madre hojea esa edición con casi 38 años. Ante la foto de Carlos Leyva González se detiene. Lo mira e imagina el varón que siempre quiso y nunca llegó.

¡Y el asesino sigue vivo! —se repite mami, como un martillo que golpea a diario la justicia—, mientras tres cubanos que impidieron actos parecidos siguen presos en la misma tierra que alberga libremente al terrorista.

Cuando el avión de Barbados cayó, ella no recuerda donde estaba, pero sí no puede olvidar cuánto la estremeció la noticia al escucharla por radio. Por ello no logra desprenderse de ese papel que ha guardado por más de tres décadas.

Hoy ha descubierto que un buen amigo guarda la edición del día anterior. Tampoco él ha podido despegarse de ese triste recuerdo. “Voy a regalártelo, quiero que lo guardes, me ha dicho Iván”.

Serán entonces dos periódicos que guardaré con congoja, como lo ha hecho por 38 años mi mamá. Pero esos recuerdos desgarradores también se heredan, porque tales injusticias, no se pueden olvidar.

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Corrían los años cincuenta de la pasada centuria y el ambiente en los países de Europa del Este se tornaba conflictivo. La clase obrera emprendía sus primeras batallas frente a la crisis alimentaria y las altas normas de trabajo impuestas por los gobiernos pro soviéticos.

En este contexto, la huelga insurreccional en la Alemania Democrática el 17 de junio de 1953 –aunque fuese derrotada– tuvo gran connotación: expresó la incomodidad de los trabajadores, puso al descubierto la flaqueza del poder establecido y despertó la alarma ante un posible ascenso de las masas.

Tales sucesos acontecían bajo el efecto de las modificaciones realizadas en la estructura jerárquica del Kremlin. Tras la muerte de Stalin en marzo de 1953, la burocracia rusa optó por colocar en la cima al "ala liberal", cuya política de concesiones resultó ineficaz, al menos en territorio húngaro.

Comenzaba entonces un período de reformas, las cuales echaron raíces –a manera de vertiente ideológica– en el propio seno de los partidos comunistas. Estas encontraron en la figura de Imre Nagy a su máximo exponente en Hungría, quien en 1953 asumiera el cargo de Primer Ministro en sustitución de Mátyás Rákosi.

A LAS PUERTAS DEL CONFLICTO

El cambio vino como anillo al dedo: la "desestanilización" propuesta en el informe de Nikita Kruschev durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), celebrado en febrero de 1956, ya causaba estragos en el aparato estatal húngaro cuando unos meses después (julio) se consumara la destitución de Rákosi.   

Muchos divisaron en la apertura de las tendencias reformistas una señal de esperanza: la posibilidad de romper las cadenas que aliaban al bloque oriental con los soviéticos. Según el marxista Nahuel Moreno, "el XX Congreso mostraba que la presión de las masas era tan potente que anunciaba la proximidad de un enfrentamiento total, de conjunto, de las masas contra la burocracia…".  

El supuesto tránsito pacífico hacia el socialismo por el cual abogaba Kruschev no permaneció exento de frenos. Cuando en 1955 las reformas impulsadas por Imre Nagy evolucionaron en una dirección contraria a Moscú, el gabinete ruso en funciones se deshizo de él, incluso, lo expulsó de las filas del Partido Comunista.

Al margen de la inestabilidad existente en la dirigencia húngara, otros hechos matizaban el año 1955. Estudiosos cubanos sostienen que teniendo en cuenta la situación creada en Europa como consecuencia de la formación de bloques políticos–militares imperialistas que acrecentaban el peligro de una nueva guerra y constituían una amenaza a la seguridad nacional de los estados pacíficos, la Unión Soviética y los países de la democracia popular firmaron el Tratado de Varsovia, cuyos signatarios contrajeron compromisos políticos y militares.

Significativa repercusión cobró en el marco de la Guerra Fría la declaración de Austria como país desmilitarizado, postura que alimentó la ilusión húngara de convertirse igualmente en una nación neutral, en tanto crecía su importancia estratégica para el Tratado de Varsovia.

Todos estos acontecimientos agigantaban aún más la irritación en Hungría. Pero quizás el de mayor influjo en la sociedad fue el levantamiento de obreros ocurrido en la ciudad polaca de Poznan en junio de 1956. Allí, donde el suelo se manchó de sangre, los comunistas salieron airosos al conseguir concesiones comerciales y reducciones de tropas con el gobierno soviético.

Hubo entonces un aumento de los sentimientos críticos en el seno estudiantil e intelectual húngaro. Desde mediados de año había comenzado a funcionar en la Unión de Escritores el Círculo Petofi, en el que se debatían los temas más candentes que el país tenía ante sí. Finalmente, el 23 de octubre, miles de personas colmaron las calles de Budapest y destronaron una estatua de Stalin, cuya foto anunciaba al mundo el alzamiento húngaro en el otoño de 1956.

