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Hora local en Cuba:

Desde el momento en que Fidel y Abel se conocieron, el primero de mayo de 1952 ante la tumba de Carlos Rodríguez - obrero asesinado por la tiranía-, lograron una plena identificación ideológica.

Esta los llevaría a trazar juntos los planes del asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, ocurridos el 26 de julio de 1953.

Abel era un joven de extraordinaria visión política, inagotable optimismo y lector infatigable, cualidades que comenzó a forjar desde la adolescencia en su natal Encrucijada. Con el tiempo, sería quien con más celo y firmeza seguiría las orientaciones de Fidel.

Cuando el ejército de la tiranía ocupó la granjita Siboney, tras los sucesos del Moncada, encontró un volumen de las obras escogidas de Lenin; el libro tenía la firma de Abel. Había leído también a Marx y Engels; así como realizó el profundo estudio de la obra de José Martí.

Eso le permitió comprender la realidad y encontrar el camino que llevaría a su generación a conquistar la victoria y con ella el porvenir, una vez que se decidiera a seguir a Fidel en ese empeño.

"Basta ya de pronunciamientos estériles sin objetivo determinado, escribió en carta abierta publicada en la prensa antes del asalto al Moncada. Una revolución no se hace en un día, pero se comienza en un segundo. Hora es ya. Todo está de nuestra parte".

"En mi casa -relató su hermana Haydée Santamaría- se discutía mucho. Abel y Fidel exponían el ideario martiano, el Manifiesto de Montecristi, los Estatutos del Partido de Martí. Abel exigía a cada compañero ser profundamente martiano y muchas veces le oí decir que estudiando a Martí profundamente ninguna persona tendría dificultad para encontrar el verdadero camino".

Abel era "el alma del Movimiento" que inició la lucha armada. Así lo calificó Fidel en la granjita Siboney momentos antes de partir hacia el Moncada, cuando el joven revolucionario reclamaba para sí el lugar de mayor peligro en el asalto a la fortaleza.

Cuando falló la toma por sorpresa del Moncada, y desde el hospital civil santiaguero, Abel se dio cuenta, tuvo la seguridad de que no viviría. Entonces se volvió hacia Haydée, y le dijo: "Bueno, aquí nos van matar, pero oigan bien, Fidel es el que no puede morir, Fidel no puede morir", reiteraba una y otra vez

Su identificación con el jefe del asalto era plena, hasta tal punto, que horas antes de partir para atacar la fortaleza, Fidel hizo pública ante los futuros combatientes la designación de Abel para que lo sustituyera como jefe del Movimiento, si él moría en la acción.

Fidel dio muestras en reiteradas ocasiones de sentir gran admiración y respeto el joven revolucionario. Ante la absurda acusación por parte del fiscal durante el juicio por la causa 37, Fidel respondió indignado: "Esa es una calumnia infame; la memoria de Abel Santamaría no la pueden manchar, había que conocerlo. Abel era el más valiente, el más recto; era honesto, no puede pensarse nada deshonroso de su persona; quieren manchar su recuerdo, después que se ensañaron con él (...)".

Hoy, cuando se han cumplido los sueños de aquellos jóvenes, se hace más vigente el ejemplo de lealtad y entereza de Abel y su sentencia de que: "Una revolución no se hace en un día (...) ¡Adelante!" tal como respondió poco antes del golpe de estado de Batista. 

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Mientras habla, Antonio Espino Suárez, pareciera haber vuelto a ser joven. Cuenta lo ya muchas veces narrado: cómo él -parado en la intersección entre la Calzada y la calle Manacas- debía preservar la seguridad de sus compañeros en tanto estos prendían fuego a la gasolinera de la Shell y al garaje Cartoqui, el 30 de noviembre de 1956.

La acción fue planeada por el Movimiento 26 de Julio en Cienfuegos para ser ejecutada de manera simultánea a las de Santiago de Cuba, donde sí ocurrió un levantamiento popular. La intención era, en ambos casos, desviar la atención de las fuerzas militares lideradas por el dictador Fulgencio Batista y facilitar así el desembarco del yate Granma, con una expedición de hombres decididos a llegar a la Sierra Maestra y, desde allí, enfrentar al régimen en el poder.

Inicialmente se concibió acá una sublevación de la Marina, la cual los dotaría del armamento necesario para tomar otros puntos de la localidad, mas no se produjo. Se concretaría, sin embargo, el 5 de septiembre de 1957, cuando los cienfuegueros protagonizaron una heroica gesta a favor de la libertad de la patria.

Espino Suárez transmitió sus experiencias a los jóvenes de diversas edades presentes en el acto concebido para rememorar la efeméride. Compartió con ellos acerca de sus semanas en prisión y el posterior periplo por países de Centroamérica como Guatemala, Costa Rica y El Salvador.

