
Si Pito Abreu fuera un caballero medieval, seguro en su escudo de armas campearía la divisa: "no darme jamás por vencido"; pero como los tiempos son otros, el jonronero solo trata de seguir a pie juntillas ese lema, el mejor consejo beisbolero recibido jamás.
Verlo desaparecer una Mizuno por cualquiera de los tres ángulos del terreno, levantar con elegancia un piconazo en primera, atacar una conexión cargada a la segunda, capturar un foul fly mientras choca los verdes colchones o deslizarse en home como una locomotora, son hechos tan repetidos que llegan a parecer los más normales del mundo.
Quienes asisten cada tarde o noche al "5 de Septiembre" a disfrutar de su juego y la victoria de los Elefantes, o al revés, que el orden de los factores no tiene por que alterar el producto de la alegría colectiva, ¿se han puesto a pensar qué hay más allá del coloso?, ¿repararán en las ideas que lo animan a triunfar?, ¿o solo ven cifras, promedios, escalafones y récords en sus 113 kilogramos empaquetados en un metro con 90 centímetros de estatura?
Lograr un retrato hablado lo más fiel posible de ese slugger de la modestia que es José Dariel Abreu animó la charla que el CINCO digital sostuvo con el jonronero en el club house del equipo Cienfuegos, un atardecer de abril.
La verdad ante todo, aunque hiera el prurito de nuestro pequeño y sano chovinismo cienfueguero: el jonrón más largo de Pito, lo asegura él mismo, no sobrevoló el techo del estadio de Bonneval. Aquella pelota la catapultó sobre un lanzamiento del santiaguero Ediasbel Valentín en el parque beisbolero municipal de Contramaestre, un día que se le pierde en el almanaque de sus hazañas.
Mamá y papá tienen el uno cuando se trata de citar influencias decisivas en la formación del pelotero fuera de liga que ahora mismo él es.
Para preferencias ahí están la convivencia familiar, la música del salvadoreño Álvaro Torres, la carne de puerco en cualquiera de sus variantes sobre la mesa o el animado Rayo Mc Queen, tantas veces visto en compañía de Dariel Eduardo que ya se lo sabe de memoria.
En la disciplina y la dedicación cifra los principales atributos de un beisbolista y, de manera paradójica, el Tercer Clásico Mundial a la vez que marcó el momento cumbre de su temprana carrera deportiva, le deparó la mayor decepción sobre un terreno de juego.
Luego de su particular teatro de los sueños, el "5 de Septiembre", le encanta jugar en la catedral del béisbol nacional, el Latinoamericano, a su juicio "el gran medidor del pelotero cubano".
Lo que no entra en sus cálculos es vestir la casaca azul de los Industriales, pero como lo cortés nunca quitará lo valiente no teme en reconocer a la capitalina como la más grande novena del país.
Prioridad cuando llegue la hora de guardar el madero y colgar el mascotín será la educación del pequeño Dariel Eduardo "hasta hacerlo pelotero. Mi mamá y mi papá daban la vida porque yo lo fuera. También quisiera completar la parejita con una niña".
Y si la pelota no hubiera sido razón de ser de tu vida, ¿qué serías?
"Lo que el destino me marcara".
Cuando Pito transita del círculo de espera hacia el cajón de bateo va golpeando rítmicamente la maza del madero con la punta de sus spikes. Debe ser parte de la premecánica del swing que vendrá en busca de las cercas, porque él no se reconoce manías o supersticiones en el campo de juego. "Creo en Dios, solamente".
Como cualquier niño que se precie de vivir ese mágico segmento de la existencia tuvo un ídolo, en quien encontró lo que soñaba para sí: Orestes Kindelán.
Y cuando sea necesario mencionar a los mejores rivales jamás enfrentados, con la escopeta retándole a la distancia de 45 pies, dispara a bocajarro los dos últimos apellidos ilustres de la colina cubana: Vera y Lazo.
Como punto crítico del béisbol nacional apunta el hecho de los jugadores no entregarse un poco más en cada juego. Y se incluye en el potaje.
En el tramo final de su décima temporada tiene bien marcado el juego que nunca olvidará: "El primero de todos, el de mi debut en el estadio Cándido González, de Camagüey; tenía solo 15 añitos".
Al parecer nada tiene que ver el corpachón de Abreu con esos émulos de Pantagruel tan abundantes por ahí: "¿Comer?, hay momentos y momentos, por el día es diferente que por la noche".