PROTAGONISTAS E INTERESES: EL GRAN DILEMA

¿Quiénes fueron los actores del alzamiento?, ¿qué esperaban de aquella cruenta lucha? En torno a estas interrogantes versa quizás la mayor controversia entre los historiadores. Mientras unos opinan a favor de los estudiantes e intelectuales, otros aluden al protagonismo de obreros y horthystas.

Apostar aquí por determinada perspectiva resulta entonces un tanto difícil. Sin embargo, a tono con el enfoque de este trabajo, acertado parece criterio del periodista Pepe Gutiérrez. "En el 56,  la mayoría de la población húngara no cuestionaba el socialismo, todo lo contrario. Lo quería completo, es decir con independencia nacional y con libertad".

Y ciertamente  pudiera ser ese el verdadero carácter que matizara los sucesos iniciados en Budapest el 23 de octubre de 1956, al margen de otros juicios incapaces de precisar el interés de los participantes en el levantamiento.

En cambio, sí hubo en Hungría heterogeneidad en cuanto a la composición social de las fuerzas insurrectas, todo un atentado a la finalidad del proyecto político por el cual protestaban.

De acuerdo con Dolores Ferrero Blanco,  profesora titular de la Universidad de Huelva en España, "pudo haber entre los que se alzaron contra el brutal régimen de Rákosi sectores apolíticos que sólo pretendieran mejorar su nivel de vida, lo que aparecía como algo muy factible casi con cualquier otro sistema; pudo haber también quienes añoraran un pasado de privilegios (si sus medios se lo habían permitido anteriormente) o prefirieran por elección ideológica el capitalismo y desearan aproximarse todo lo posible a un régimen occidental; otros, que fueran estalinistas convencidos y sólo tuvieran odio personal a Rákosi y a sus formas de gobernar. Finalmente, otro sector que pretendió, sin duda, una reforma del socialismo".

Contraria a la apreciación anterior discurren muchas otras, las cuales están signadas por la pertenencia a una tendencia ideológica. Varios  extremos  predominan en los escritos encontrados sobre este polémico  tema: algunos sugieren la presencia mayoritaria de los horthystas, mientras los pro capitalistas hablan de gente cansada ya del comunismo.

El estudioso Peter Fryer, al dar fe del alzamiento por él presenciado, niega el concurso de los fascistas y asegura la participación activa del pueblo común de Hungría: obreros, campesinos, estudiantes y soldados.

Sin desacreditar la privilegiada posición de Fryer como testigo de los hechos, debe agregarse no obstante, que entre los manifestantes sí existieron nazis. "En los distintos destacamentos armados combatieron en total unas 35 mil personas, de las que más de la mitad eran antiguos soldados y oficiales horthystas, que formaban la columna vertebral de los golpistas", asegura Brobov.

Hungría 1956: del ataque fascista y la traición revisionista

Un rol importante, y casi siempre entendido en términos reaccionarios, desempeñó el Comité Revolucionario de Intelectuales Húngaros, primero en brindar su apoyo a los estudiantes en  la génesis del conflicto y cuyo programa pretendía, entre un nutrido grupo de requerimientos: el derecho de propiedad de la clase obrera sobre todas las fábricas y minas del país.

Conforme al reclamo de los intelectuales, no pocos acentúan la naturaleza obrera del levantamiento húngaro  respecto a su esencia nacionalista. Al decir de Moreno, "esta es la razón por la que en un principio, dado el carácter general del movimiento –el conjunto de la nación contra el opresor extranjero haya intervenido en la lucha toda la población. Pero después va quedando como única dirección la clase obrera, que no sólo lucha contra la explotación nacional, sino también contra la burocracia nativa". 

A pesar de la diversidad de sectores involucrados en el alzamiento, en el transcurso de la lucha todos depositaron sus esperanzas en el reformista Imre Nagy ante la ausencia de un mejor liderazgo.

Según cuenta George Ferdinandy  –y con el también coincide Ferrero – Nagy era la única alternativa real. En 1956, un centenar de extremistas –estalinianos unos y otros tantos de la extrema derecha– eran de todos los húngaros los únicos que no lo seguían.

Definitivamente fueron las masas –estudiantes, obreros, campesinos, intelectuales, horthystas-, víctimas de la burocracia rusa,  el sustento ideológico del movimiento insurreccional, en cual confluían múltiples motivaciones sobre la base del aparente propósito principal: construir un socialismo propio antagónico al arbitrario modelo soviético.

MIRADA A LOS HECHOS

Todo comenzó –como se ha dicho– el 23 de octubre de 1956, y sin ánimo de restar méritos, como en tantas ocasiones de la Historia fueron los estudiantes los primeros en dar el golpetazo, aunque pronto recibieron el apoyo de intelectuales, obreros y otros sectores de la sociedad.