“Nosotros hicimos lo que nos tocaba en ese momento, ustedes deben hacer ahora cuanto les corresponde: estudiar y ser fieles a la Revolución”, expresó.

Antonio Espino Suárez, protagonista de los sucesos del 30 de noviembre de 1956 en Cienfuegos, comparte su experiencia con jóvenes/Foto: Dorado

A propósito del 30 de Noviembre: Ardid

Ofrendas de Fidel y Raúl a héroes del 30 de noviembre

En coautoría con Melissa Cordero Novo, periodista del Cinco de Septiembre.

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Viernes, 30 Noviembre 2012 12:56

A propósito del 30 de Noviembre: Ardid

Un hombre solo camina y detiene la mirada en todos los árboles. La ciudad se inclina detrás. No hay paz como la noche ni mejor compañía que los pensamientos que le borrarán el limo al destino. Mañana, quizá, no esté, pero lo hará el paisaje. Mañana es el único punto movible dentro de una vida sin señas. Un hombre solo camina, escucha susurrar las casas, enroscarse las ventanas, levantarse los cimientos… un hombre solo, en la noche, es el único dueño de la libertad.

Nadie lo ha visto. Puso petardos en las esquinas, repartió folletines en las tardes, desde los balcones, y los papeles cubrieron el suelo del parque como la nieve en las montañas de Asia. Cosió brazaletes en rojo y negro y colocó el 26 justo en el centro. Reunió células en algunas casas y hubo de esconderse para el tiempo en que se hizo insoportable la persecución de la policía.

Pero se escurrió siempre al tiempo. Cuando llegaban los uniformados con las balas solo quedaba el rastro de su rebeldía y un murmullo entre la gente. La imagen de guerrero acompañó al pueblo que decidió combatir incluso después de los finales, la idea del levantamiento era mucho más fuerte que cualquier miedo.

Supo de los planes de apoyo con la antelación suficiente que le permitió organizar otro ataque, este, más al centro. Preparó con tino un plan de acción y continuó caminando en las noches, solo. La promesa de una insurrección que llegaría con la marea animó, infinitamente, todos los puntos rebeldes de la Isla. Llegará un yate, corrió la voz de la Sierra al llano, llegará un yate con 82 luces, se repetía.

Noviembre abrió paso al golpe con dulzura. Y cuando todo estuvo organizado en Oriente, cuando Celia y Frank se adueñaron del escenario en Santiago de Cuba, este hombre, solo, hizo similar en el corazón de Cienfuegos. La embarcación llegará el 30 y subirá a las montañas, corrieron otras voces, los estarán esperando, entretendrán a los batistianos para abrirles paso hacia el Turquino.

El mal tiempo retrasó al Yate Granma, pero en Santiago se levantaron y en Cienfuegos también. Un hombre solo incendió la gasolinera de la Shell. Ardió un pedazo del sur. Ardió la seguridad de los guardias que siempre se creyeron capaces de detenerlo. Ardió la paz de los equivocados.

Un hombre solo en medio de las cenizas de la ciudad piensa, camina entre la curva que continúa inclinándose de madrugada. Un hombre solo conoce las adversidades de los planes y conoce de fallos, pero no admite las derrotas. Continuará recorriendo las esquinas, a todas horas, esperando otro momento. Incluso cuando no esté.

Un hombre solo, que en realidad se multiplica al alba, espera otro mes y vence.

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Jueves, 06 Septiembre 2012 09:54

Las banderas de Julia

El bullicio de la mañana no la confunde, entonces ella se orienta como siempre y coloca los pies sobre las mismas lozas. Camina despacio, ya la joroba en la espalda no la deja ser tan ágil como antes y la explosión de la cafetera justo frente a los ojos, un tiempo atrás, le impide ver. Julia solo distingue manchas y voces, y algunas veces le parece que aún Juan la abraza. Cuenta que al nacer, la tiraron bajo agua porque la pensaron muerta, y fue su abuela, que le puso nombre de santa, quien la rescató de la muerte. Desde entonces, Julia Lutgarda Brito Clavijo no hizo más que luchar.

Aniversario 55 del levantamiento popular armado del 5 de Septiembre/Lotipo: InternetVivió un tiempo en Panamá, junto a Juan, el esposo, pero cuando volvió a su tierra por cuestiones de salud, prometió quedarse y ayudar para que dejara de sangrar. “Fíjate lo que te voy a decir -le apuntó al esposo-, si tú quieres, regresas a Panamá, pero yo me quedo aquí, yo no me voy, porque si no sirvo para matar, sirvo para que me maten. Yo no dejo a mi país en una dictadura como esta. Y él me respondió: si tú no te vas, yo tampoco”.

Fue cuando la vida de ambos comenzó a ser en destellos, cuando apoyaron la lucha clandestina sin importar las consecuencias, cuando se convirtieron en dos granos de arena de la gran montaña rebelde que cubrió a Cienfuegos el 5 de septiembre de 1957.