Dotado con esa flema que los escritores suelen atribuir solo a los ingleses y una bonhomía a prueba de balas, el inicialista de los Elefantes confirma a cada palabra que el de rompecercas no es el único sello distintivo del "paquidermo mayor". Por eso el diálogo se estira como uno de sus bambinazos camino de las torres de iluminación.
DESPAIGNE VS ABREU: RIVALIDAD DESMENTIDA
Como cualquier hijo de vecino, dentro del colectivo uniformado en verde y negro, José Dariel coincide en afinidad con la pareja de correcaminos formada por Yoelvis Leyva y Lazarito Rodríguez. En el equipo Cuba esa cercanía la comparte con el granmense Alfredo Despaigne. Y el dato podría sorprender a más de uno.
Porque sobran los ejemplos en el deporte mundial en que las relaciones entre dos estrellas del nivel de Abreu y Despaigne, lidiadores en la misma arena, están lejos de la cordialidad, pero nada que ver esa ojeriza en el caso de los dos toleteros cubanos por antonomasia.
"Con Alfredo, un año mayor, coincidí por primera vez en el Mundial Juvenil de Taipei en 2004 y desde mediados de 2009 a la fecha volvimos a estar juntos, esta vez en el equipo grande.
"Hablamos mucho y concluimos que entre ambos estamos dando un espectáculo para que lo disfrute toda la afición de Cuba", subraya quien ya inscribió el 79 de su uniforme en la historia de los números clásicos del béisbol en la Isla.
Comenzó a jugar tan temprano la pelota de mayores que el tránsito hacia el aplauso se le tornó empinado, tan así que guarda un mal sabor de su segunda temporada.
"Fue un año pésimo en el cual no cumplí con las expectativas, me sacaron de la competencia y para enviarme de vuelta a los juveniles", recuerda aquellos inicios cuando se desempeñara de manera irregular entre el jardín derecho y la tercera base.
El arribo de Iday Abreu para tomar la rienda de los Elefantes en la temporada 2008-09 significó una bendición en la carrera deportiva de José Dariel, a quien el manager debutante le indicó el camino con nueve palabras: "defiende la primera base y llegarás al equipo Cuba".
Quizá muy pocos sepan que de niño soñó con ser torpedero, pero al parecer la función de completar los outs por el cuadro ya le hacía guiños a su destino, pues le encantaba que su padre lo llevara al estadio Sandino, en Santa Clara, donde disfrutaba de lo lindo con el juego elástico de Jorge Luis Toca, defensor entonces del primer cojín de los Anaranjados.
Lo que sí nunca pudo imaginar fue verse, en medio de un entrenamiento del equipo nacional, alumno del profe Kindelán, a quien agradece uno de los mejores consejos técnicos recibidos sobre un diamante: cómo solventar sus carencias para golpear con efectividad la bola pegada.
ME GUSTARÍA PROBARME EN OTRO BÉISBOL
Aunque los ecos del Tercer Clásico Mundial comienzan a apagarse con la entrada en vapor de las ligas primaverales en las principales potencias del juego, Abreu accedió a compartir sus impresiones sobre el evento que esta vez otorgó el título de campeón del orbe a la selección de República Dominicana.
Al bambinazo por el jardín central del "Tokio Dome" que en el cuarto inning empató a una carrera el partido contra la selección holandesa, a la postre victimaria de Cuba, lo distingue como el número uno entre sus grandes estacazos.
¿Contrariado con el resultado final?
"Sí, claro, luchamos mucho por llegar a San Francisco y más cuando te dejan al campo, es algo muy desagradable; todos tuvimos la culpa", asegura como si machacara entre las costuras a una recta por el centro del home.
"Los jugadores holandeses saben hacer las cosas bien en el momento exacto", retrata el desempeño de los que vistieron la casaca anaranjada en el Clásico.
"No creo que la calidad del béisbol cubano actual sea suficiente para ganar una competencia como la más reciente en la arena internacional, para lograrlo tendríamos que jugar fuera como lo hacen la mayoría de los participantes en esta cita", añadió el cuarto bate de los Elefantes.
"Contamos con peloteros que están listos para competir en otro béisbol, en lo particular a mí me gustaría probarme en alguno de esos circuitos".