Las calles de Budapest eran un hervidero… Miles de personas imbuidas por la eficacia de la insurrección polaca exigían el retiro inmediato de las tropas soviéticas, la restauración del antiguo escudo nacional, la celebración de elecciones libres y la anulación de todos los acuerdos comerciales desfavorables a Hungría.

Mientras Budapest era un caos, naciones como Estados Unidos escondían bajo una supuesta indiferencia sus verdaderas intenciones, sacadas a la luz el 27 de octubre de 1956 en  publicaciones influyentes.Tales demandas tenían la pincelada de un elemento común: los húngaros obstinados del totalirismo político impuesto por el Kremlin insistían en su derecho de forjar un socialismo propio. Y en esa búsqueda intentaron un asalto a la radio estatal con la meta de hacer pública sus peticiones, pero allí el encontronazo con fuerzas de la AVH causó muertos y heridos.

La violencia ocupaba las plazas y avenidas de la capital, y bien poco demoró Moscú en saberlo. En horas de la noche el secretario del Partido Comunista Húngaro Erno Gero solicitó la intervención militar soviética para contener el desorden civil.

Según Brobov, "a las 23h, en virtud de la decisión del Presidium del CC del PCUS, el jefe del Estado Mayor de las FFAA de la URSS, general Sokolovsky dio la orden al Comandante del Cuerpo Especial  de comenzar el avance  en dirección a Budapest para prestar ayuda a las tropas húngaras en el establecimiento del orden y la creación de condiciones para el trabajo pacífico".

Nada sosegado hubo en aquel enfrentamiento: los civiles peleaban ahora  contra las fuerzas militares procedentes de Rusia. "Los trabajadores, narra Ramírez, ocuparon las fábricas, el pueblo tomó una fábrica de armamento y se enviaron al centro de la ciudad camiones cargados de armas en donde miles de trabajadores se las repartieron. Los consejos obreros, una forma organizativa que tuvo plena vigencia en 1919, se reprodujeron por todas las empresas. Su exigencia era liberarse del control burocrático. Esta fue la gran cuestión, las demás llegaron como añadidos. Una parte de la policía y de los soldados se unieron al pueblo, entre ellos el general Meleter, un brigadista internacional en la guerra española. A la mañana siguiente las calles principales estaban en manos de los trabajadores y estudiantes, se formó un Consejo Revolucionario y la Huelga General pronto se extendió por toda Hungría. El pueblo ya no aceptaba los gobernantes estalinistas…".

Así, el 24 de octubre, los manifestantes lograron consumar uno de sus reclamos al disolver el gobierno de András Hegedús. Con Imre Nagy como Primer Ministro, el nuevo gabinete abogó por el cese de la violencia y prometió dar cumplimiento a las reformas políticas concebidas tres años antes.

Mientras Budapest era un caos, naciones como Estados Unidos escondían bajo una supuesta indiferencia sus verdaderas intenciones, sacadas a la luz el 27 de octubre de 1956 en el influyente diario The New York Times. "El criterio, predominante, cita Moreno, entre los funcionarios, aunque nadie lo diga públicamente, es que la evolución hacia la libertad en el Este de Europa es mejor, desde todo punto de vista, que la revolución".

Tras siete días de guerra civil, el 30 de octubre la mayoría de las tropas soviéticas habían abandonado la capital, y cuando el regreso a la normalidad parecía alcanzable, Nagy advertía la voluntad de su país de retirarse del Tratado de Varsovia y convocar a elecciones.

El anuncio constituyó una amenaza clara al sistema pro soviético,  y aunque algunos historiadores cuestionan si fue o no determinante en la disposición rusa de intervenir por segunda vez a Hungría, al menos contribuyó a reforzar esa decisión.

Las cosas habían ido demasiado lejos en Hungría. Moscú podía aceptar ciertas reformas, pero de ninguna manera la independencia nacional húngara y su abandono del Pacto de Varsovia. Una desafección como la húngara, motivada además por una insurrección popular, podía ser el principio del fin de su dominio sobre la Europa del Este, sostienen algunos investigadores.

Por aquellos días, otras razones acrecentaban la preocupación de los rusos. El 29 de octubre de 1956, Israel con el consentimiento de los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) atacaron a Egipto –aliado de la URSS-  con el fin de apoderarse del Canal de Suez. Ante este hecho el PCUS valoró también la posibilidad de  una posible agresión a Hungría, incitada  por síntomas de crisis política.

En tanto, otras fuentes sugieren la influencia del líder chino Mao Zedong, cuyas palabras gozaban de gran prestigio en el gobierno moscovita.