Julia tiene 91 años, pero recuerda con una nitidez sorprendente. Escucharla hablar es revivir la historia en imágenes. No tuvo hijos. Vive en Tulipán, en la misma casa, pegada a un costado de la bodega que antes le perteneció, y a la que ella nombró La panameñita.

“En aquel tiempo hacíamos de todo, y no se me olvida que el primer coordinador del Movimiento 26 de Julio de Cienfuegos, visitó esta casa, resultó Rigoberto García Flores. Nosotros enseguida nos hicimos miembros; en aquel entonces apenas llegábamos a diez, fuimos de los primeros”.

A veces salta en el tiempo, es inevitable, la memoria recorre los sucesos de maneras irregulares, pero siempre lo hace con devoción. Julia menciona muy seguido al “marinero de la esquina”, Raúl Arqué Fonseca, recuerda más adelante. Él fue uno de los lazarillos de Juan y de Lutgarda, el contacto que les permitió estar activos con las demás células y jefes de la revuelta que se preparaba en la ciudad.

Fabia Sánchez, hermana de Celia, envió el modelo de la bandera a izarse el día del alzamiento en la sede del Distrito Naval del Sur a Dionisio San Román, y este, a su vez, le encomendó a Raúl Arqué que encontrara a alguien para confeccionarlas. “El marinero de la esquina me preguntó que si yo me atrevía a hacerlas y le dije que sí, que cómo no.

“Al otro día fui a La Filosofía, una tienda que estaba donde se encuentra el hotel La Unión, y allí conseguí las telas a nivel de mentiras. Lo que sucedía era que el rojo y el negro estaban prohibidos, entonces me acerqué a las vendedoras y les dije: si ustedes ven el problema que tengo: a una vecina se le murió el esposo, tiene seis muchachos y no tiene cómo comprarse el luto. Y otra se antojó de echarle una promesa a Santa Bárbara y tampoco tiene dinero. Y yo la quiero ayudar, le quiero regalar a una el luto y a la otra la promesa. Así conseguí la tela.

Las banderas las hice de noche para que nadie me sorprendiera. Confeccioné cuatro en total. Una, la izaron el propio día 5 en el Cayo y luego la quemaron. Yo me quedé con las otras tres, pero después vino un compañero del carro de propaganda y quiso tener una, y Juan se la regaló. Otra está en el Museo Histórico Naval, pues yo se la entregué al Partido después del triunfo, y la última está en un museo, pero en Pinar del Río”.

Julia no hace pausas cuando conversa, y mira hacia un punto incierto del paisaje, tal vez, dándole forma a las palabras. El 5 de septiembre de 1957 fue crucial en su vida.

“Ese día se casaba mi cuñada en la Catedral, estaba lloviendo y yo no podía salir para allá. Entonces vino un complotado, porque yo aún no sabía nada del levantamiento, a buscar las banderas y también los brazaletes que yo había hecho desde hacía más de seis meses.

Enseguida presintamos todo en un paquete, fui con ellos hasta la posta No. 1 y me incorporé como ayudante de los sanitarios.

“Pero al rato de estar allí, llegó el civil que me había traído y dijo: oye esto es local, nosotros vamos a caer y tú no puedes morirte ahora, tú tienes que seguir con esta lucha hasta el triunfo”.

Julia pudo salir ilesa antes de que la situación se volviera más tensa en Cayo Loco y el parque Martí. Julia sobrevivió, mucho, al igual que aquella bandera que ondeó en 1957, sin patrones, en un asta libre. Y aunque hoy lo que más le duele es que ya no puede hacer nada por la Revolución, no sabe, que su dolor, está perdonado.

Julia y sus banderas pertenecen a la historia de Cuba, quizás por eso, antes de salir de su casa, me pareció que las llevaba tatuadas por todo el cuerpo.

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Amanecía, de forma solemne y familiar, en uno de los lugares más sagrados para el corazón de los perlasureños. Volvían a la vida los recuerdos, confirmaba su grandeza la fecha y así, con el heroico credo de sus años, como cada 5 de septiembre, acogió la mañana el cementerio Tomás Acea, de la ciudad de Cienfuegos.

Abría sus puertas a una peregrinación, muy ajena a la tristeza, después de varios kilómetros de recorrido. Con beneplácito recibía a miles de fieles a una causa, la de la lucha revolucionaria en Cuba, quienes honrarían en silencio el descanso eterno de sus mártires.

Aniversario 55 del alzamiento popular armado del 5 de Septiembre/Logotipo: VillafañaOtra vez la Marina de Guerra escoltó a los combatientes y de nuevo sonaron disparos, no de enemigos, sino de sincero respeto desde los fusiles de la Milicias de Tropas Territoriales. También estaban sus compañeros, sobrevivientes de la masacre posterior, gestores todos de una de las páginas de valentía y sangre mejor conservadas en el centro sur de esta Isla.