Respecto al uso de las pesas en el entrenamiento comentó Abreu: "¿Pesas?, las que llevo; algunos hacen más de las necesarias para lucir bonitos, pero en demasía pueden influenciar de manera negativa en algunas acciones del juego".
Y sobre el turno preferido en la alineación: "Menos el primero y el segundo, cualquiera me viene bien".
José Dariel sueña con que el pequeño Dariel Eduardo (dos años) siga sus pasos en el diamante. Le recuerda la época cuando sus padres "daban la vida porque yo fuera pelotero".
Este muchacho grande, que tartamudea un poquito y no teme confesar su timidez, asegura que la fama no es nada importante para él. "Todo lo que soy se lo debo a la sencillez con que me criaron, a mami y a papi, nosotros somos gente de piso de tierra".
El diálogo con este amante del fútbol internacional, seguidor del Milan italiano entre los clubes y el killer sueco Zlatan Ibrahimovic como jugador, podría dilatarse mucho más porque él esgrime fundamentos en cada exposición y en el papel de interlocutor es casi tan bueno como con el bate y el mascotín, pero la cita fue en medio de un doble juego y el terreno ya lo llamaba de nuevo.
"Si algún día me voy a vivir fuera de Cienfuegos sería para Cruces. O mejor aún, para Mal Tiempo; nunca podré olvidar el olor de la molienda y el pito del ingenio”, concluye ya de pie al referirse al lugar donde nació, creció y bateó las primeras pelotas, el antiguo ingenio Andreíta en el cual entonces su padre ganaba el jornal como mecánico de las máquinas de vapor.
(*) El autor es corresponsal en Cienfuegos de la agencia Prensa Latina.
Con idéntico marcador a la jornada previa (3x1) consiguieron los Elefantes de Cienfuegos la segunda victoria en la subserie frente a Villa Clara en la 52 Serie Nacional de Béisbol. El segundo cuadrangular de José Dariel Abreu y el quinto juego salvado de Duniel Ibarra destacaron en el choque, matizado también por la llovizna invernal.
El zurdo Yuniel Leyva (1-0) fue el abridor por los locales y Alaín Sánchez (0-1) por los visitadores. Apenas comenzaba el desafío cuando Ramón Lunar despachó jonrón por el jardín izquierdo y puso delante a los suyos por la mínima, ventaja que disfrutaron los pupilos de Ramón Moré hasta el sexto episodio.
Con imparable alcanzó entonces la primera almohadilla Lázaro Rodríguez, el Zunzún, quien avanzó luego a la siguiente base por sacrificio de Yoelvis Leyva. El pelotazo a Erisbel Arruebarruena aumentó el número de verdinegros en base, dejando a la fuerza de José Dariel, Pito, Abreu las definiciones.
En pie aguardó la afición ante cada lanzamiento. No consiguieron engañarlo con dos envíos malos y el favorable conteo anunciaba despegues en la pizarra para los anfitriones. Al medio vino el tercero, cuyo recorrido concluyó en el graderío de la pradera izquierda y sumaron tres los cortes a la Naranja en el encuentro.
Leyva abandonó el montículo finalizado el séptimo episodio y en su relevo acudió el experimentado Alexander Quintero. Sin contratiempos retiró el octavo inning, preparando así el terreno para el quinto salvamento de Duniel Ibarra, líder en este aparte hasta la fecha.
Ahora los discípulos de Iday Abreu tienen saldo de cinco sonrisas y tres reveses. Esta noche efectuarán el último partido frente a los villaclareños, para el cual anunciaron en la lomita al olímpico Norberto González. Concluido dicho compromiso, los Elefantes viajarán a tierra de Tigres, campeones nacionales, para rivalizar con ellos en el "José Ramón Cepero" de la capital avileña.
Nunca antes había visto a José Dariel Abreu celebrar un jonrón. Siempre, y de forma intencionada, le negó a estos batazos tamaño aspaviento: por detrás de las cercas o por encima del techo desaparece las pelotas, completa entonces el rutinario paseo por las almohadillas mientras su bate le espera, de pie sobre el home, para regresar juntos al banco. De no ser por la algarabía de las gradas y la enfilada presencia de sus compañeros (y porque uno mismo vio a la Mizuno llorar en su despedida) nadie notaría la hazaña.