Sin más historia, el 4 noviembre los tanques soviéticos volvían a Budapest y en tan solo cuatro  días hicieron sucumbir a los insurgentes. "Según los datos, apunta Brobov, con los que contamos, entre el 23 de octubre y el 31 de diciembre de 1956, a raíz del levantamiento y los enfrentamientos que le sucedieron, cayeron  de ambos bandos 2652 ciudadanos húngaros y 19226 resultaron heridos. Las pérdidas por el lado soviético ascendieron a 720 soldados muertos, 1540 heridos, y 51 desaparecidos".

Tan alarmantes cifras provocaron el rechazo de la comunidad internacional envuelta en el contexto de la Guerra Fría, y evidenciaron el carácter popular del alzamiento. El modelo socialista soviético lejos de afianzarse entró en un período de mayor  decadencia, aunque el fin le era esquivo aún.

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Una encuesta realizada por Pew Research, centro de investigaciones dedicado al análisis de la opinión pública, asegura que en 2010 el 72 por ciento de los húngaros entrevistados consideró crítica la situación de su país respecto a 25 años atrás. La información, difundida por Cubadebate (con datos de Russia Today), concluye que la población de esa nación afirma haber vivido mejor bajo el socialismo.

Sin embargo, tal aseveración  deviene cuestionable en todos los sentidos, porque 25 años atrás el socialismo en Hungría era, como en casi la totalidad de los estados de la Europa Oriental, un difraz, debido a la galopante occidentalización allí imperante. No pocos esperaban (anhelaban también) la caída del Campo Socialista.

Y si no bastara tal razón, habría que preguntarse por qué los húngaros tomaron las calles en octubre de1956 contra el sistema que los soviets le impusieron, una vez alcanzada la victoria contra el fascismo.   

Sin demeritar la credibilidad que pudiera tener la noticia publicada, prima cierta falta de perspectiva en su enfoque y una deliberada manipulación en la interpretación dada a los resultados de la encuesta. De ahí que le propongamos un acercamiento a lo que fue el socialismo húngaro y, particularmente, a los hechos de octubre de 1956.

CUANDO EL SOCIALISMO ENTRÓ A HUNGRÍA

Saqueada, destruida, arrasada, hambrienta su población... Fue este el triste saldo de  Hungría al término de la Segunda Guerra Mundial, cuando en 1945 la causa fascista por la que tanto luchara se perdiera entre un montón de escombros.

El Ejército Rojo, vencedor en el conflicto bélico, ocupaba el territorio nacional, y su presencia no sólo resultó un motor de impulso a las transformaciones por venir; evidenció, desde inicios del período posbélico, las pretensiones de dominio que animaban a las fuerzas soviéticas.

"De acuerdo con los términos del armisticio de 1944, alude el investigador Nahuel Moreno, Hungría fue obligada a entregar a la Unión Soviética reparaciones por valor de 600 millones de dólares. Además, los húngaros fueron obligados a pagar todos los gastos del Ejército Rojo estacionado y en tránsito por Hungría. Tan sólo en el primer año de la ocupación se expropiaron 4 millones de toneladas de cereal para alimentar a las tropas de ocupación rusas. Como en otros países de Europa Oriental los rusos constituyeron en Hungría sociedades mixtas. Esta maniobra le dio al Kremlin el control sobre la producción húngara de petróleo, bauxita, carbón, minerales, usinas, producción de maquinarias y automóviles, etcétera. Además, los rusos, invirtieron en esas compañías los valores que habían despojado a Hungría. Por ejemplo, en la Sociedad Mixta de Aviación las inversiones del Kremlin consistieron en los once mejores aeropuertos húngaros que el ejército ruso había liberado de los alemanes".

Como en otros países de Europa Oriental los rusos constituyeron en Hungría sociedades mixtas. /Foto; InternetLas desgracias esparcidas por doquier a raíz de la guerra demandaban la prontitud de una respuesta, a la cual asistió un gobierno de coalición que,  surgido en la lucha frente a los dirigentes  en alianza con Alemania, logró aunar en sus filas a buena parte de la población.
Claras divergencias referentes al estatus social, ideologías y metas a largo plazo reinaban en dicha estructura política, motivadas por la variedad de partidos –socialdemócratas, comunistas y campesinos– que agrupaban.  Pero al margen de todo esto, existían también propósitos comunes.  

Según narra Maurice Crouzet en su libro Historia General de las Civilizaciones, el acuerdo giraba en torno a un programa inmediato consistente en la depuración y castigo de los elementos fascistas y  colaboradores, reformas sociales vinculadas a la redistribución de las tierras pertenecientes a los alemanes, a los colaboracionistas y a los propietarios que habían abandonado el territorio nacional, y control del poder económico mediante la nacionalización de las industrias.

Tales reformas encontraron obstáculos en el camino, sobre todo porque en Hungría, aun cuando algunos autores señalen el creciente ascenso de los efectivos comunistas, eran los representantes de la burguesía y el campesinado quienes ejercían la mayor influencia.
Para sustentar este criterio, basta aludir a las elecciones celebradas en 1945,  donde el Partido Independiente de los Pequeños Propietarios obtuvo el triunfo con más del 57 por ciento de los votos.

