Generosa, entre anaqueles y un premio

Generosa, entre anaqueles y un premio

“En las farmacias he hecho de todo, desde dependienta hasta administradora en una unidad”, comenta Generosa. /Foto: Magalys

“En las farmacias he hecho de todo, desde dependienta hasta administradora en una unidad”, comenta Generosa. /Foto: Magalys

Carmen Generosa Hernández Martell es licenciada en Tecnologías de la Salud, y lleva más de 40 años entre anaqueles de medicamentos. ¡Qué no sabrá esta mujer sobre ese mundo de blisters, frascos y hasta fármacos de primera generación como los retrovirales!

En reconocimiento a su trayectoria laboral y social acaba de recibir el Premio Provincial Francisco Figueroa Veliz, instituido en homenaje a este mambí y farmacéutico.

Una larga ovación se escuchó en el auditorio al anunciar la entrega, respaldo de sus colegas y compañeros de trabajo, muestra del cariño que le profesan a esta mujer, toda energía.

En las farmacias he hecho de todo, desde dependienta hasta administradora en una unidad, y ahora trabajo como farmacéutica clínica. Los días en que se recibe medicamento apoyo en el mostrador, donde todavía puedo hacer valer mi destreza, y en otras condiciones, cuando se tiene que ausentar alguna trabajadora, ahí estoy para suplir.

Amo mi trabajo. Por más de 30 años mi puesto de labor ha sido la farmacia La Caridad, hasta donde hago mi caminata en las mañanas, pues vivo en Pueblo Griffo Viejo y me queda relativamente cerca. He cumplido dos misiones, una en Bolivia y otra en Venezuela, y una familia que me ayuda a ver la vida con optimismo: dos hijas y cuatro nietas, somos un clan femenino, y algunas se han inclinado por la rama de la Salud y eso me alegra”.

“El Premio me sorprendió, porque hay mucha gente valiosa que lo merece”, afirma la galardonada con el Premio Provincial Francisco Figueroa Veliz. /Foto: Magalys
“El Premio me sorprendió, porque hay mucha gente valiosa que lo merece”, afirma la galardonada con el Premio Provincial Francisco Figueroa Veliz. /Foto: Magalys

Un enorme ramo de flores y el pergamino enmarcado muestra con orgullo Generosa, mujer madura, de 66 años, todavía en activo y con una enorme experiencia laboral, quien dice sentirse recompensada en el amor de quienes acuden a su farmacia.

El buen trato no cuesta nada darlo

Entre las funciones que tengo en ‘La Caridad’ se cuenta la de distribuir los retrovirales a personas que viven con VIH, labor que lleva cierta dosis de discreción y hasta respeto por esas personas que luchan por su vida. Lo reciben gratuitamente y se llevan además, mi cariño.

Qué va, ni pienso en la jubilación, mientras la fuerza y la capacidad me acompañen, estaré en el trabajo. Cuando las personas vienen para alquilar una cama fowler, o un sillón de ruedas, otra de mis atribuciones, deben ser tratados con prontitud y cortesía, porque ya ellos están atravesando una situación difícil con un familiar enfermo, y eso es lo que debe distinguir a un farmacéutico, el buen trato, porque hasta nuestros puestos de trabajo llega mucha gente a por una medicina, y lo que esperan es encontrar alivio, de alguna manera, y eso no cuesta”.

En el barrio donde reside es consultada con frecuencia por sus vecinos sobre el tema medicamentos, no para medicarlos pero sí cuando acuden a ella por orientación, y eso es un reconocimiento a su profesionalidad y experiencia.

El Premio me sorprendió, porque hay mucha gente valiosa que lo merece. Pero sin dudas me llena de satisfacción, y me da ánimos para continuar mi labor, que espero se prolongue en el tiempo”.

Y es que generosa Carmen hace honor a su nombre, a la generosidad que lleva un oficio que es imprescindible en la sociedad cubana, porque no se trata solo de satisfacer a los pacientes con el medicamento que procuran, sino explicarles cuando no está en existencia, localizarlo en otra unidad o hasta orientarlos para que no regresen a casa con desesperanza.

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