Pero de un tiempo a la fecha dedica a las gradas cada cuadrangular. Señala sonriente y prosigue el recorrido hacia el verde grupo. Detrás de la malla parece esconderse el "secreto", un secreto que a voces le agradece por el deseo cumplido.
Su nombre es Peter Águila Prado, tiene 13 años y padece de una parálisis cerebral que le inmovilizó una parte de su cuerpo. También usa la chamarra con el 79, "con todo el cariño y el amor que él necesita" en puño y letra de su antiguo dueño.
Nació en Cumanayagua, pero lleva tres años viviendo en la capital provincial y por esas no tan casuales estrategias del destino, coincidió con el Elefante mayor: "su mamá forma parte del colectivo de dirección de la Facultad de Cultura Física –explica Pito. Allí lo vi un día y así comenzó nuestra afinidad".
Hasta el Augusto César Sandino siguió Peter a su ídolo y de lo lindo celebró cada bambinazo en el cuartel naranja. Según señala su papá, Vladimir, el niño conserva todos los recortes de periódicos con fotos de José Dariel en las temporadas anteriores. Además, su presencia en cada desafío de la novena verdinegra responde a razones de fuerza mayor:
"Todos los días, cuando viene a un juego, hace lo mismo: baja al terreno antes y después de partido y nos pide un jonrón a Osvaldo, a Pavel y a mí", añadía el inicialista sureño, quien decidió complacerlo al coronarse como el único pelotero cubano en conectar más de 30 vuelacercas en tres series consecutivas.
"Yo quiero que el equipo llegue a los play off y sea supercampeón – fueron los pronósticos de Peter respecto a sus favoritos. Y que Pito dé más jonrones" también pidió, a lo cual no hace oídos sordos su nuevo y mejor amigo:
"Si Dios lo permite, voy por el récord, quiero ganarlo este año –sentencia José Dariel. Siempre se los dedico al Señor pues gracias a Él tengo la oportunidad de estar donde estoy. Pero se lo he dicho a todos los que me preguntan hasta ahora: los que les dedico a Peter son los más grandes que he dado en mi vida".
El jonrón número 25 del inicialista sureño José Dariel “Pito” Abreu descongeló la pizarra con la única anotación del segundo juego entre Holguín y Cienfuegos en la pradera de los Elefantes. Desde la lomita el lanzador Noelvis Entenza fue el otro héroe por
A extrainnings llegó el primer desafío del segundo compromiso particular entre los Cachorros de Holguín y los Elefantes del Cienfuegos correspondiente a la Serie de Oro de la pelota cubana. Ocho carreras por cinco
Reeditaron la hazaña los Orientales, ahora en su versión rejuvenecida y dominaron tanto la esperada final del derby de jonrones como el desafío verspertino correspondiente a la segunda jornada del XXIV Juego de las Estrellas celebrado en Cienfuegos. De gran carreraje fue el partido, que equilibró en doce victorias para cada zona el resultado histórico de estos vistosos encuentros.
El tunero Alexander Guerrero mandó cuatro pelotas detrás de la cerca, algunas de ellas
Mejor cierre, imposible: los Elefantes de Cienfuegos completaron la primera mitad de la Serie de Oro de la pelota cubana barriendo en casa propia a los Naranjas de Villa Clara, resultado con el cual sumaron su victoria 32, con 13 derrotas, y afianzaron su condición de líderes de Occidente y más ganadores de la actual temporada.
Pinar del Río cayó frente a Sancti Spíritus (4x3) en horario vespertino y Cienfuegos superó al Habana en el juego nocturno 11 carreras por nueve, resultados que le permitieron a los Elefantes volver a su condición de líderes solitarios de la Zona Occidental y máximos ganadores
Cienfuegos consiguió hoy su tercera victoria de la 50 Serie Nacional de Béisbol, al derrotar siete carreras por cuatro a la Isla de la Juventud en encuentro disputado en el estadio Lázaro Santos, del municipio de Abreus.
El inicialista cienfueguero José Dariel “Pito” Abreu, joven promesa del béisbol cubano a quien por su físico y fortaleza al bate muchos compararan con el ya retirado Tambor Mayor de la pelota nacional, Orestes Kindelán, se soltó a batear este viernes y resultó pieza clave en el tercer éxito antillano en la serie de preparación que sostienen las preselecciones de Cuba y Nicaragua de cara al Torneo Premundial de octubre venidero en Puerto Rico.