Fuga en la estiba

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Del levantamiento armado del 5 de Septiembre se ha escrito mucho, aunque por lo general, los autores, en aras de replicar la versión tradicional de los hechos, sin variaciones, se atalayan en prismas estrictamente historiográficos, que en cierto modo soslayan las señales, las pulsaciones humanas del acontecimiento, esas que emergen por boca de voces preteridas o quizá tenidas a menos.

No es que esos textos no posean su valor intrínseco o trastoquen el itinerario histórico de la gesta, sino que pecan de rígidos y solemnes. Dos investigadores cienfuegueros llevan preparando por décadas un volumen, solicitado ahora mismo por varias editoriales para su publicación de cara al inminente 50 aniversario de la gesta, en el cual el relato clásico de ésta se perfila desde perspectivas novedosas.

Andrés García Suárez y Orlando García Martínez tienen en sus manos más de un centenar de entrevistas con héroes y mártires de la acción, con participantes del bando enemigo, con gente incluso que no quisieron contar a nadie, sino a ellos, esas pequeñas odiseas que integran las partes de ese todo que fue este pasaje glorioso de la historia revolucionaria.

¿Qué de nuevo aporta el libro en concreto?

Orlando García Martínez, coautor del libro y presidente de la UNEAC en Cienfuegos.
Orlando García Martínez, coautor del libro y presidente de la UNEAC en Cienfuegos.

Orlando: “El texto, el cual tendrá definitivamente cerca de 400 páginas y un fuerte componente testimonial, enfocará cómo la masiva participación popular desbordó las mismas propuestas de los organizadores del levantamiento, a partir de la particularización del modo en que se articuló la lucha clandestina contra la tiranía en Cienfuegos a los procesos históricos nacionales.

“Al hablar del 5 de Septiembre se ha tendido a caer mucho en lo discursivo, en la referencia plana, desmatizada del desarrollo de los hechos, pero se ha preterido la escala humana del fenómeno. Lo novedoso del texto resulta precisamente esto, de consuno con su mirada a la composición social de quienes intervinieron en la gesta, en un sentido amplio”.

ESCAPE ENTRE ESTIBAS Y SACOS DE CAFÉ

A través de 45 años, Andrés García Suárez recopiló testimonios imprescindibles para comprender la justa dimensión del levantamiento. Para esta entrevista le pedimos que sorteara aquellos que aludieran a la descripción de los hechos por todos conocidos, y que relatara en cambio varios de esos otros inéditos que estarán en las páginas del libro.

Andrés García Suárez
Andrés García Suárez

Andrés evoca uno de ellos, la fuga del tostadero de café El Sol: “En ese sitio, situado frente al parque Martí, se instaló el francotirador Gilberto González -miliciano fundador del M-26-7 y uno de los héroes del 5 de Septiembre-, junto a Andrés García Urquiza (Pantalla), un estibador del muelle, y allí combatieron durante toda la jornada, desde los altos del lugar.

El pueblo congregado frente al Ayuntamiento y la Estación de Policía”Cuando las fuerzas de la tiranía llegaron, rodearon el parque y efectuaron un paneo general para ubicar los sitios donde estaban los posibles rebeldes. ¿Cómo salir de allí?, se preguntaron esos insurrectos y dos más que se les unieron. Entonces, me refirió Gilberto, a Pantalla se le ocurrió fabricar una estiba hueca y en su interior esconderse.

“Por ahí salieron los cuatro, entre sacos de café que los guardias acuchillaban con sus bayonetas, pero, como se metieron en el medio, lograron escapar. Después estuvieron escondidos en una casa cercana a lo largo del día 6, y el 7 salieron todos sucios y llenos de polvo a través de una tienda en la contigua calle de San Fernando.

“Al salir, la gente empezó a aplaudir a Gilberto, alguien muy conocido en Cienfuegos. Él me contó que quiso morirse en ese instante; figúrate, todo aquello estaba atestado de guardias, pero la suerte es que provenían de Santa Clara y no lo conocían”.

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Gilberto González, al centro de la foto.

CRIMEN EN LA MADRUGADA

Justamente, Gilberto González fue uno de los dos únicos testigos directos del asesinato cometido en la madrugada del 6 por los soldados contra los marinos rebeldes acuartelados en el Colegio de San Lorenzo. Señalan los investigadores en su libro que cuando él estaba escondido en el aledaño tostadero de café escuchó las voces y el sonido de los disparos del asesinato a mansalva contra los revolucionarios.

