| Día Universal de la Infancia: por el derecho a una sonrisa |
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| Escrito por Yudith Madrazo Sosa | ||||||||||
| Viernes, 20 de Noviembre de 2009 13:38 | ||||||||||
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La Convención constituye el instrumento de derechos humanos más ampliamente refrendado por las naciones. Establece una exhaustiva gama de disposiciones que abarcan derechos y libertades civiles, el entorno familiar, la salud básica y el bienestar, la educación, la recreación, las actividades culturales y las medidas especiales necesarias para la protección de la población infantil. También contiene varios principios fundamentales sustentadores de la no discriminación, el interés superior del niño, el derecho a la supervivencia y el desarrollo, además de la opinión del infante. Aún así, los ideales de un mundo feliz donde se les asegure una existencia en condiciones de paz, con garantías para el acceso a la educación, la salud y la alimentación, están lejos de hacerse realidad para un alto número de pequeños en el orbe. Bien pueden atestiguarlo los millones de chavales que en el presente viven en zonas de conflicto; esos que aprenden a cargar el fusil antes de a escribir su nombre; o a identificar el sonido espantoso de una bomba antes de la bulliciosa jovialidad de una fiesta infantil. El mundo se antoja temible y amargo para los más de 500 mil millones de niños que pasan hambre y sed; o para aquellos, también contados por miles, obligados a entregar sus cuerpos y mentes inmaduras a las precariedades de un trabajo desigual; o para los incontables niños y niñas víctimas de la violencia, la explotación y el abuso. ¿Qué saben muchos infantes del África Subsahariana; o de algunas regiones de Asia; o de las poblaciones olvidadas de América Latina sobre una Convención protectora de sus prerrogativas? Y justo con esa finalidad existe. Para recordar a los adultos que desarrollamos nuestras vidas en condiciones favorables, que todavía abundan rincones del planeta donde el hambre, el analfabetismo, las enfermedades; la exclusión, el desplazamiento, tienen el rostro de un niño. Erradicar la pobreza; invertir en la infancia, protegerla de la violencia, la guerra, la explotación sexual, el trabajo, la infestación con el VIH /SIDA; preservar el medio ambiente donde se desenvuelven; constituyen imperativos presentes para la humanidad. Y no han de concebirse como cuestiones exclusivas de un 20 de noviembre o de cualquier otra fecha destinada a homenajear a la “esperanza del mundo”; constituye responsabilidad de cada día y de cada uno de los habitantes de este planeta.
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No le faltó razón a José Martí cuando escribió “los niños son la esperanza del mundo”. Con esas palabras, el Héroe Nacional de Cuba dejaba claro que sin una preocupación constante y real sobre el estado de la infancia, ninguna sociedad puede erigir un porvenir.