Historias del Mar: Aposento de la Dama Azul

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El insomne guardián de la bahía cienfueguera siempre recupera lo que borra el tiempo a su paso por muros centenarios./Foto: Igorra.

El Castillo de Jagua nos habla hoy de aquella época en que el oficio de bandido de mar era remunerador, y la indefensa isla de Cuba, blanco de sus fechorías. En 1762 se erigió en una pequeña altura la fortificación que protegía nuestra bahía de tales acechos y constantemente es remozada, para recuperar lo que ha borrado el tiempo, a su paso por muros centenarios.


Única de su tipo en el centro del país y tercera en importancia luego de los morros de La Habana y Santiago de Cuba, la fortaleza recibe el nombre de Nuestra Señora de los Ángeles de Jagua, mote sugerente de seres celestiales, asociado en extraño sincretismo con el místico árbol siboney.

La primera restauración de este portento arquitectónico fue concebida en 1989 por los especialistas Daniel Taboada e Irán Millán, y se han materializado otros mantenimientos en 1992, 1998 y 2003. Todas han estado encaminadas a preservar presupuestos estilísticos patrimoniales de esta plaza, actualmente convertida en museo histórico.

La reparación de balcones, el puente levadizo único en Cuba, escaleras de acceso y vigas de los techos han sido objetivos primordiales de los proyectos restauradores. También han sustituido los soportes y columnas con vigas de hormigón, mucho más duraderas, por ser más resistentes a la acción de la corrosión marina.

Marisol Otero Álvarez, directora de la institución hace catorce años, explica que actualmente terminaron de reponer el piso de la sala No. 2:

“Durante el remozamiento realizado entre 2009 y 2014, los materiales reposaron en ese piso, que está encima de la bóveda del polvorín, por eso tal suelo resultó dañado y decidimos reforzarlo”.

Agregó que están en la construcción del Centro de Gestión e Interpretación del patrimonio inmaterial:

“Como parte del plan, en el segundo semestre del año incorporaremos los pescadores a este proyecto, pues el vínculo comunitario es nuestro principal propósito”.

Así el insomne guardián de la bahía perlasureña podrá continuar su caudal de historias y leyendas, entre las que sobresale el famoso avistamiento de la Dama Azul, que se desprende precisamente de sus muros.

Esta tradición oral tiene quizá por origen el castigo de alguna dama que vivió reclusa entre aquellos parapetos y que tal vez la pródiga imaginación tropical vistió su recuerdo con el colorido del aledaño mar.

Lo cierto es que la popular mujer proseguirá su bregar en estos lares, gracias al empeño de sus moradores por perpetuar el lugar con su historia y encantadores espejismos.

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