Giraldo Fernández Aguirre: “Ese día Fidel me aplaudió a mí”

A un año sin ti, pero contigo, el pueblo cienfueguero le rinde tributo al indiscutible líder de la Revolución cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz. El sitio web del Periódico 5 de Septiembre publica una serie de materiales a propósito de la efeméride

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Giraldo Fernández Aguirre./ Fotos: Efraín Cedeño.

Dos fotografías eternizan los minutos de gloria extrema para Giraldo Fernández Aguirre, por eso las ha conservado intactas por más de 40 años y las “expone” en su recibidor, junto al resto de las imágenes familiares, como para contar públicamente la historia de su hazaña.

El casco blanco del constructor, los ojos azules que las fotos no logran reflejar, el cansancio de un año y medio lejos de su familia, y el orgullo, conviven en el encuadre. Y del otro lado, el motivo real de tanto cariño hacia un trozo de cartulina impresa: el Comandante en Jefe, Fidel Castro Ruz.

Identidad: Villafaña

Pero de las dos, mi entrevistado tiene su predilecta, la que nos muestra al líder de todo un país elogiando al obrero. “Lo normal era que todos aplaudiéramos a Fidel, pero ese día Fidel me aplaudió a mí”, me dice mientras recuerda el acto central nacional por el Día de la Construcción del 5 de diciembre de 1974, en la Escuela Formadora de Maestros Primarios “Presidente Allende”.

Giraldo había viajado desde Vietnam, donde cumplía una misión internacionalista, expresamente para aquel evento y, hasta el instante en que el Comandante le cedió el micrófono, nunca supo que hablaría frente a la multitud.

Entonces le llegó la hora, porque el ofrecimiento no admitía negativas: “No es que seamos los mejores del contingente (…). Si se fueran a escoger los mejores yo diría que tendrían que venir todos”, alcanzó a expresar a pesar de los nervios.

Pero su presencia, y la de sus otros cinco compañeros, nunca fue el resultado del azar, sino de un completo proceso emulativo, donde él resultó vanguardia a nivel de todo el Contingente.

“(…) sabemos de lo que son capaces los constructores que están en Vietnam y los constructores que tenemos en Cuba. En Vietnam el espíritu cada día es mayor y estamos totalmente seguros de que cumpliremos todas las obras antes del plazo fijado y que regresaremos cuando nuestro Partido lo estime conveniente. Muchas gracias”.

Así concluyó la pequeña intervención y de esa forma lo manera exacta, textual, lo reprodujo la prensa. ¿Cómo recuerda usted la experiencia?

“Estábamos en el patio de la escuela, había muchas personas y todos sentados. Él empezó a hablar y después de enaltecernos en su discurso, nos invitó a subir al podio. En La Habana se sabía cuál era el trabajo mío, yo estaba al tanto de las brigadas, de las obras, de todo. Fidel no me preguntó nada, simplemente salió del podio y me pidió que hablara.

“Eso no es todo; porque cuando yo terminé, él me dijo algo y yo no le contesté, porque se me formó un nudo en la garganta, no podía hablar de la emoción. Los compañeros del sindicato me habían dicho que Fidel quería una entrevista conmigo, solo conmigo. Cuando salimos caminando, para un saloncito preparado en la misma escuela, me tiró el brazo por arriba y me dijo: “Hasta yo me he emocionado hoy”.

“Ya ahí estaba yo más tranquilo, empezó a hacer preguntas y yo me volví a serenar. Quería saber sobre el estado de las obras, el ánimo de los trabajadores, las atenciones, la comida, tú sabes que Fidel preguntaba hasta el detalle”.

EL HOMBRE DEL CASCO BLANCO

¿Usted de qué se graduó?

“Ay mija, no te pongas en esa. Nosotros vivíamos en las lomas, ahí no había escuelas, y cuando yo me mudé para Cienfuegos con 16 años, apenas tenía 6to grado. Me hice ayudante en la construcción y estudiaba por las noches.

