Henry Reeve, el héroe que denomina a nuestro contingente solidario

Clara E. Soto Bermúdez*

No hay dudas: La fortaleza del sistema de Salud cubano se ha evidenciado con mayor impacto ante la pandemia de la Covid-19. El personal médico, cual vertiente de un río infinitamente humano, alcanza las grandes zonas cosmopolitas y los pequeños distritos rurales de este planeta, ahora convertido en un laboratorio donde virus y posibles vacunas luchan por prevalecer.

El riesgo no detiene al Contingente Henry Reeve.  Así lo asumen quienes, desde el año 2005, materializaron una de las más nobles ideas de nuestro líder histórico: una brigada que, ante desastres naturales y epidemias, responda al mundo con la ciencia y el humanismo. Un objetivo cumplido, en el cual cada profesional, a su regreso, trae consigo la disposición de proseguir esa misión para bien de la humanidad.

Quizás el nombre de Henry Reeve no lo asociemos directamente a la Salud Pública. Pero al conocer su historia, varios hilos se entrelazan para comprender.

De Brooklyn, estado de New York, arriba a Cuba en 1869, en la expedición del vapor Perrit, comandado por el general norteamericano Thomas Jordan. A sus oídos llegaban ecos de la lucha revolucionaria en La Mayor de Las Antillas. Decide incorporarse. Algunos señalan este acto del “Inglesito”, una expresión de espíritu juvenil y aventurero. Algo de ello podría haber, pero su coraje, dominio y arrojo, evidencian madurez y verdadero sentido de amor a un suelo ajeno, ahora suyo. Estos son los elementos que caracterizan los profesionales de la Salud. He ahí la historia, el porqué de su nombre al contingente; el porqué de hacer al héroe más universal.

En la carretera de Yaguaramas a Horquita se emplaza un sencillo monumento. El sitio, donde cayó este patriota el 4 de agosto de 1876, perpetúa el hecho histórico y resguarda contra el paso del tiempo su memoria. A pesar de estar alejado, esto no impide rendirle un homenaje colectivo en fechas como su natalicio o muerte. En la cabecera provincial, otro monumento guarda sus restos, no localizados aún. Permanecen junto a otros mártires, en el Cementerio General de Reina. Ambos lugares contienen la Declaratoria de Monumento Nacional. Henry Reeve; su historia de vida y muerte, se asocia a ellos.

Quizás un día, con el apoyo de la ciencia y todo el conocimiento de nuestros profesionales en la labor, puedan ser identificados los restos del “Inglesito”, sin desdeñar, por supuesto, a tantos otros patriotas bajo ese propio suelo. Creo que le debemos esto, como también la industria fílmica del país, porque la memoria de Henry Reeve merece materializarse para el conocimiento y el futuro. Profundizar en la divulgación de las luchas independentistas de nuestra región, abundar en las hazañas de este héroe, nos corresponde a los cienfuegueros.

El contingente que lleva su nombre debe recibir el Premio Nobel de la Paz por su aporte a la humanidad, por su entrega en otros suelos, por defender la prevalencia del internacionalismo. Ante tantas voces que aclaman su entrega, unamos esta: Henry Reeve es nuestro. Es cubano por convicción, y es cienfueguero, por su historia, y porque lo tenemos entre nosotros.

*Directora de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos. Miembro de la Uneac y de la Unhic.

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El periódico de Cienfuegos. Fundado en 1980 y en la red desde Junio de 1998.

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