Güira: música para el alma y remedio para el cuerpo

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El fruto se distingue por el rígido caparazón

Mi abuelo aseguraba que no había mejor café que el bebido en una jícara de güira. Esa era una costumbre muy arraigada por los humildes campesinos en la zona rural de Cuba antes de 1959, y  todavía persiste en determinadas regiones de la Mayor de la Antillas.


Tal vez pudieron influir las estrecheces económicas de entonces, escasas para comprar tazas de porcelana; sin embargo, como mi abuelo, a otros muchos el sabor de la infusión, contenida en esos rústicos recipientes, le era entrañable y mucho más placentera al paladar.

Lo que sí está claro es que se trata de un árbol silvestre muy frecuente en los campos y patios cubanos, cuya forma recuerda al manzano. En la campiña de la Isla era común el uso de la madera, elástica y blanquecina, en la confección de yugos para yuntas de bueyes y arados para la labranza de la tierra.

De niños acostumbrábamos a fabricar bates para la llamada pelota de manigua con ese material, y les aseguró que en el campo de béisbol dábamos entonces muchos jonrones o vuelas cercas, como también se les llama, por el gran impacto de rebote que producía al contacto con la bola.

Sin embargo, la parte de la planta más popular siempre fue el fruto, redondo y pulposo, y de una corteza muy dura. Al menos en Cuba, la güira, como es conocida, era, como se ha dicho, muy empleada en diversos utensilios domésticos y hasta en instrumentos musicales como las maracas, güiro y otro similar al chequeré, ensere originario de Nigeria, Benin y el Congo.

No obstante, hasta nuestros días tanto en la Mayor de las Antillas como en otras regiones del planeta, de la güira se aprovecha no solo la corteza del fruto. Pues en realidad casi todas las partes de éste árbol tienen alguna aplicación provechosa en la vida del hombre.

Fármaco en duro cascarón

En zonas rurales de Cuba y otras regiones americanas, es costumbre aprovechar varias partes del árbol de la güira para el tratamiento de enfermedades y dolencias de diferente índole. Se dice que sus flores, por ejemplo, preparadas en cocimiento o infusión, son utilizadas por nuestras abuelas para aliviar los dolores de las parturientas, y para curar las neuralgias. En tanto, las hojas, bien molidas, se aplican en forma de cataplasma a fin de contener las hemorragias, por su acción cicatrizante en las heridas.

Una de las especies con mayor uso en la medicina natural y tradicional es la llamada güira cimarrona, de fruto esférico un poco más pequeño que una naranja. Con la llamada tripa, endulzada con miel de abeja, se hace una especie de emulsión o pulpa espesa, recomendada para el tratamiento de afecciones del pecho y la cura de catarros rebeldes. Esa misma mezcla era utilizada por los campesinos para sanar contusiones y heridas del ganado. Por su pate, el zumo de las flores, los consejos de abuelas le atribuyen gran efectividad en contrarrestar los dolores de oído.

En muchos patios encontramos una mata de gúira

La propia güira cimarrona, cuyo nombre científico es Crescentia cujete L., es originaria de la América tropical. Los efectos medicinales, se dice, se debe a sus componentes, entre ellos alcaloides cuaternarios, también cromóforos, lipófilos y polifenoles. La pulpa del fruto contiene ácido cianhídrico y otros ácidos orgánicos. En la madera se han detectado derivados naftaquinónicos. Las semillas son ricas en ácido oleico.

Sonido para aliviar la esclavitud

Cuentan que en el poco tiempo de descanso de los esclavos africanos, traídos a la fuerza de aquel continente como mano de obra barata para las plantaciones cañeras en Cuba y otras regiones de América, se reunían en noches y determinados días festivos para realizar sus ritos tradicionales.

Según la historia, muy pronto los negros conocieron y apreciaron un árbol nativo de esta parte del planeta, el güiro. Con el fruto seco de esa planta confeccionaban una especie de instrumento musical, cuyo sonido comenzó acompañar los toques de tambores, para ello se colocaban en las muñecas esos raros artefactos llenos de piedrecillas que emitían un retumbo peculiar.

Luego, no había danza en los cabildos en los que no estuvieran esos instrumentos rústicos, los mismos que con el tiempo fueron perfeccionándose hasta llegar a las maracas, güiro rallado o uno de mayor tamaño semejante al chequeré africano. La mayoría de ellos todavía forma parte en el acompañamiento de la música tradicional cubana y demás países cultores del son, la salsa y otros géneros americanos.

Las maracas hechas de gúira son un instrumento típico del son

Sin embargo, reza en los anales que la güira ya la utilizaban los nativos antes de la llegada de Colón a las tierras del nuevo mundo. Huacales, taparas o totumas eran recipientes artesanales que confeccionaban los indígenas americanos en el período precolombino. Se elaboran con la cáscara del fruto de este árbol, cuyo nombre científico es Crescentia cujete..

Con la dura corteza del fruto se fabrican todavía bellos collares, aretes, lámparas, máscaras afrocubanas y adornos de variados tipos, que son adquiridos como souvenir, en especial aquellos turistas que visitan el archipiélago cubano.

En cuestión, este es un árbol de mediano porte que se extiende desde México hasta el Brasil, incluyendo a las Antillas. Puede encontrarse en zonas húmedas, sin embargo soporta bien períodos prolongados de falta de agua, como por ejemplo en el sur de Honduras o en las zonas costeras del norte de Venezuela.

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