Y llegaron las flores, y algunas lágrimas…, pero fueron más las flores en las manos de un pueblo defensor de sus nombres en escuelas, industrias y en su ejemplar legado. Se inclinaron las frentes en homenaje, el mayor agradecimiento a la entrega de estos hombres.

“Al ver aquí a soldados de la Marina, revivimos lo sucedido -explica el Comandante Julio Camacho Aguilera, uno de los líderes del levantamiento armado. Sentimos gran alegría al constatar lo importante de nuestro esfuerzo, para disfrutar lo que hoy tenemos. Me satisface ver a esta juventud reunida, la cual no dudo tomará las armas por mantener estas conquistas si fuese necesario.

Si muchos de nosotros conservamos la vida, es gracias a esa actitud combativa del pueblo cienfueguero que nos escondió, alimentó y protegió cuando más peligrosa se tornó nuestra situación. Nunca lo olvido y eso me da el derecho de pensar que este pueblo es Cuba, como lo fue entonces”, asegura Camacho.

Concluido el acto, tuvo lugar la cancelación de un sello especial alegórico a los sucesos de septiembre, tercero con tal motivo, puesto en circulación desde este miércoles por el Ministerio de la Informática y las Comunicaciones. A dicho evento asistieron el Comandante Camacho, el General de División y Jefe del Ejército Central, Raúl Rodríguez Lobaina, así como las principales autoridades del PCC y el Gobierno en la provincia.

Durante la actividad, le fue entregada asimismo a Camacho Aguilera una réplica en madera del Colegio de San Lorenzo, último bastión de las fuerzas revolucionarias en los acontecimientos de 1957.

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Asaltos simbólicos realizados en Cayo Loco, el Colegio de San Lorenzo y la antigua sede del Ayuntamiento, movilizaron al pueblo de Cienfuegos desde bien temprano esta mañana. En dichos sitios, abrieron fuego, hace 55 años, civiles y combatientes del Movimiento 26 de Julio, quienes protagonizaron el levantamiento popular armado en la Perla del Sur, el 5 de Septiembre de 1957.

Presentes estuvieron los protagonistas del suceso, junto a sus familiares, y luego se trasladaron hacia el parque Martí, donde ocurrió el acto central por la efeméride. Presidieron la conmemoración, el Comandante del Ejército Rebelde, Julio Camacho Aguilera; Salvador Valdés Mesa, miembro del Buró Político del Comité Central del Partido y Secretario General de la CTC; Misael Enamorado Dager, miembro del Secretariado del Comité Central del Partido; Lidia Esther Brunet Nodarse, primera secretaria del Partido en el territorio, así como otros dirigentes de disímiles organizaciones políticas y de masas.

Aniversario 55 del levantamiento armando del 5 de septiembre de 1957/Logotipo: VillafañaEn las palabras de Yusniel Tartabull Contreras, se alzó la voz de los jóvenes cienfuegueros como agradecimiento eterno a los caídos durante el alzamiento de la ciudad, y de igual manera, la gratitud a cada uno de los sobrevivientes. Una rosa fue colocada como tributo en la fotografía de los complotados que perdieron la vida hace más de medio siglo, y los números culturales, interpretados por destacados músicos y pioneros de la Perla del Sur, también les rindieron tributo.

Las palabras centrales estuvieron a cargo de Lidia Esther Brunet Nodarse, quien hizo un breve recuento de los sucesos acontecidos en 1957. A continuación, realizó un balance de los indicadores económicos y sociales de la provincia e incitó a los cienfuegueros a trabajar con eficiencia, siendo ese el mejor homenaje a héroes y mártires del 5 de Septiembre.

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Olimpia solo atinó a esconderse cuando escuchó los tiros. Los ruidos la asustaron. Tenía 13 años y era poco probable que pudiera comprender cuanto sucedía. Cienfuegos se sublevó al amanecer, y horas después, ardía en un infierno de persecuciones y asesinatos. Olimpia se ocultó debajo de la cama y se tapó los oídos para no escuchar y olvidar el miedo; pero una bala la sorprendió.

Nada pudo salvarla: Olimpia Medina Arruebarrena, de 13 años de edad, murió en silencio cuando un proyectil le traspasó el dorso de la mano y llegó al cráneo. A su hermana Dalia, 5 años menor, otra bala le hizo perder el pie. Ellas no fueron las únicas víctimas civiles los días posteriores al 5 de Septiembre de 1957; las hordas batistianas hicieron llover las balas sobre la ciudad.

Aniversario 55 del levantamiento popular armado del 5 de Septiembre/Lotipo: InternetEl ametrallamiento fue una de las peores barbaries cometidas por la tiranía en la Perla del Sur. Intentaron hundir bajo sangre la sublevación, que tendría en sus manos el triunfo si a última hora hubieran conocido sobre el aplazamiento. A los caídos los enterraron en una fosa común. Los tiraron bajo tierra sin piedad, burlándose de ellos. Quedaron amontonados, sin identificaciones, sin féretros.

