Genuflexos

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Nicky Jam llevó su “solidaridad” al punto más alto de teatralización, al acoger a una bandera de Venezuela en el escenario. Bolívar, quien sabía mucho de grandezas pero también bastante de bajezas a él cometidas, hubiera despreciado semejante acto de lacayuna manipulación.
Nicky Jam llevó su “solidaridad” al punto más alto de teatralización, al acoger a una bandera de Venezuela en el escenario. Bolívar, quien sabía mucho de grandezas pero también bastante de bajezas a él cometidas, hubiera despreciado semejante acto de lacayuna manipulación.

La Venezuela bolivariana de Chávez y Maduro no solo ha resistido y resiste el mayor ataque mediático corporativo del siglo XXI en el planeta, los golpes fratricidas de la derecha opositora y la incidencia directa de Washington para derrocar por cualquier vía a ese proyecto social.

La ecuación política planteada desde Caracas también hace frente a una dura andanada en redes sociales, eventos, entrevistas, conciertos… de artistas ‒ fundamentalmente iberoamericanos‒, que aunque en determinados casos no tienen ni idea de cuánto sucede realmente en ese país, acusan al gobierno solo porque está escrito en el manual de guión exigido por los sellos que los representan, los cuales a su vez responden al poder dominante y a sus estructuras de inteligencia e información.

Nada nuevo bajo el sol. La CIA, la USAID, la NED, la NSA dictan los parlamentos y ellos cumplen el rol establecido de recitarlos, de amplificarlos. Así sigue el curso de sus vidas, cobran, engordan sus cuentas y el poder está contento; de manera que nunca se les cerrará un contrato.

Son, en realidad, tristes marionetas del mercado y los emporios culturales, que los utilizan a su antojo con alevosos intereses políticos, dado el alcance de su mensaje debido a la popularidad que concitan entre millones de receptores.

Son gente sin pensamiento propio ni mínimo asomo de compromiso social, doblegados por la genuflexión que los conmina a hacer causa común con los poderosos y atacar a los propios cimientos de la justicia social, el derecho de los pueblos a la soberanía y hasta a la propia historia de su región.

La más reciente gala de los Premios Billboard de la Música Latina, efectuada el 27 de abril en Miami, será tristemente recordada por la función servil de palanca de la ideología imperial cumplida por algunos artistas de la región.

En dicho evento (desde el punto de vista artístico, entre los peores de este siglo, divorciado hasta la raíz de las reales esencias de la música latinoamericana y montado solo en interés de privilegiar el reguetón industrial ‒tan afín a la matriz de la ideología imperial‒, y la música regional mexicana, en razón de la cantidad de mexicanos que consumen y dan aliento económico a Telemundo, la cadena emisora) salió a colación el tema Venezuela, pero desde el plano de la total distorsión: cómo no podía ser de otra forma en Telemundo, en Miami y en los Billboard.

El reguetonero norteamericano-puertorriqueño-colombiano Nicky Jam, principal ganador de premios de la noche, llevó su “solidaridad” al punto más alto de teatralización, al acoger a una bandera de Venezuela en el escenario. Bolívar, quien sabía mucho de grandezas pero también bastante de bajezas a él cometidas, hubiera despreciado semejante acto de bárbara manipulación.

Su compañero, J Balvin, hizo lo suyo en igual cuerda; de igual manera que Zion y Lennox. También Luis Fonsi y los presentadores, entre quienes se encontraba la mexicana Kate del Castillo. Claro es, la “reina del sur” motivadora de los sueños húmedos del Chapo Guzmán ni alusión hizo al desangre infernal que vive su país como consecuencia de la guerra intestina para controlar el mercado de la droga que surgió y se desarrolló debido a la demanda yanki.

La Revolución Bolivariana no extiende jugosos cheques por ganarse pronunciamientos a favor en los certámenes y las redes sociales. No graba discos, ni mueve los hilos de los contratos y de las giras. Tampoco llena las cuentas de los reguetoneros para comprar sus vestidos de pieles para usarlos bajo el sol del Caribe. Entonces, por supuesto, hay que ayudar a quien sí proporciona todo eso, atacando al proyecto social seguidor de los ideales de justicia social e integración marcados por nuestros próceres.

Será la propia historia la encargada de concederle el valor debido a ese proceso revolucionario latinoamericanista; así como de poner en el sitio de deshonra moral ‒que por naturaleza les está reservado‒ a estos artistas.

Además de por la comunidad reguetonera (que no sé, o sí lo sé, por cuál razón la odia en pleno, salvo contadas excepciones como Calle 13 que no hace reguetón sino poesía urbana de conciencia social) la Venezuela revolucionaria de Bolívar y Chávez también ha sido impugnada, en otros momentos, por Ricky Martin, Édgar Ramírez, Alejandro Sanz, Carlos Vives, Belinda, Madonna, Rihanna. Dos baladistas pop venezolanos como Carlos Baute y Ricardo Montaner han sido especialmente virulentos con el ideal bolivariano.

2 Comentarios

  1. Kate del Castillo también? Madre mía! Pero si yo acabo de ver una miniserie de 14 o 15 capítulos llamada “Ingobernable” cuyo colofón es la violencia extrema, la droga en ambas partes (Mexico y EUA), y otro grupo de asuntos no ajenos a la política corrupta de los Estados Unidos Mexicanos. Y para colmo, ella misma es la productora de la teleserie!
    Creo que dejando a un lado los defectos en la actuación, quiza lo más estimable de la serie es lo transgresora que llega a ser. Uno de los puntos de genuflexión está, creo, (a pesar de que se insista al final en negar la semejanza con la realidad) en la interpretación del personaje del presidente Navas de México: ¿por qué se parece tanto este personaje física y moralmente a Peña Nieto?
    Kate del Castillo: no te entiendo! ¿Qué haces en unos Billboard? ¿Actuando otra vez acaso?

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