¿Quién fue el otro testigo?

Andrés: “Fue José Portel Caro, habitante de una casa vecina al Colegio. Este hombre nos contó cómo los milicianos del 26 de Julio escaparon descolgándose por los aleros de su vivienda hasta el piso, junto a unos pocos marinos, pero que el grueso de éstos últimos decidió permanecer allí al lado de su jefe, el capitán de fragata Dimas Martínez Padilla.

“Dimas creyó que iba a ser protegido por los marinos que estaban en el Distrito Naval de Cayo Loco, cuando el régimen recuperó el control. A las 4 de la tarde del día 5 llamó al lugar y pidió hablar con el doctor Sopo Barreto, un capitán de la Marina amigo suyo, para que los ayudara.

“El marinero Manuel Murga y el sargento Luis Miranda estaban al lado de Dimas. Al escuchar que la respuesta de Sopo había sido positiva, increparon a Martínez por ingenuo. Sabían que Barreto, de historia dudosa e incluso opositor directo a Mella en sus tiempos de Universidad, en realidad los iba a mandar a matar. Murga y Miranda nos contaron cómo ellos se escaparon con los civiles y milicianos del 26 por casa de Portel Caro.

“Luego la vida les dio la razón. Portel refiere en una de las entrevistas del libro de próxima aparición el instante del ajusticiamiento: ‘Mataron a Dimas y sus fieles como perros, sin contemplaciones’.

“Dato curioso, o revancha de la historia quizá, al salir del juicio del tribunal revolucionario que lo juzgó por el crimen de San Lorenzo, el doctor Sopo Barreto se lanzó del tercer piso contra la calle y murió instantáneamente”.

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JERINGUILLA Y LAS PROSTITUTAS BONDADOSAS

Un relato interesante consignado en el volumen tiene que ver con otro de los más valientes protagonistas de la acción, Roberto García Valdés (Jeringuilla). Este miliciano del M-26-7, explica Andrés, resultó herido en una pierna mientras le disparaba desde la cúpula del Palacio de Ferrer a uno de los aviones que envió la dictadura a bombardear la ciudad.

¿Si el Tercio Táctico de Santa Clara estaba parapetado en el colindante parque Martí, y este hombre salió herido, cómo es posible que no lo capturaran?

Andrés: “De manera casi increíble, sus compañeros de la clandestinidad lo bajaron de la torre y lo sacaron, desde un vecino almacén de agua mineral, a uno de los famosos ‘bayúes’ de la calle de Casales, cercano al sitio”.

¿Qué ocurrió en el burdel con Jeringuilla y sus amigos?

“Según nos han referido ellos mismos, creo que nada pecaminoso. Aunque sus compañeros no estaban heridos, no tenían ni tiempo ni dinero, tampoco era el momento propicio, para ser clientes ocasionales. En cambio, la historia tendrá que reconocerle a aquellas prostitutas anónimas que les salvaran el pellejo a todos”.

 ¿Por qué?

“Vistieron a los jovencitos con ropas de estudiantes, le dieron a Roberto García Valdés un libro de Jardiel Poncela titulado ‘¿Pero hubo alguna vez once mil vírgenes?’, y salieron con ellos por calles poco transitadas hasta que estuvieran fuera de peligro.

“A partir de entonces, bromeaban siempre ellos al rememorar el pasaje, comenzaron a llamarles nuestras hermanitas”.

Colegio San Lorenzo, último bastión del alzamiento. Los detenidos, en su mayoría marinos complotados con el M-26-7 al mando del capitán de fragata Dimas Martínez Padilla, fueron masacrados en el patio de la hoy secundaria básica 5 de Septiembre.
Colegio San Lorenzo, último bastión del alzamiento. Los detenidos, en su mayoría marinos complotados con el M-26-7 al mando del capitán de fragata Dimas Martínez Padilla, fueron masacrados en el patio de la hoy secundaria básica 5 de Septiembre.
Marinos y civiles hicieron comunión de intereses aquel 5 de septiembre de 1957 y convirtieron a Cienfuegos, por unas horas, en la primera ciudad libre de Cuba. Luego el alzamiento fue ahogado en sangre.
Marinos y civiles hicieron comunión de intereses aquel 5 de septiembre de 1957 y convirtieron a Cienfuegos, por unas horas, en la primera ciudad libre de Cuba. Luego el alzamiento fue ahogado en sangre.

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