Vivía en penurias con una mísera pensión como jubilado del Ejército; sólo sirvió de utensilio y una vez usado, lo echaron a la basura.Tras las ráfagas y el tiro de gracia, siguió viendo tu mirada, la misma que no pudo sostener cuando le dijiste: "Serénate, vas a matar a un hombre", pues ni la inminencia del crimen pudo cegar tu espíritu de héroe.
Luego, ante los ojos ciegos del ex soldado, los mismos que por carecer de recursos no había podido operar en todos estos años, estaba de nuevo tu mirada penetrante, cuando el galeno cubano comprobaba la visión rescatada tras la cirugía.
Lo primero que vio Mario Terán cuando recuperó la visión fue un afiche del hombre que había matado hace cuarenta años, y que está en todos los consultorios de los médicos cubanos.
Entonces hoy sigues haciendo hasta el milagro de revertir conciencias. Además de devolverle la vista a tu asesino, un gesto de su hijo indicó que sucedió algo mucho más trascendente.
Unos meses después de que el padre recuperara la visión, el hijo de Mario Terán se presentó en el periódico "El Deber", de la ciudad boliviana de Santa Cruz, a solicitarles que por favor, publicaran una nota de agradecimiento dirigida a los doctores de Cuba por haberle devuelto la vista a su anciano padre.
El verdadero prodigio no fue devolverle la mirada a sus ojos, sino a su corazón. Sigues vivo Guerrillero Heroico de la América y el mundo, no lates en una sola zona del planeta, lo haces desde todos los hombres y mujeres que tienen el humilde sueño de que el futuro siempre puede ser mejor.






Volviste a los cuarenta años para que el asesino viera que no pudo descalabrarte con la muerte, para que se asustara cuando se le encimara tu hálito justiciero, tutelando multitudes que desandan tus caminos.