La información anterior aparece publicada en el portal oficial Consulado Honorario de la República de Hungría; incluso, en materiales de Historia Contemporánea concebidos para la enseñanza cubana  reconocen –aunque de pasada– que los comunistas solo lograron conquistar posiciones rectoras en el curso de una aguda batalla.

Y ciertamente, aquellos primeros años de posguerra contaron con el matiz de confrontaciones ideológicas, políticas y económicas.  Según Crouzet, "se agrava la lucha entre los partidos, y la amenaza de que recuperen el poder las antiguas influencias, opuestas a las reformas, provoca el endurecimiento de los partidos comunistas y de Rusia, deseosa de no tener nuevos gobiernos hostiles instalados junto a sus fronteras".  

Ya para 1947 sí era mucho más evidente el peso de las fuerzas comunistas en el ámbito político húngaro, las cuales pusieron fin al multipartidismo al fusionarse con los socialdemócratas en un solo partido: el de los trabajadores húngaros, que ganara las elecciones de 1949.

Nacía así la República Popular de Hungría en medio de arbitrariedades que hoy todos admiten: el exterminio de las fuerzas opositoras dejaba libre el sendero para la aplicación inmediata del programa comunista.

Algunos autores como el escritor y publicista ruso  Alexander Bobrov,  advierten el carácter no democrático de las elecciones convocadas.  Sin embargo, desde la perspectiva del marxista Moreno "…la burocracia rusa negoció con el imperialismo el reconocimiento de su influencia sobre la región. Para ampliar su esfera de influencia en el mundo la burocracia pagó entregando la revolución, y el estalinismo se transformó desde ese momento en el principal sostén del debilitado y semi-derruido régimen capitalista en Europa".

Afín con los juicios expuestos, la consagración de Hungría dentro del Sistema Socialista Mundial no puede verse solo como fruto del ascendente influjo comunista; también mediaron intereses políticos y económicos de los soviéticos, quienes prácticamente la arrojaran al socialismo.

Y SE HIZO LA SOVIETIZACIÓN

Bajo el liderazgo del comunista Mátyás Rákosi sobrevino una ola de transformaciones, donde el ejemplo ruso cobró protagonismo en el quehacer político, económico y socio-cultural de Hungría; mas no siempre surtieron los efectos esperados.

El sistema legislativo y judicial, así como los postulados de igualdad ante la ley y la cultura, derecho al trabajo y a la asistencia social, se establecieron en consonancia con el modelo soviético.

Como en todas las naciones de Europa del Este, profundos cambios acontecieron en el ámbito socioeconómico. La reforma agraria  y la nacionalización iniciadas en suelo húngaro antes de 1949 -aun con el acecho de los opositores- , se materializaron finalmente.

Acorde al precepto "la tierra para quienes la cultivan", las familias campesinas más pobres gozaron de este privilegio; en tanto las grandes empresas metalúrgicas, los bancos y otros establecimientos laborales pasaron a manos del Estado.

Sin embargo, la distribución de las tierras entre modestos campesinos motivó la aparición de pequeñas fincas, las cuales al carecer de recursos monetarios y técnicos, debían su poco rendimiento a los campesinos más acomodados.

Para evitar esta situación de dependencia se crean las cooperativas, auxiliadas mediante créditos, donaciones de animales y estaciones de maquinarias. Tales circunstancias resultaron propicias para el surgimiento de la colectivización agrícola, proceso forzado ante el rechazo e inexperiencia en la dirección de las cooperativas.

Al decir de Moreno, "en todos lados ocurre lo mismo: brutales normas de producción y salarios miserables, confiscación de las cosechas a los campesinos y una política prepotente para que entren en las colectividades agrícolas".  Ya hacia 1955 el sector socializado en Hungría ocupaba el 30 por ciento de la superficie cultivable.

Desde la perspectiva de Crouzet, las transformaciones anteriormente descritas –sobre todo la mecanización del trabajo-  afectaron la vida de los campesinos. "Los hombres se han puesto bruscamente en contacto con un material moderno al constituirse los centros de maquinaria (…) Este maquinismo, que ahorra el esfuerzo de los hombres, plantea vivamente el problema de la superpoblación rural cuyo único remedio es la industrialización; considerables masas se han desplazado ya a la esfera industrial, hasta el extremo que en algunos puntos se ha agotado la reserva de la mano de obra agrícola".

También el principio de planificación –concebido a la medida del modelo ruso- con el fin de dar a todas las actividades una orientación de conjunto, destinó las mayores inversiones al desarrollo industrial en detrimento de la agricultura.

