Genocidio en Bagdad | 5 de Septiembre.
mié. Jul 17th, 2019

Son pueblos que poseen una riqueza cultural ancestral, que es patrimonio mundial de la humanidad, que ha sido destruida totalmente, devastada, además por el robo de sus fabulosos tesoros artísticos y culturales./Foto: Internet

Un día como hoy se cumple otro aniversario del primer bombardeo norteamericano sobre Bagdag, la capital de Irak. Koffi Annam, entonces secretario general de la ONU, exclamó sobre el genocidio: “Es un día triste para la ONU y para toda la comunidad internacional…”.

Situada a orillas del río Tigris, en la planicie de Mesopotamia, fue dominada por los turcos en 1534; invadida por Inglaterra en 1914, codiciosa de sus recursos petroleros, y por esta misma causa, en el 2003, por Estados Unidos .

En la agresión, un pretexto del Pentágono norteamericano luego de la caída de las torres gemelas de Nueva York, el 11 de septiembre del 2001, el bárbaro Presidente “W” Bush justificó su orden diciendo a la prensa textualmente:

“Paseaba por los jardines de la Casa Blanca con mi perro Scoty, meditando y conversando con Dios, que me aconsejó… porque Él es norteamericano…”

Porque fue Bush quien inició ese acto de terrorismo de Estado contra un país alejado de su territorio, y luego, Barack Obama, quien lo sustituyó en la presidencia de los Estados Unidos continuó e incrementó ese conflicto.  No hubo de retirar tropas como prometió, al contrario, las incrementó, a pesar del título que le fue otorgado de “Premio Nobel de la Paz”.

Los medios de comunicación publicaban lo siguiente:

En público, Obama reconoció la contradicción entre su mensaje de campaña y las necesidades del gobierno. Cuando aceptó el Nobel en diciembre de 2009, declaró que la humanidad necesita reconciliar “dos hechos aparentemente irreconciliables: que la guerra a veces es necesaria y que la guerra es, de cierta manera, una expresión de desatino humano”.

Sobre Bagdag, donde vivían más de 5 millones de personas se arrojaron mil quinientas bombas y misiles; medio millón de toneladas de munición con puntas de uranio empobrecido, los cuales atraviesan vehículos blindados y edificios, y su polvo y su vapor resultan radiactivos y provocan cáncer. Sus partículas quedan en el organismo humano y animal, y además de cáncer, producen daños renales y desórdenes genéticos que se trasmiten a la descendencia.

Antes de ese ataque a Bagdag, Bush lanzó ataques de igual naturaleza contra el pueblo de Afganistán. Pero los pueblos luchan, y odian, y cada familia, cada mutilado, cada desaparecido enloquecido entre las ruinas, resulta acusación permanente y odio contra el agresor por el genocidio innecesario.

Y es que no han podido vencer la resistencia de esos pueblos del Asia Occidental que no aceptan, por su compromiso y credo religioso, la presencia de extranjeros en su territorio nacional.

Son pueblos que poseen una riqueza cultural ancestral, que constituyen patrimonio mundial de la humanidad, destruidos totalmente, devastados, además del robo de sus fabulosos tesoros artísticos y culturales.

Esos pueblos también comprenden el fabuloso negocio que existe en la reconstrucción de los mismos, que en manos de empresas constructoras capitalistas norteamericanas, o sus filiales en Asia, se enriquecen. Son crímenes demasiado monstruosos para que puedan ser olvidados y perdonados jamás. La fecha es encomio para la lucha por la paz mundial, y por ello, es preciso meditar sobre los orígenes de esos conflictos, y sus provocadores.

El inesperado legado de Obama: ocho años de guerra continua. Mark Lander (N. E)

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