“Triunfa la Revolución y el ingeniero con el que trabajábamos nos propuso darnos cursos de interpretación de planos y otros temas para superarnos. Y así seguí hasta llegar a ser jefe de obra, que no es fácil. Uno en la vida tiene que tratar de cada día ser algo más”.

En los primeros años de los 70, mientras construía las secundarias básicas en el campo de Yaguaramas, lo convocaron para ir a Vietnam.

“Me dijeron que estaban buscando un constructor integral y que tenían referencias de mis resultados de trabajo. Mi misión era montarlas planta de prefabricado en Vietnam y hacerle unas viviendas a los vietnamitas.

“En abril de 1973 ya estaba llegando el contingente Ho Chi Min al país asiático, con cinco obras: un combinado avícola, una carretera de más de 50 km y diez puentes, un plan de vaquerías, un hospital con una escuela de enfermería, y un hotel. Se suponía que yo regresara a Cuba, porque no era parte del contingente. Y apenas unos días antes, con el pasaje en la mano y la maleta prácticamente hecha, me pidieron que apoyara en el departamento técnico. Imagínate, yo tenía cuatro muchachos, tenía muchas ganas de verlos, pero me quedé.

Vietnam estaba en guerra, ¿en algún momento estuvo en contacto con las tropas?

“Sí, algunas veces nos topamos con ellos, pero nuestra ubicación era lejos de los escenarios de la guerra. Sin embargo, en una ocasión estaba junto al arquitecto Raúl Cordovés y una delegación de lugareños mirando la localización del hospital, en una ciudad devastada por un bombardeo de 72 horas consecutivas, donde no dejaron ni una casa en pie. Y precisamente en el terreno que escogimos habían quedado 12 bombas sin explotar y granadas de mano por el suelo. De ahí sacaron dos camionesde artefactos explosivos.

Al propio Vietnam, donde lo condecoraron con las medallas del trabajo y de la amistad, le enviaron las referidas fotos. Entre los documentos, una tarjeta firmada: Fidel Castro Ruz.

Giraldo cumplirá 85 años el próximo 2 de diciembre, coincidencia histórica quizás. Todavía maneja con destreza la bicicleta, ocupa cargos políticos en la comunidad, lee siempre que puede y cocina muchísimo. Este año cumplió seis décadas de matrimonio con Clarita, su compañera sentimental y de otras muchas esferas, incluida la entrega desinteresada a la obra de la Revolución.

¿Cuál considera como su mayor conquista?

“Ha sido una vida bonita, he tenido suerte por ese lado. Si lo analizas en el plano familiar, el haberme casado, tener cuatro hijos y verlos crecer, estudiar, hacerse hombres y mujeres, eso es bonito; lo otro es la satisfacción del deber cumplido y de haberlo cumplido bien”.

Conversamos por largo rato, recordamos viejas anécdotas y reímos mucho mientras Clarita ayudaba con los detalles del pasado. Giraldo se emocionó más de una vez, y dejó entrever, a pesar de la blanca cabellera, el apuesto constructor que enfrentó su timidez, habló a un mar de personas, y conquistó la admiración y los aplausos de su Comandante.

Discurso de Fidel durante el acto central nacional por el Día del Constructor, el 5 de diciembre de 1974.

“(…) cuando llegó la hora de la reconstrucción de VietNam, allí está también la presencia de Cuba con un contingente de más de 500 trabajadores de la construcción”.

(…)¡Qué obreros serán estos, que entre más de 500 que son magníficos obreros, fueron escogidos como representantes de ellos, para encontrarse aquí con ustedes en el Día del Constructor! (…) Vamos a invitar a uno de esos compañeros para que nos diga algo esta noche, de sus sentimientos, y de sus impresiones, y nos cuente algo del estado de ánimo de los trabajadores que están en VietNam”.

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