Dos Iluminadas perecieron sin luz: Sánchez Terry, se encontraba en la Estación de Policía para averiguar por su novio y la asesinaron sin preguntas; y Cordero Rivero, a quien la sorprendió un parto prematuro, pero las instalaciones hospitalarias estaban interrumpidas por órdenes de los esbirros. Ella murió, su bebé también.

A pesar de ello, Cienfuegos escribió la hazaña en todos los libros de Historia que sobrevinieron después y protagonizó su epopeya como otras ciudades del país. Aquella mañana de septiembre, hace ya 55 años, el pueblo se tradujo en marea indetenible.

Tal como lo acordaron los jefes principales de la acción: Julio Camacho Aguilera y Dionisio San Román, los complotados de la Marina se apoderaron del Distrito Naval sin mayores dificultades, alrededor de las 6:15 a.m.

Cuando la población conoció la noticia del levantamiento, no demoró en tomar las calles y pedir armas para defender la causa revolucionaria. Gracias a este apoyo ocuparon la Unidad de la Policía Marítima, la Unidad de la Policía Nacional y se capturaron decenas de soldados esbirros.

Luego vinieron las contradicciones: cuando los dos hombres al frente del movimiento insurreccional se dieron cuenta que ellos habían sido los únicos en alzarse aquel jueves del ‘57.

Camacho apostó por continuar el plan inicial de marchar hacia el Escambray para abrir un frente guerrillero, pero Dionisio no estuvo de acuerdo. Fue cuando decidió contactar con otra unidad naval y fue apresado y asesinado días después en La Habana.

A las 12:00 del mediodía los combatientes del M-26-7 ya ocupaban los edificios más importantes del parque Martí y desde allí resistieron durante algunas horas; sin embargo, el fracaso era inminente, y algunos se retiraron. Para las 2:00 de la tarde comenzó el ametrallamiento. Los intentos de Camacho por reforzar con hombres y municiones fueron inútiles y la tiranía recuperó, poco a poco, todos los puntos tomados.

Hasta el día 6 se extendieron los últimos focos de resistencia rebelde, que hubieron de apagarse a fuerza de sangre. Algunos combatientes lograron refugiarse en hogares que abrieron sus puertas a los sublevados. Los que no, fueron asesinados de manera atroz.

La hazaña fue un fracaso táctico-militar por razones ajenas a los complotados en la Perla del Sur, pero significó una página gloriosa en la última etapa de la gesta revolucionaria. Sin Cienfuegos, sin aquellos guerreros que hicieron temblar a la tiranía el 5 de Septiembre de 1957, difícilmente, el triunfo tuviera hoy el mismo sabor.

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Para las nuevas generaciones, los homenajes son modernos cantos de combate, por eso cada rincón de la memoria histórica local es visitado por jóvenes, en este aniversario 55 de la gesta insurrecta cienfueguera. La casa de la avenida 54 No. 6509 es escenario de actos estudiantiles.

En la también conocida como calle de San Fernando, una tarja eterniza el recuerdo de la madrugada del 5 de septiembre de 1957. Allí, en la morada del combatiente Alejandro Suárez, estuvieron los principales dirigentes de la acción popular, según narra José Arce Masó, político de la ACRC en Cienfuegos:

Aniversario 55 del levantamiento popular armado el 5 de Septiembre de 1957 en Cienfuegos / Logotipo: Villafaña“Alejandrito era hombre de toda confianza; en su hogar, muchos jefes de células del Movimiento 26 de Julio, hicieron encuentros. Ese luchador y trabajador de la Compañía Cubana de Electricidad era activo conspirador; también escondió allí mucho tiempo a Totico Aragonés.

“Hasta ese domicilio llegaron aquella medianoche, Julio Camacho Aguilera, procedente de la Habana, y Dionisio San Román, que venía de Santa Clara; terminaron de planificar los hechos y partieron hacia Cayo Loco”.

Cada septiembre, nuestros pioneros rinden tributo a los insurgentes y los actos rememoran su sacrificio y sentido del deber.

Conocen que Camacho y San Román irrumpieron luego en el Distrito Naval, ya en manos de los revolucionarios, y protagonizaron la sublevación aquí de todo un pueblo contra la tiranía.

Durante 24 horas, Cienfuegos estuvo en poder del pueblo, la resistencia mantuvo en jaque las fuerzas batistianas enviadas de Santa Clara, Matanzas y La Cabaña. En el centro de la ciudad, revolucionarios y gente de pueblo, durante horas impidieron el avance del enemigo.

