Hirán Ramos González, un hombre tras el velo | 5 de Septiembre.
vie. Ago 23rd, 2019

Hirán Ramos González, un hombre tras el velo

Hirán Ramos González, colmenero desde hace más de dos décadas, es fundador del Centro de Cría de Abejas Reinas, El Cocal, perteneciente a la UBPC apícola de Rodas. /Foto: Magalys

Hirán Ramos González, colmenero desde hace más de dos décadas, es fundador del Centro de Cría de Abejas Reinas, El Cocal, perteneciente a la UBPC apícola de Rodas. /Foto: Magalys

Hirán Ramos González es apicultor y vive rodeado de colmenas desde hace más de 20 años. Apenas terminó el Servicio Militar comenzó su vida laboral en la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Apícola de Rodas. Entonces no sabía nada prácticamente sobre el mundo de las abejas, pero a fuer de sacrificio es hoy un experimentado colmenero.

Las picadas no le atemorizan, “Estoy acostumbrado”, dice y sonríe. “Ahora estoy en el Centro de Cría de Abejas Reinas, El Cocal, desde hace siete años, los mismos que tiene de fundado. Acá he perfeccionado el trabajo y aprendido mucho de su mundo”.

Y es que las reinas en una colmena son imprescindibles para la producción de miel y sus derivados, porque solo ellas son capaces de reproducirse; pone los huevos que constituirán la nueva generación y establecen el orden en el trabajo desarrollando productos químicos que guían el comportamiento de las obreras.

Así de interesante resulta este mundo de los antófilos, una clase de insectos que, además, son imprescindibles en la polinización.

¿Cuánto te ha aportado este trabajo en lo personal?

“Figúrate, esta es mi casa, mi vida, todo, qué decir, es hasta mi familia. Aquí somos solo dos trabajadores. Nosotros fomentamos la cría; mientras que la UBPC, con doce persona, se encarga de la producción y el sistema económico. En realidad los verdaderos obreros son ellas, las abejas”.

¿Y por qué no usas el velo para cubrirte?, le pregunto, porque observo que Hirán lo lleva levantado sobre el sombrero, sin que le den una picada, mientras mi dedo pulgar está enrojecido y se inflama por minutos debido a un aguijonazo mientras tomaba las fotos.

“Ah, eso es sencillo, ellas me conocen, sienten mi olor, saben que no las ataco; esa picada es en defensa propia. Pero no creas, a veces si estoy tras el velo”, comenta Hirán, quien regresa a sus labores, mientras yo apenas puedo sostener la cámara de dolor.

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