Estos criterios de prioridad concedieron a los obreros un rol de importancia dentro del nuevo sistema político e incidieron en la progresiva disminución de  habitantes en el campo. "Así, agrega Crouzet, aparecen dificultades de abastecimiento de las ciudades en cuanto a los artículos alimenticios y  a las materias primas de origen agrícola, que suscitan el descontento y enrarecen las relaciones entre obreros y campesinos".

Las transformaciones hasta aquí referidas acontecían en una atmósfera de  Guerra Fría, reflejo de las contradicciones entre los partidarios y detractores del socialismo.

En este contexto, el Plan Marshall –presentado  como un programa de asistencia económica– evidenció las pretensiones del gobierno estadounidense de oxigenar a la decaída burguesía europea. El propósito cimero consistía en aislar a las democracias populares, que enroladas en un proceso de reconstrucción e industrialización, requerían importaciones y créditos extranjeros.
Hungría no permaneció ajena al acecho y se alió entonces al Consejo de  Asistencia Económica Mutua (Comecon) que, bajo el patrocinio de la Unión Soviética,  perseguía fijar planes a largo plazo, así como una integración  más estrecha entre las economías de las democracias populares.

Era esta la respuesta al Plan Marshall, y en honor a la verdad sus frutos no fueron tan amargos. A pesar de la interrupción comercial entre los países del Este y los del Oeste europeo, para 1951 la economía húngara experimentó notables índices de crecimiento en la industria –26 por ciento–, incluso en la agricultura –8 por ciento– que no obstante continuaba rezagada.

Precisamente, las escasas inversiones dedicadas a la actividad agrícola, junto a  los enormes créditos participantes en el proceso de industrialización y las reparaciones de guerra, conspiraron a favor del conflicto por venir. El descontento de la gente era inevitable: la deuda externa aumentaba por día, la crisis alimentaria se acentuaba cada vez más, el nivel de vida iba de mal en peor.

Similar situación de caos reinaba en el terreno político y sociocultural. La severa represión emprendida por Rákosi contra los adversarios del aparato estatal vigente contribuyó a la desmoralización de su gobierno.

El propio Bobrov, defensor a toda costa de la causa comunista, acepta que la AVH (Seguridad del Estado) reprimió a la oposición, a la Iglesia, a los oficiales, a políticos del viejo régimen y a los nuevos enemigos.  Y al parecer así sucedió, pues según el portal del Consulado Honorario de la República de Hungría, miles de personas fueron deportadas, llevadas a campos de trabajos forzados y encarceladas.

Gran disgusto generó también la nacionalización de los bienes eclesiásticos y la abolición de la enseñanza religiosa, medida que obedeció a la actitud anticomunista asumida por la Iglesia Católica. "Hacia la Iglesia, cita Crouzet, convergían los lamentos y las esperanzas de los propietarios desposeídos, de los funcionarios expulsados, de los burgueses temerosos, de los campesinos que veían amenazadas sus propiedades… Esta inesperada popularidad, animó al Vaticano y decidió a la jerarquía a adoptar una actitud más firme aún".

La construcción de centros escolares, bibliotecas y facultades  en beneficio de los estratos más bajos de la sociedad constituyen méritos innegables de la democracia popular húngara. Pero todo eso se fue  a la basura con la politización del sistema educativo: el idioma ruso y la instrucción comunista devinieron estudios obligatorios en escuelas y universidades de la nación.

Se asistía entonces a una sovietización de la vida cultural de Hungría que sembró la angustia entre amplios círculos de intelectuales. "El estalinismo, comenta Nahuel Moreno, impide a los trabajadores toda manifestación independiente en cualquier terreno: científico, artístico, político o nacional".

No menos importante resultó el debilitamiento del Estado, fruto no sólo de una excesiva burocracia que desatendía las necesidades e intereses de las masas, sino además de la inflexibilidad del modelo de construcción socialista y de la concentración del poder, congruente con la doctrina bolchevique del "centralismo democrático".

A juicio de algunos investigadores cubanos, la importación del modelo soviético hizo estragos en la realidad de toda Europa Oriental. No hubo una aplicación creadora del marxismo-leninismo, y si bien cada nación partió de grados de desarrollo económico diferentes  y la guerra no lastimó por igual a cada país, al introducirse un esquema de desarrollo similar para todos, a la larga, las dificultades salieron a flote con  resultados parecidos.

Sin dudas, la  fusión de los factores expuestos multiplicó la tensión, y a pesar de las concesiones hechas entre 1953–1954 con el fin de consolar el descontento popular - estímulo a la agricultura, la construcción y la producción de bienes de consumo, elevación de los salarios reales, reducción de impuestos, reforma de la justicia y de la política, simplificación de los trámites administrativos, rehabilitación de las víctimas del gobierno, reforma de la burocracia y  sosiego del dogmatismo intelectual-, el malestar  en Hungría resultaba asfixiante e irremediable.