Con alto calibre, la aviación acribilló el centro citadino, hecho inusitado en los pasajes bélicos. Bajo el bombardeo, un camión con armas salió rumbo a San Lorenzo para pertrechar a los revolucionarios que allí combatían.

No obstante, la situación de los defensores del Colegio se hizo insostenible, muy pocos escaparon por los techos, y los restantes, encabezados por el teniente Dimas Martínez, fueron ametrallados a mansalva; igual suerte corrieron los del Ayuntamiento.

Sin embargo, la fusión del pueblo con su vanguardia, resquebrajó la supuesta unidad de la dictadura y alentó la lucha que en la Sierra estaba en las firmes manos de Fidel.

Una tarja eterniza el recuerdo de la madrugada del 5 de septiembre de 1957 en la casa de la avenida 54 No. 6509, en Cienfuegos / Foto: Dagmara

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Martes, 04 Septiembre 2012 12:10

Historias

Llovió a media noche. Un agua cálida humedeció las aceras, las calles, las casas, y un vapor extraño subió entre las paredes. No había nadie afuera, ni siquiera los chiquillos que acostumbraban a vigilar por las hendijas de las ventanas, solo la patrulla de turno zanganeaba por la ciudad como un abejorro de panal. Dos hombres vestidos de amarillo, con pistolas ajustadas en las caderas, permanecían sentados dentro de un Oldsmobile, para no mojarse. El temporal de aquella noche, no parecía común.

Los policías conversaban en voz muy alta y el eco rebotaba contra los cristales. Estaban contentos y aún medio borrachos. La noche anterior festejaron hasta tarde en el cuartel, comimos como salvajes, le decía uno al otro, y tomamos hasta el cansancio, recordó el segundo. A pesar de eso aprendieron de memoria las palabras del General a las Fuerzas Armadas.

Repitieron entre ellos mismos: “…confiamos en los hombres que visten el glorioso uniforme, a los que sobra lealtad, disciplina, amor a Cuba, para cumplir a cabalidad…”. Luego rieron.

El 4 de septiembre de 1957 se cumplió otro aniversario del ascenso al poder de Batista y los guardias celebraron como lo merecía el jefe. “Los hombres que visten el glorioso uniforme”, redundaron, mientras descubrieron una sombra moviéndose a unos metros del auto. Una bicicleta se acercó velozmente y les pasó por el lado.

La Estación de Policía fue tomada por el pueblo cienfueguero / Foto: ArchivoComo una jauría de perros los dos guardias persiguieron al ciclista; le dieron alcance una cuadra más adelante. Lo interrogaron, mirándolo con ojos rabiosos, y entre la poca luz, lograron reconocerlo: era Totico, el revolucionario. Y tú qué haces a estas horas en la calle, le preguntaron, y Totico con voz firme respondió:

- Tengo la niña enferma y voy a buscar a un médico. ¿Es que eso también está prohibido?
Los policías hicieron un esfuerzo enorme y lo dejaron marcharse, el aspecto escuálido y pobretón del muchacho no los hizo desconfiar demasiado. Totico Aragonés suspiró y pedaleó más fuerte. Aún llovía cuando terminó de citar a los jefes de las células para la toma de la Base Naval de Cayo Loco, organizada para dentro de tres horas.

LEGADO

"La muerte es esa pequeña jarra, con flores pintadas a mano, que hay en todas las casas…".

Eliseo Diego.

Los tiros son como las olas: vienen con la marea y el viento, y hacen desaparecer la forma de la arena; y esta mañana, el Parque Martí, es todo un océano. La pólvora casi nubla la vista, también los ruidos y el desconcierto de la ciudad. Hay muchos hombres exigiendo armas, muchos.

A las puertas del Distrito Naval se congregan decenas de cienfuegueros que desesperados buscan un fusil. El cuadro es impresionante y los complotados del Movimiento 26 de Julio reparten cuanto armamento tienen en sus manos. Las municiones pasan entre los hombres como el agua misma se escurre en los cuerpos.

Entre ellos llega un lechero. Tiene los dedos pintados de blanco y un dolor terrible en la espalda por cargar toda la vida las cantinas de la leche, pero eso no le interesa. Con la misma ropa de todos los días, con la que recolectó centavos caminando errante por las calles de Cienfuegos, derribará, ahora, a todos los soldados batistianos que tenga en la mira.

Juan Suárez del Villar coloca las primeras cinco cápsulas en el arma, tan diestramente como si ordeñara una vaca o contara las pesetas del mes encima de la cama, luego mira al horizonte. Antes de incorporarse al resto de los combatientes, Juan dice:

- Tengo dos hembras y un varón, la más chiquita de meses. El futuro se lo lego yo. Lo he esperado hace mucho y esta oportunidad no me la pierdo.

Juan entra al parque con el fusil enfundado, piensa en los niños que a esa hora aún deben dormir en el cuarto; Juan piensa y dispara y carga y vuelve a disparar.

