Esta vez recibió la Orden al "Mérito Científico", de manos del veterano profesor Ernesto de la Torre Montejo, presidente de la citada asociación, quien resaltó sus aportes a la Medicina cubana.
La trayectoria del afamado médico cienfueguero, conocido por todos como "Espinosita", comenzó con su graduación en 1965 en el Pico Turquino, y en pleno apogeo de la asistencia rural realizó el servicio social en Crucesitas y El Nicho, para después graduarse como especialista en Medicina Interna.
En declaraciones a este semanario, expresó sobre sus contribuciones más relevantes a la ciencia: "El primer éxito fue en 1981, con una investigación sobre la epidemia de dengue hemorrágico aquí; luego, en 1987, logré lauros por un estudio sobre mortalidad del adulto en las provincias de La Habana, Las Tunas y Cienfuegos, mi posterior tesis doctoral.
"Ulteriormente repercutió la primera medición del Proyecto Global de Salud, acerca de enfermedades no transmisibles, eso fue en 1993; para 2003, otros pasos de la investigación de marras se alzaron con Premio Anual de Salud y de la Academia de Ciencias, así como con distinción del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente".
Estuvo presente en la ceremonia, Roberto González Martín, viceministro de docencia e investigación del Ministerio de Salud Pública.
Alfredo Espinosa es diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular por el municipio de Lajas desde 1976, por eso recibió en esta ocasión la medalla "35 aniversario" del órgano de gobierno y el reconocimiento por tal condición, de las máximas direcciones de esa instancia y del Partido en la provincia.
Es profesor titular, integra sociedades científicas dentro y fuera de Cuba (lo que le ha permitido participar en más de cuatrocientos eventos), ha publicado cinco libros, 181 artículos en revistas y 14 capítulos. También resultó seleccionado Héroe Nacional del Trabajo de la República de Cuba en 2001 y merecedor de la Orden Carlos J. Finlay, del Consejo de Estado, entre otras condecoraciones.
Mucho puede decirse de la grandeza de este cienfueguero, humanizado por sus valores, que lleva en cualquier fila, desde el catolicismo o el decálogo de Esculapio, gracias a una ferviente vocación de servicio a la Patria y a un don que solo tienen los elegidos.






El Consejo de Sociedades Científicas de Cuba solucionó la ausencia por enfermedad del



