Historias del Mar: Muelles y barcos

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Muelle remozado después de 2006./Fotos: Cortesía de Félix E. Otero.

A la vera de la bahía, el conocido Muelle de la Real Hacienda aguarda a los visitantes. En los anales del lugar figura que el 7 de marzo de 1841 designaron el presupuesto para su construcción y tinglado, y ya en julio de ese año iniciaron las obras de aquel andén de madera, el cual concluyó el 30 de octubre de 1842.

Desde aquí zarparon en el Purísima Concepción, los últimos soldados españoles de Cienfuegos hacia el lugar de donde fueron evacuados, al término del coloniaje.
Hacían escala en el siglo XIX, los vapores General Dulce (español) y Cienfuegos, de James Eard and Company; además, los correos norteamericanos, como vía de comunicación entre New York, Nassau y Cuba, que también entraban a Santiago de Cuba.

La construcción del muelle de marras la inició el ingeniero civil Miguel Villa Rivera. Fue demolido en 1950 y sustituido dos años después por uno de hormigón, con  bancos y luminarias.

Varias tradiciones tuvieron lugar aquí, como el “Entierro de la sardina”, costumbre gallega traída a Cienfuegos por el alcalde doctor Reinaldo Pino Vara; también contemplaban el baile de las lucecitas de los barcos camaroneros, y de ellos dijo José Ramón Muñiz —autor de Luna cienfueguera—  que interpretaban un “ballet de eternos mal ratos, que bailan los pescadores casi siempre sin zapatos”.

La más rutinaria navegación ha sido hacia el Castillo de Jagua, y recordamos al emblemático “Juraguá”, comprado por el asturiano, natural de Rivadesella, don José Llovio Rosa. Ese barco, que llegó a la bahía cienfueguera en 1893 desde New York, donde era usado para el transporte de pasajeros de Staten Island, a fin de visitar la Estatua de la Libertad; fue dado de baja en 1990.

También recordamos a otros como “Josefita”, “Carila”, “El Pura”, “Reina de los  Ángeles”, “Caridad Padilla”, “Nicolás” y “Arceta”, estos últimos cuatro, de Don Nicolás Castaño Padilla.

Recordamos también la otrora draga Cienfuegos, anclada ocasionalmente en el Muelle Real, además de la barrenadora, y los remolcadores Jagua y Grannie.

Luego de bordear la calle lateral, encontramos la terminal marítima, hoy con tres salidas diarias, que antes era el muelle propiedad de José Suárez Argudín, luego de la compañía de los señores Zolazábal y posteriormente del comandante general del apostadero de La Habana.

Ha tenido distintos espigones y después se le fundió una losa de concreto que lo une con el “Olimpia Medina”. Allí, entre Velasco y Casales, se encontraban el muelle y los almacenes de Pardo, de San Pelayo y compañía, luego Hermanos Torriente, y después García y compañía; en 1929, muelle Torriente. En la década de los años 50 del pasado siglo, de los Cacicedo.

Muelles y barcos son parte de nuestra ciudad, celadores del abrazo del mar con nuestra tierra, símbolos identitarios.

Grabado del Muelle Real, perteneciente al año 1857, como se aprecia, tenía una forma circular y permitía el atracadero de varias embarcaciones. / Fotos: Cortesía de la Oficina del Conservador de la Ciudad.

1 Comentario

  1. DAGMARA PORFAVOR CONSULTA A LILO OTERO Y AMPLIA LA BELLA NARRACION. EL TIENE UNA HISTORIA MUY COMPLETA DE MUELLES Y BARCOS DE CIENFUEGOS. Y DEL VAPORCITO JURAGUA ES NECESARIO NARRAR CLARAMENTE LO SUCEDIDO CON EL ASI COMO CON LOS DEMAS VAPORCITOS CONSTRUIDOS DE MADERA QUE A DECIR DEL CARPINTERO DE RIBERA ENSEÑAT SIEMPRE SON NUEVOS. GRACIAS.

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