La bala que lo alcanza no lo hace sufrir demasiado. La sangre se apresura a teñir su ropa de lechero, pero Juan sonríe. Para esas alturas él ya sabe cuán seguro está su legado.

MI DISPARO

"No hay verdad más armada que la pura inocencia…".

Juan Gelman.

Cuando cierras los ojos escuchas el estruendo una y otra vez. Se repite durante todas las noches, y tu cabeza reproduce la escena con tanta nitidez, que despiertas en la cama empapado de sudor. Las manos te tiemblan, como debieron hacerlo aquel día, pero de eso no te acuerdas muy bien, solo del disparo, y del rostro pálido del aquel soldado.

Eras apenas un niño. Y es verdad, jugabas en el barrio a ser un clandestino, y te pintabas la barba con carbón de la cocina sin que tu mamá te viera e ibas al parque a cazar esbirros y a pintar letreros por la ciudad. Quizá lo hiciste con inocencia, quizá no, eso tampoco lo recuerdas, desde aquel día, no recuerdas las cosas igual.

Casi tienes 70, pero el estruendo de la cabeza del oficial contra la acera, es un sonido que no puedes olvidar, un golpeteo que ha hecho eco en tu cabeza durante 55 años. También la sangre que salpicó la hendija de la ventana y la imagen moribunda del hombre en medio de la calle.

Estuviste llorando los años siguientes, pegado contra la almohada para que el sollozo no alarmara a tus padres, mordiendo el colchón y apretando los ojos para no abrirlos en medio de la oscuridad.

Aprendiste a disparar con tu padre, y te sentías muy orgulloso de tu destreza con la mirilla. Cientos de veces trajeron a casa algunos animaluchos que velaste durante horas en el bosque y después tu mamá los cocinaba con mucho placer. Comían felices y rezaban a un dios diferente y reían. Solo cuando tú ibas a dormir, tu padre continuaba haciendo las propagandas o limpiando las armas para el levantamiento.

No tienes claro cómo inició todo aquel día, el 5, tal vez tu memoria borró algunos detalles luego del disparo. Había mucho ruido y las patrullas corrían de un lado a otro de la ciudad. Escuchaste también los aviones, las sirenas, los gritos. Tu mamá te dijo que te calmaras, aunque eso tampoco lo recuerdas ahora, pero era imposible.

Entonces tomaste el riflecito y las balas y las colocaste dentro como antes. La ventana de tu casa, la de antes, aún tiene las manchas, la pintaron, pero aún las tiene y siempre que vas al parque y pasas por allí, te ves detrás de la hendija, con el rostro serio y la respiración entrecortada. Ves, con mucha claridad, el cañón del fusil y la bala destrozando la cabeza de un oficial.

ILUMINADA

"Siento llorar. Oigo llorar. / Si doy la espalda y me refugio / En algún cuerpo de mujer…".

Alexis Díaz-Pimienta.

Me fueron a buscar a la funeraria al amanecer del día 6 de septiembre de 1957. Los esbirros me dieron unos empujones que los sentí más en la conciencia que en el cuerpo, me montaron en un camión y en unos minutos estuve en el Parque Martí. Entramos primero a la jefatura de la Policía Nacional, luego al Colegio de San Lorenzo y después me recorrieron por cada una de las esquinas del parque. Apenas pude resistir la revoltura en el estómago. Los batistiano me gritaron: vamos, empieza a recoger toda esa mierda, luego señalaron un camión de la basura. ¿Mierda?

Había decenas de cuerpos amontonados unos encima de otros, llenos de sangre, de moretones, tenían la ropa destrozada y la mayoría estaban desnudos. Había algunos uniformes de marines hechos trizas y otras piezas estaban agujereadas, como si hubieran llovido disparos. Los cadáveres estaban sucios y entre los cuerpos se advertían hojas de árboles, papeles y pelos, lo que indicaba que los debieron arrastrar desde el lugar donde los torturaron.

Ellos me obligaron, a mí y a Bartolomé y a Julián, nos obligaron a recoger aquellos cadáveres y echarlos en el camión. Yo traté de no mezclar a ninguno con la basura que permanecía al final del carro, juro que traté, pero eran muchos y fue muy difícil. Apreté los dientes e intenté no mirar demasiado mientras tomaba a algunos por las manos y a otros por los pies, para colocarlos dentro. Fue espantoso.

El olor era insoportable, fue como si estuviéramos cenando con la muerte. Cuando ya había recogido a más de una docena, fue que la vi. Tenía un tiro en la cabeza y otro en el estómago, la blusa rasgada y la saya abierta desde el zíper hasta el dobladillo. Vi a Iluminada con el mismo rostro cándido de las maldades, con la ropita decente que se ponía cuando iba a enamorar, para que su novio se fijara en ella, le vi la sonrisa de por las mañanas y el color rojo de los labios. Fue como si un cuchillo me entrara por un costado.

