Un homenaje silencioso, como el lenguaje de los árboles

Al visitar un día al azar el Monumento Nacional de la Batalla de Mal Tiempo, en el municipio de Cruces, el contraste de los acontecimientos del pasado con los del presente, se harán notar enseguida: el silencio y la brisa del viento sobre el follaje de las plantas ornamentales del recinto, tal vez evoquen mejor en la imaginación aquel histórico combate de los mambises dirigidos por los generales Máximo Gómez, Antonio Maceo y Serafín Sánchez, en contra del empuje colonial, el 15 de diciembre de 1895.

Muchos han llegado hasta allí, con la vehemencia o el ímpetu de una fecha ilustre; entre vítores y estandartes. Sin embargo, hay otros que han arribado en calma a divisar el recinto con alma tranquila y curiosa.

En un costado de lo que hoy es un hermoso vergel, se pueden apreciar todavía las ruinas de la antigua finca San José, terreno que fuera donado por la señora Coralia Velázquez para que se construyera el memorial, que figuró en el siglo XIX como lindero del municipio. Y en el centro, cercano al obelisco de mármol grisáceo de nueve metros de altura que recuerda el enfrentamiento bélico, se eleva una curiosa mata de güira (Crescentia cujete L.), gigantescos algarrobos (Ceratonia siliqua), una multitud de arecas (Areca triandra) y esbeltas palmas reales (Roystonea regia), como blasones absolutos que coronan el cielo de toda el área.

El sitial, convertido en parque en la década del 50 del siglo pasado, exhibe además una pequeña ceiba (Ceiba pentandra) en el costado derecho del perímetro.

Este símbolo de la naturaleza fue dejado por el paso de los miembros de la Sociedad Cultural José Martí (SCJM) en 2011, como resultado de un proyecto de impacto histórico cultural en toda la Isla.

Ocurrió un año antes, durante la Expedición 115 Aniversario por la Ruta Martiana, cuando los miembros del club martiano Ruta de Cuba —también de la SCJM—, plantaron ceibas en comunidades próximas a los campamentos y sitios significativos durante el itinerario de la invasión a Occidente, protagonizada por Gómez y Maceo. El primero de esos árboles fue sembrado el 22 de julio en el bosque de la comunidad de Cajobabo, al sur de Guantánamo.

Así fue como la ceibita de Mal Tiempo se convirtió en la número 64, plantada el 11 de octubre de 2011, junto a dos más —la 65 y 66— en los poblados de La Amalia y Cartagena, respectivamente, en la provincia de Cienfuegos.

Hoy, esas gigantes de la naturaleza componen la lista de las 100 ceibas plantadas durante aquel extraordinario viaje juvenil desde Punta de Maisí hasta el Cabo de San Antonio.

Pero la de Mal Tiempo resulta especial al visitante, que lo despide con la mirada reflexiva hacia la cima de la bella floresta, con una pequeña flor en la base del obelisco, pero también con un suspiro de regocijo ante el inmenso valor y la determinación de aquellos héroes victoriosos.

Jamás pensemos que por sosegado o modesto, dejarán de ser los homenajes relevantes o imperecederos. Todo lo contrario; estarán más cercanos a la esencia del ser humano, a los sentimientos.

Foto: Delvis Toledo

Delvis Toledo De la Cruz

Delvis Toledo De la Cruz

Licenciado en Letras por la Facultad de Humanidades de la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en 2016.

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