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De aquel 11 de septiembre de 1973 conozco lo que otros han dicho o escrito: "El mandatario se ha suicidado". Así le informaron al general Pinochet en Chile sobre la muerte del Presidente. Y, pese a las dudas infundidas respecto a la maltrecha historia, el doctor Patricio Guijón asegura haberlo visto dispararse en la barbilla, mientras gritaba: "¡Allende no se rinde, milicos de mierda!".

No olvido, sin embargo, el otro 11 de septiembre, pero de 2001. Tenía 13 años, y todavía me recuerdo, frente al televisor de mi prima Nora, en el horario del mediodía. El Noticiero reiteraba las imágenes de la tragedia: en Nueva York, Estados Unidos, par de aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas. Dos horas después, de aquellos rascacielos solo quedaban escombros.

¿Coincidencias? Yo no creo en coincidencias. Creo en los hombres. Y como creo en ellos, los creo capaz de todo…

EN EL PALACIO DE LA MONEDA

La sangre para ellos son medallas.
La matanza es un acto de heroísmo.
¿Es este el mundo que creaste, Dios mío?
¿Para esto tus siete días de asombro y de trabajo?
 
(Somos cinco mil, última canción de Víctor Jara)

Allí, en algún lugar, perdura el rastro de sus espejuelos rotos, acribillados por las balas. Unos grandes espejuelos que lo identificaban. Cuando lo encontraron muerto, desfigurado, tal vez nadie deparase en las enormes gafas, pero allí estaban, lo sé. Le acompañaron desde la mañana de ese 11 de septiembre de 1973 y junto a él, perecieron.

Gabriel García Márquez lo ha evocado: "Había cumplido 64 años en el julio anterior y era un Leo perfecto: tenaz, decidido e imprevisible. Lo que piensa Allende sólo lo sabe Allende, me había dicho uno de sus ministros. Amaba la vida, amaba las flores y los perros y era de una galantería un poco a la antigua, con esquelas perfumadas y encuentros furtivos.

"Su virtud mayor fue la consecuencia, pero el destino le deparó la rara y trágica grandeza de morir defendiendo a bala el mamarracho anacrónico del derecho burgués, defendiendo una Corte Suprema de Justicia que lo había repudiado y había de legitimar a sus asesinos, defendiendo un Congreso miserable que lo había declarado ilegítimo pero que había de sucumbir complacido ante la voluntad de los usurpadores, defendiendo la libertad de los partidos de oposición que habían vendido su alma al fascismo, defendiendo toda la parafernalia apolillada de un sistema de mierda que él se había propuesto aniquilar sin disparar un tiro".

Dicen que después de su muerte, una mitad del país sufrió y la otra celebró. Que en algunas revistas y diarios se sacaron botellas de champagne. Que a los dirigentes de la Reforma Agraria los fusilaron en el mismo lugar de detención. Que en fábricas y universidades los arrestos resultaron masivos.

A Víctor Jara, el referente de la canción protesta, también lo capturaron… y lo asesinaron luego (16 de septiembre). Y a Pablo Neruda, enfermo de cáncer y casi moribundo, la agonía por lo acontecido le tendió una trampa. (23 de septiembre). Murió desesperado y desprovisto de amor.

EL HOMBRE QUE CAE

De los años vacíos e inútiles de los demás,
Yo entrelazado con los demás,
La pregunta, ¡oh, mi yo!, la triste pregunta que
Vuelve: "¿Qué hay de bueno en todo esto?".

(¡Oh yo, vida!, Walt Whitman)

De pronto sobrevino el estruendo. ¿Cómo imaginar que algo así sucedería? Impensable… Y tras el estruendo, los gritos, la desesperación, el llanto, la venida abajo, estrepitosa, de aquellos enormes edificios. El atentado del 11 de septiembre de 2001 causó la muerte a 3 000 personas. Incluso, a quienes sembraron esperanzas en su familia mediante una última llamada.

Lo hizo el chef Moisés Rivas, luego del impacto de un avión Boeing contra la torre norte del World Trade Center. Su hija adoptiva tomó el teléfono y le hizo saber a Elizabeth, la esposa, una insólita declaración: "Sí, mamá, dijo que no te preocuparas. Que está bien. Dijo que te ama sin importar lo que ocurra".

Melissa Harrington, una joven ejecutiva de 31 años,  se comunicó con el padre, cuando ya el humo le ahogaba los pulmones y era nula la posibilidad de escapar de la llamas. Este, al ver por televisión cómo se desplomaba el inmueble donde trabajaba su hija, actuó con serenidad: "Ve hacia la escalera y sal de la torre tan pronto como puedas", insistió. Luego le dijo que la amaba. Y ella le respondió igual.

De tal "suerte" contaron quienes tuvieron el valor de despedirse. Muchos corrieron por las escaleras y nunca consumaron el intento de salvación, algunos se sentaron a esperar lo inesperado, y otros, presos del pánico, saltaron al vacío.