Enseguida intenté salvarla, al menos a su memoria y me abalancé sobre los demás cuerpos para protegerla, como lo hice durante toda la vida con ella y con su madre, pero un culatazo de fusil me impidió hacerlo. Ellos no me dejaron. La muchachita, mi vecina, estaba muerta, asesinada.

Luego fuimos al cementerio. Detrás de nosotros continuaron llegando más carros con más cadáveres y tuvimos que tragar en seco y aguantar las burlas de los soldados y cavar fosas enormes. Los brazos me dolían y las manos, cada vez que el pico chocaba contra la tierra, pero debía continuar. Después nos ordenaron colocar todos los cuerpos dentro de la fosa, como si fueran excrementos.

Entonces, la voz de un sargento hizo que mis piernas se aflojaran como nunca antes. Quiso el muy desgraciado que buscáramos entre los muertos al hombre que tuviera el pene más desarrollado y que después colocáramos a Iluminada encima de él para enterrarla. Y pobre de ti viejo, si me la cambias de posición, me gritó.

Por suerte él no estaba mirando cuando eché las primeras palas de tierra sobre la fosa. Por suerte el esbirro no vio cuando moví de lugar a Iluminada.

(*) Basado en el libro “La luz que sube de tu nombre”, de Andrés García Suárez.

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Alrededor de Esperanza, Santiago y Octavio se concentraron las miradas de cuantos ocuparon asientos al interior del “Tomás Terry”… Silencio… Como de vuelta a 1957, días previos al 5 de septiembre, también ellos -personajes ahora- celebraron algún cumpleaños para soñar juntos a Cienfuegos libre, para planear su Cuba libre. Así, en representación teatral, anoche, resurgió de la Historia aquel Levantamiento Popular Armado.

Conspiración… ¡Abajo Fulgencio Batista! -gritan por las esquinas-… Pasan las armas de mano en mano al interior del Movimiento 26 de Julio… En postas del Distrito Naval de Cayo Loco, sublevados inquieren: “¿Con la Revolución o con la dictadura?”… Tiroteos… Ciudad Roja… El parque y su entorno atestiguarán… Los soldados de la tiranía llegan por doquier… Escuela de Artes y Oficios San Lorenzo, último bastión… Sangre, demasiada; torturas… Rubén González Aguiar, José Gregorio Martínez Medina, Luis Pérez Lozano, Dimas Martínez Padilla y otra treintena de mártiresOlimpia Medina, entre las víctimas civiles...

“Y es muy importante dar a conocer, inclusive en actividades culturales, los detalles de la gesta -comenta con lágrimas en los ojos, recién cerrados los telones, Raúl Hernández López, miembro de la Asociación de Combatientes (ACRC). Sobre todo las nuevas generaciones, participan; y reviven con nosotros lo sucedido (…) Por eso vamos a las escuelas, e intervenimos en conversatorios; estamos en los barrio debates. ¡Muy bueno!”.

Aniversario 55 del levantamiento popular armado el 5 de Septiembre de 1957 en Cienfuegos / Logotipo: VillafañaCon la intención de recrear los acontecimientos desde una perspectiva distinta, la puesta en escena los acercó a niños, adolescentes, jóvenes, hombres y mujeres de pueblo. Crónicas del Alba devino entonces adaptación para las tablas bajo el crédito de Henry Gutiérrez, quien además de convocar a artistas sureños de la talla de los cantautores Lázaro García, Rosa Campo, Pedro y Roberto Novo, la Orquesta de Cámara “Concierto Sur”, el Conjunto Danzario “Giros”, y a integrantes del Centro Dramático, Velas Teatro, Guiñol y Teatro Nuevo, incluyó en el elenco a los conocidos intérpretes Augusto Enríquez y Raquel Hernández, sumado el actor Rolando Núñez.

Desde los propios ensayos -iniciados semanas atrás y dirigidos por manifestaciones en busca de una mayor organización-, la gala cultural alusiva a tan épica efeméride partió del guión concebido por Jorge Luis Urra Maqueira. Con este, él mereció el premio de un certamen convocado por la Dirección Provincial de Cultura y la filial aquí de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Según declaró a la prensa el asimismo crítico de arte y realizador audiovisual, creó “una microhistoria a partir de la cual se diese una especie de paneo a las acciones del alzamiento, contado hacia lo popular”. Ubicó entonces sobre el escenario a “héroes ¿anónimos? que se entregaron a una causa (…) Y la diferencia principal respecto a espectáculos anteriores radicó en la incidencia de la concepción teatral, hilo para hilvanar clásicos de la canción política”. ¿El fin? “Conmover, homenajear -humildemente, pero de manera muy sentida- esta fecha”.

Cuando la traición se gestó sobre los combatientes de San Lorenzo

¿Cuántos muertos hubo realmente?

Como lo vio la prensa imperial

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