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Sábado, 21 Enero 2012 04:00

La otra historia de Francisca y la muerte

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Para Francisca lo más importante es tratar al fallecido con amor y respeto / Foto: De la autoraEn un conocido cuento de Onelio Jorge Cardoso, la muerte persigue a Francisca por todos lados, pero ella nunca está donde se supone. A pesar de la vejez, su trabajo constante la hace inalcanzable. Pero esa es la literaria, a Francisca González la muerte no tiene que perseguirla porque está a su lado.

Es más joven, esbelta, y confiesa que ser sepulturera la ha convertido en mejor persona. Quizás otros se sientan sobrecogidos ante la solemnidad del cementerio Tomás Acea, de Cienfuegos, pero ella parece cómoda, hace un chiste, enciende un cigarro y me invita a caminar esas silenciosas avenidas antes de comenzar a contarme su historia.

"Para ser sepulturera, tuve que andar mucho. Primero fui artesana de papier maché, hacía artículos de cumpleaños. Después trabajé en la policlínica del Área de salud No. 3, en el departamento de Archivo y Estadística. Asimismo, ama de casa por un tiempo, hasta que una vecina, custodio del cementerio, me informó de otra plaza como agente de seguridad. Allí me interesé por el oficio de sepulturero. Aunque mi familia siempre me apoyó, me costó un poco de trabajo por el hecho de ser mujer, pero con el apoyo del administrador y otros compañeros, lo conseguí".

¿Cómo es un día de trabajo?

"Debo hacer exhumaciones y enterramientos; el lugar depende de la rotación. Si me corresponde en bóveda, para realizar cualquiera de los procedimientos, quito la tapa superior y las intermedias en dependencia del sitio de la extracción o dónde vaya a descansar el fallecido. Luego hago un sellaje dentro y vuelvo a poner la tapa superior. El trabajo en tierra es más duro, ya que lleva consigo excavaciones para las tumbas".

¿Cuáles son los momentos en que se hace más difícil?

"Sin dudas, los casos más tristes son los de niños, porque ellos representan la alegría de las familias y uno nunca está preparado para perderlos".

Pero supongo que la situación se complique si se trata de un ser querido. ¿Ha sepultado a alguno?

"Sí, a mi hermano. Ya estaba preparada, pero cuando llegó el momento, me detuvieron los recuerdos. A uno siempre le duele y si se trata de alguien que compartió su vida contigo, el dolor es doble. Cerré los ojos, no sé de dónde saqué las fuerzas, pero lo hice. Aunque después lloré mucho, tuve que reponerme, porque este es mi trabajo".

¿Cómo influye este oficio en su estado de ánimo?

"Con el tiempo me he vuelto resistente al dolor, pues no puedo permitir que la tristeza me gane. Soy muy alegre y optimista. Casi siempre estoy riendo, porque he aprendido a aprovechar el tiempo al máximo. Aunque se ha vuelto parte de mi vida, en mí no hay espacio para pensar en la muerte. Siempre he creído que morir es un camino y tarde o temprano todos lo tomamos".

¿Cuán complejo es para una mujer ejercer este trabajo?

"Ha sido muy difícil, no solo por el esfuerzo físico, sino porque muchos no me toman en serio y hasta dudan de mis preferencias sexuales. Un día estaba excavando y pasaron dos hombres, y uno le dijo al otro: 'Mira, es un macho'. Respiré profundo, pero no pude quedarme callada, y nada más se me ocurrió decir: '¡Qué lástima que no entiendan algo tan simple y que además, con esta cara mía, les parezca un hombre!'. Después me estaban esperando en la salida para disculparse. Algunas personas todavía no comprenden la capacidad de las mujeres, y más en un oficio como este, en donde la fuerza no lo es todo".

Muchos piensan que sepultar es solo prestar un servicio fúnebre, pero ¿qué otros aspectos están involucrados?

"A un sepulturero le corresponde conocer el terreno: dónde está cada bóveda, cada panteón. Debe tener fuerza, pero lo más importante es tratar al fallecido con amor y respeto, pensando que él fue como nosotros y un día, por desgracia, nosotros estaremos en su lugar".

¿Cómo es usted fuera del cementerio?

"Me encantan las fiestas, soy muy alegre. Me gusta bailar casino y relajarme con la música 'suave'. Siempre veo las películas románticas con mi esposo, porque por esa parte sí soy muy sentimental. No me pierdo ningún programa humorístico, para después hacerles los chistes a mis nietos, que son el centro de mi vida. ¡Ah! y siempre estoy riendo, porque de esa forma alegro a los demás y de paso, me veo más joven".

¿Tanto tiempo trabajando aquí ha cambiado su forma de tratar a las personas?

"Este oficio me ha enseñado cómo ante el cielo, todos somos iguales. No importa la raza ni el dinero. Tu marca en el mundo se define por lo bueno que haces para ayudar a los demás".

Algunos creen en la vida más allá de la muerte. Usted ha visto a muchas personas partir de este mundo; ¿cree en la existencia de otro?

"¡Claro! Cuando ves una foto de algún fallecido y sientes su presencia a través del recuerdo, no es casualidad. Además, debemos vivir con la esperanza de que no todo termina cuando finaliza la vida. En mi opinión, la muerte se espera con un beso, porque morir es seguir de viaje.

Actualmente, un ganglioma en la muñeca derecha le impide a Francisca continuar ejerciendo como sepulturera, pero el vínculo con este lugar es demasiado fuerte. Por eso sigue allí, ahora velando por la seguridad del lugar al cual prefiere llamar “ciudad del silencio".

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