Richard Drew, fotógrafo de la agencia Associated Press (AP), tomó una imagen impactante sobre estos hechos: un hombre que cae desde gran altura, bocaabajo, y con la torre norte de fondo. Su nombre: Jonathan Briley, de 43 años, empleado en uno de los restaurantes situados en la planta superior del edificio.

A él, como al resto de las víctimas, lo han llorado los norteamericanos. Para ellos no existe consuelo. Tampoco para los chilenos ni para los hombres que aman la vida. Y aunque parece demasiado para un solo día, mejor no hablar de coincidencias. No es esa la palabra exacta.

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Viernes, 05 Septiembre 2014 07:54

Insomnio este 5 septiembre

La ciudad no ha dormido, o mejor, no ha querido dormir. Uno se vuelve a las calles y no logra pecirbir ni un atisbo de sueño, ni un bostezo… nada.

La velada ha comenzado muy tarde, o muy temprano, ¿quién sabe?  Y aunque la noche todavía abraza a Cienfuegos, los viejos, los jóvenes, los niños, han decidido adelantar el amanecer.

Una razón los motiva: el recuerdo, la evocación, la Historia. El 5 de septiembre de 1957, otros aventajaron al sol. Sus razones también eran otras: la urgente necesidad de zafar las ataduras que conducían al país hacia la degradación social, el irrefutable derecho a esa sensación de libertad tantas veces anhelada, forzada, y nunca conseguida entonces.

Allí, junto al mar, comenzó todo. En Base Naval de Cayo Loco. Un grupo de marinos, bajo las órdenes del cabo Santiago Ríos, le arrebató las armas a los secuaces de Fulgencio Batista. Luego sobrevino el combate: en el Parque, en el Ayuntamiento, en el Colegio de San Lorenzo. Y al final, más allá del fracaso, los muertos y la frustración, se impuso la trascendencia.

Hacia allá van los viejos, los jóvenes, los niños. Van cientos de cienfuegueros. Ellos no olvidan, no pueden olvidar. La madrugada parece tan perdurable como sus memorias. Este 5 de septiembre no es día para el sueño, sino para el insomnio.

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Viernes, 05 Septiembre 2014 08:00

Almas erguidas sobre el obelisco

Hacia allá marcha ahora la ciudad: los edificios con sus balcones, las estatuas, las cúpulas, el mar, la gente… Ocurre así cada septiembre, cada 5 de septiembre. Los hombres que no olvidan, anudan sus pasos al triste recuerdo de aquella jornada. Y los hombres que no conocen o les resulta indiferente el tributo, ceden ante el dolor del prójimo, porque no pueden resistirse a la Historia.

Parece pesado el camino, muy pesado. Demasiado largo para quienes lo recorren hace ya 57 años y han visto, incluso, florecer sus canas y asaltar las arrugas, casi de pronto, sin notarlo siquiera. Todo ha acontecido durante el reiterado itinerario: cinco kilómetros que agotan la fortaleza de las piernas y ponen a prueba las muletas.

Sin embargo, cuando se mira bien, suele sorprendernos la candidez de unos rostros lozanos, resueltos siempre a la evocación. Ellos hablan mucho, no callan, sonríen… Quizás intenten moderar las penas propias de la travesía, mas no lo consiguen.  Solo entonces sucumben al silencio.

El camposanto asoma. Una construcción imponente para el descanso de los muertos y el llanto eterno de los vivos. Tiene varios senderos, y muchos árboles, y muchas tumbas. Es terriblemente bello. Allí duermen los mártires del 5 de septiembre de 1957, cuando la exaltación de Cienfuegos contra la dictadura de Fulgencio Bastista. Duermen, también, los desaparecidos, los no encontrados una vez cesado el fuego.

Casi a la entrada del cementerio, luego de perecer ante el majestuoso pórtico, se erige un sobrio monumento: el mausoleo a los hombres que protagonizaron la gesta. Levantado en 1977, la obra pertenece a los arquitectos Daniel Taboada y Enrique Capablanca, y al escultor Evelio Lecour.

Luce sencillo, pero algo tiene. Uno no puede despojarse de esa sensación de solemnidad  desprendida de su simple composición. La base de mármol no solo concreta el espacio. Reposan en este lugar los osarios y desafía la altura una enorme columna. Y sobre la columna, unos hombres, fundidos en cobre martillado, empuñan todavía sus fusiles.

Hacia allí ha llegado la ciudad: los edificios con sus balcones, las estatuas, las cúpulas, el mar, la gente… Han llegado los viejos con sus canas, sus arrugas, sus muletas. Han llegado los jóvenes con su sonrisa. Han llegado las flores. Ha llegado la Historia. Incluso, he llegado yo varias veces. Y he mirado, rebelde, al obelisco donde se yerguen la almas.

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