Helado al revés se escribe durofrío

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Cuando el pozuelo llegó a la mesa, parecía una piscina diminuta, aunque tenía en el medio su propio iceberg, como si fuera una isla congelada en medio del Pacífico.

Cuando uno toma helado, siempre va primero al iceberg, en plena conciencia de que sobre ese relieve se concentra lo mejor de lo mejor.

Desde afuera todo parecía delicioso, la trama se generó cuando la cuchara buceó entre las paredes del estanque con sabor a coco. Bolas de durofrío comenzaron a despegarse del témpano mayor, y como corchos comenzaron a flotar en la superficie.

— ¡Oiga, esto no es helado!

— ¿Y qué va a ser?, respondió el señor de camisa blanca sin levantar la vista de la mesa que limpiaba en el Coppelia Prado.

— No lo quiero, tráigame tres bolas de fresa bombón a ver si está mejor. Recuerda que le pregun…

— Te lo llevo ahora para allá.

“Es verdad que nosotros no tenemos carros refrigerados, pero lo llevamos en uno isotérmico; además, la distancia entre el ‘Lácteo’ y el Coppelia no es tanta como para que se derrita. Hasta hoy no tenemos reportada ninguna afectación por cristales de hielo en el helado, ni por esa entidad gastronómica ni por ninguna otra. De aquí ha salido apto para el consumo”, aclaró Odalis Nodarse Díaz, jefa de Calidad de la Unidad Empresarial de Base Helados, del Lácteo Escambray.

No ha sido esta la única vez que tal alimento se le presenta al público en condiciones de durofrío; al decir de especialistas, solo ocurre por cambios bruscos de temperaturas. ¿Por qué, si a simple vista se observa la afectación, es vendido en el Coopelia?

Una exigua explicación emite el dependiente: “Debemos vender el helado esté como esté”. Y te sientes un iceberg en medio de la isla, ante tanta justificación banal, ante tanta descortesía gastronómica. ¿Cómo es posible que nazcan, crezcan y maduren servicios que luego se vuelven contra su propia imagen? ¿Cuándo acabaremos de convencernos que al cliente se le deben todos los esclarecimientos, todas las satisfacciones? ¿Cómo puede sentirse a gusto en una instalación si sabe que lo están timando?

En cada uno de estos centros existen jefes de turnos, de áreas, administraciones, toda una gama de directivos y responsables que, si cumplieran cabalmente con su función, cerrarían las brechas al descontrol y al naufragio de su servicio, pero lamentablemente existe una ceguera que parece nunca acabar.

— Bueno, son diez bolas de helado de coco y tres de fresa bombón…

— ¡Pero solo tomé tres!

— Comoquiera que esté, el helado hay que venderlo.

Antes de que todo sucediera, antes de la piscina diminuta sobre la mesa, antes del buceo de la cuchara en el estanque de sabor a coco, antes de pagar diez bolas que jamás salieron del pozuelo, había preguntado al dependiente si el helado estaba cremoso. Respondió en positivo, con cabeza y voz, por eso todavía me pregunto si entendió al revés.

4 Comentarios

  1. Gracias por sus comentarios, no hace mucho tiempo nosotros publicamos una investigación sobre el tráfico ilegal de helado en Cienfuegos, y ahora se pudiera volver a publicar sin que pierda vigencia.

  2. todo lo relacionado con la calidad del helado es la gran verdad, pero también hay que acotar la mala higiene en el fregado de los útiles como cucharas, copas y demás. Hace ya algún tiempo me percaté estando allí que las cucharas solo la enjuagaban en el mismo cubo que enjuagan el paño de limpiar las mesas, llamé al admón y resto del equipo y me desmintieron, felizmente había tomado un video de tanta falta de higiene y los compañeros de CPHEM se personaron.

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