Frank Michel y el arroz nuestro de cada día

El camino a La Perseverante, en Aguada de Pasajeros, término más occidental de la provincia de Cienfuegos, lo hace un equipo de prensa en una carreta tirada por bueyes, lo que anuncia de antemano que vamos para el mismísimo campo de arroz, allí donde el grano se torna de color dorado y anuncia que estamos en plena cosecha.

El boyero de la ocasión, que no articula palabras durante el trayecto, pero quien luego nos contó de manera amplia el funcionamiento de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) que dirige, la Sergio González, es Luis Bermúdez Frontela; a ella está asociado el dueño de la finca.

A la entrada del terreno donde se obtienen semillas criollas de arroz, nos espera Frank Michel Becerra Miranda, un perseverante joven de 54 años, soñador de la agroecología, quien calza unas botas altas de goma, ropa de trabajo y un sombrerón de guano para protegerse del sol abrazador.

Foto: Juan Carlos Dorado

Mientras recorremos juntos el lugar, diez hectáreas dedicadas al laboreo del arroz, conversamos acerca del cereal, sobre el que mi interlocutor tiene amplios conocimientos teóricos y prácticos, pues el oficio de cultivarlo le viene en el ADN:

“Hace más de diez años, antes cultivaba para el consumo solamente, aposté por la ciencia, y así nació este proyecto, sustentado por el Instituto de Investigaciones de Granos (IIG), del que soy productor extensionista, esta finca es un área demostrativa y obtengo en estos momentos tres variedades nacionales: la Perla de Cuba, de alto rendimiento, IA Cuba 25 y la 27.

“Mantenemos intercambio con la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, en específico con el departamento de Fisiología Vegetal, con quienes, por cierto, comenzaremos en breve un experimento con un microrganismo que fija el nitrógeno en suelo, y su uso disminuiría en un 40 por ciento el empleo de fertilizantes nitrogenados. Este estudio se ha hecho con variedades del Instituto de Ciencias Agrícolas, pero es de nueva implementación con las del IIG.

“Hemos creado un intercambio ventajoso, mientras aprendemos de ambas partes, ellos aportan la teoría y nosotros la práctica, por eso creo en que La Perseverante podría ser un aula de la UH y hasta de los politécnicos, si se crearan las condiciones necesarias para lograr la excelencia. Ya los estudiantes vienen, intercambian y el saldo ha resultado provechoso. También he recibido capacitación en la capital, y me visitan hasta diez veces en el año; ayer mismo estuvieron por acá”.

Y yo acoto que también cuentan el afán personal y de la familia en sus logros.

Estamos en plena cosecha, ¿quiénes participan de ella, y trasplantan las posturas?

“La familia apoya, en primer lugar, tengo dos trabajadores fijos, y contratamos personal para la ocasión en dependencia del ritmo, hubo un día en el que colectamos cinco toneladas, casi seis, pero eso depende de la extensión, porque se hace por áreas.

“Cuando se introducen variedades se les da seguimiento, desde la fase vegetativa hasta la cosecha. Antes de pertenecer al proyecto éramos productores normales, quizá con mejores resultados que otros, pero después de aplicar la ciencia, en campañas de frío, cuando hay menor incidencia de plagas y las plantas aprovechan más la luz, logramos rendimientos de diez toneladas por hectárea, lo nos ubica entre los mejores del país, y así sucede con quienes pertenecen al grupo de productores de semilla en la provincia, todos son buenos y la calidad alta, humana y en los resultados del trabajo, que eso cuenta al fin y al cabo”.

El grano dorado, listo para la cosecha./Foto: Juan Carlos Dorado

El hombre del sombrerón, campesino, agrónomo de profesión y científico, tiene dos hijas y cuatro nietos, y dos de ellos, aunque todavía pequeños, ya se inclinan por la agricultura, lo que asegura la continuidad de la tradición familiar. Frank Michel es hijo de campesino, cuenta que su padre era agricultor, no productor, y sobre el tema comenta, con el didactismo que le caracteriza:

Yo diferencio los términos, los primeros, se empeñan por mantener su finca en buen estado, son menos materialistas, se interesan por el desarrollo de su trabajo, la protección del entorno; mientras que el productor se inclina por el fin económico, obtener resultados y ganancias, sin preocuparse mucho por el cuidado del suelo, no diversifica los cultivos. Nosotros nos interesamos por la diversificación, en busca del sostén de la familia, para donaciones o vender a los cooperativistas cuando hay un excedente”.

En una mañana de noviembre, con temperatura agradable, caminamos junto a este hombre, de cuyas manos y con la aplicación de su sapiencia, sale ese producto que no puede faltar en la mesa del cubano, y cuyo precio dicta la economía doméstica de tiempos duros; entonces se me ocurre una interrogante, esa que me cuestiono, y se cuestionan en los hogares, cuando sobre un paño blanco me toca escoger el arroz, y que no cocina bien, cuando en la “cuota subvencionada” mi bodeguera anuncia, “este mes es del criollo” y no es “desgranado” como el importado.

Foto: Juan Carlos Dorado

“Sucede que se mezclan variedades a la hora de comercializarlo, quizá sea porque todavía no hay una política varietal, que se planifique la cosecha por una específica, porque sucede que a la hora de la entrega al encargo estatal se unen, y entonces a la hora de la cocción no queda con la mejor calidad. Eso no significa que nuestras variedades sean malas, son muy buenas, y considero que pueden competir con las mejores del mundo. Lo ideal sería cosecharlo, beneficiarlo y comercializarlo por variedades”. Y si lo dice Frank Michel, a futuro debería pensarse en el particular.

El imperativo del tiempo dicta que debo terminar, porque la jornada promete ser larga en un periplo periodístico, y la periodista de la TV, conocedora de la zona y nativa de un territorio vecino, lleva prisa, pero yo me quedaría todo el santo día para aprender y disfrutar del diálogo entre granos dorados. Me despido con la promesa de regresar y compartir la visita de científicos del IIG y de los muchachos de la UH. Volvemos a la carreta de bueyes guiada por Luis, y atrás dejamos a este perseverante, hombre de trabajo, de los muchos que habitan la geografía del occidente cienfueguero, y de cuyas manos depende tener en la alacena, el arroz nuestro de cada día.

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Magalys Chaviano Álvarez

Periodista. Licenciada en Comunicación Social por la Facultad de Ciencias Sociales y Humanísticas de la Universidad de Cienfuegos.

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