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Jueves, 05 Abril 2012 12:38

Bajo el ataque de las auras

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"El pueblo se ha preguntado muchas veces ¿cuándo vendrán?, el pueblo, incluso, se ha impacientado también… los que se llenan de ilusiones y de vanas esperanzas en esos trajines no les queda más remedio, más tarde o más temprano, que venir".

Fidel Castro Ruz

El tiempo transcurrió entre la expansión de unas bombas y vidrieras rotas. Entre la muerte robándose cuanto de Revolución había, y unos mercenarios diseminando pertrechos en bases enemigas. Pasó así. Fue de paces amenazadas por traidores, de cielos rotos, de atentados, de violaciones; fue de senderos oscuros con paredes de espinas, de caminos de fuego, de peligros cimentados con golpes de olas contra los muros de la Isla.

Amaneció el 15 de abril de 1961 con los “B-26” como nubes en el cielo. Las pistas de aviación y zonas adyacentes a Ciudad Libertad y San Antonio de los Baños, en La Habana y Santiago de Cuba, palidecieron bajo las bombas esa mañana. Cincuenta y tres personas sufrieron heridas graves, y siete murieron víctimas de los plomos. En los fragmentos de los balines se leía: “U.S. Navy” (Marina de Guerra de los Estados Unidos).

Los aviones partieron desde la base de Puerto Cabezas, Nicaragua, piloteados por traidores de origen cubano al servicio de la CIA. La primera escuadrilla llevaba el nombre de “Linda” y atacó la base de San Antonio. “Gorila”, la segunda, arremetió contra el aeropuerto Antonio Maceo, de Santiago de Cuba. La tercera, nombrada “Puma”, embistió contra las instalaciones de Ciudad Libertad, sitio de la jefatura de las FAR.

En una tribuna improvisada en 12 y 23, ciudad de La Habana, el día 16, el Comandante en Jefe despidió el duelo de las víctimas de los bombardeos. Los féretros iban acompañados de milicianos armados con fusiles. Y bajo el furor de un pueblo al cual habían atacado deliberadamente, Fidel Castro proclamó, ya para siempre, el carácter socialista de la Revolución, y llamó a defenderla con la propia vida.

La noche del 17 de abril cayó soberbia sobre el mar. Poco después de la medianoche, Playa Girón fue abordada por siete barcos que conducían a cerca de 15 mil mercenarios. El miliciano Mariano Mustelier y el alfabetizador Valerio Rodríguez fueron de los primeros en divisar la ensarta de luces sobre las aguas. Los disparos enemigos no demoraron en perpetrar suelo cubano y herir a Valerio, de apenas 13 años. Mustelier trasladó al maestro hacía un pequeño cuartel de milicias, y volvió con refuerzos, mas, insuficientes. Dos de ellos fueron enviados a informar sobre el desembarco, uno al central Covadonga, y otro a la planta de radio.

En Playa Larga, se encontraba una escuadra del Batallón 339 de Cienfuegos. A medianoche observaron los relámpagos del tiroteo que acontecía en Girón. Sobre las 2:00 a.m. una lancha mercenaria se acercó hasta ellos. El enfrentamiento fue instantáneo, mientras Ramón González Suco, jefe de la armada, avisó por microonda al central Australia. Tan pronto se recibió la noticia, el capitán Cordero, jefe del Batallón 339, lo comunicó a La Habana.

Los invasores desembarcaron, además de la infantería, compañías de cañones pesados, motorizados y tanques; igualmente lanzaron decenas de paracaidistas al amanecer. Las fuerzas cubanas, con el Comandante al frente, se movilizaron ante la noticia de la invasión. Distintos batallones que se encontraban en las cercanías de Matanzas, se trasladaron a Jovellanos, Yaguaramas y Covadonga. Al finalizar el primer día, la Fuerza Aérea Revolucionaria logró hundir cuatro barcos y derribar cinco aviones enemigos. El país emitió el propio 17, un comunicado que anunciaba el desembarco. Este concluía diciendo:

“¡Adelante cubanos, que la Revolución es invencible y contra ella y contra el pueblo heroico que la defiende se estrellarán todos los enemigos! Gritemos ahora con más ardor y firmeza que nunca, cuando ya hay cubanos inmolándose en combate: ¡Viva Cuba Libre! ¡Patria o Muerte! ¡Venceremos!”.

El segundo día de la batalla comenzó en la madrugada con una embestida de tanques que enrumbaron sus fauces hasta la misma Playa Larga, y fuego antiaéreo devorando desde los cielos. Sobre las arenas de Girón estaban el Batallón de Cienfuegos, el de Matanzas, el de Responsable de Milicias y el de Las Villas. Fidel Castro movilizó, además, las columnas 1 y 2 del Ejército Rebelde, una compañía de tanques, baterías antitanques, cuatro de obuses del 122 y el batallón de la policía. Pero el enemigo tenía el control total del aire.

Al amanecer del día 19, tercero desde la invasión, las fuerzas revolucionarias comenzaron a atacar Playa Girón. Las tropas que peleaban en San Blas logran tomarlo entre las 9:30 a.m. y 10:00 a.m. Ese propio día fueron derribados un total de doce aviones enemigos B-26. En Playa Girón, la última resistencia de los mercenarios la realizaron con dos tanques, al quedarse sin mando, se rindieron. El Comandante en Jefe ordenó organizar un cerco para capturar a los enemigos que huían, y a los supervivientes de los barcos hundidos.

Ya para el día 19 la batalla estaba decidida. El balance fue de 89 invasores muertos y mil 197 prisioneros. Las bajas revolucionarias fueron de 157. Los sueños de la CIA se vinieron al suelo, una aplastante derrota en solo 72 horas. El propio 19 el centro de la CIA en Washington envió un cable a sus estaciones de todo el mundo, notificándoles que manejaran la invasión como si hubiese sido una misión de abastecimiento a los alzados en el Escambray.

José Manuel Gutiérrez, uno de los mercenarios capturados, declaró en comparecencia ante la televisión:

“Al otro día por la mañana pasa un jeep diciendo: ríndanse, ríndanse y tirando tiros; y al poco rato un grupo de nosotros, salimos y nos entregamos, el que iba en el jeep era Fidel, y yo le decía a uno: -Por eso nosotros perdimos, porque Fidel está con ellos, peleando en el frente y los que estaban con nosotros, los que nos trajeron embarcados, se fueron después…”.

(*) Bibliografía consultada: Diario de Girón, Gabriel Molina.

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