Francisco Otero Vázquez, el Lorca cubano

El poeta y promotor cultural Francisco Otero Vázquez nació en la finca Las Nuevas, término municipal de Santa Isabel de las Lajas, el día 2 de abril de 1934, y falleció el día 28 de diciembre del año 1994, en San Fernando de Camarones, cuando Inocente Iznaga Gonzalez , “El Jilguero de Cienfuegos”, cumplía 64 años de haber nacido, junto a los ribazos del río Arimao.

San Fernando de Camarones o de los Camarones, como algunos prefieren llamarlo, fue fundado en 1714, en tierras altas y onduladas entre los cauces del Caunao y su afluente Lajitas. El asentamiento fue bautizado con el nombre de San Fernando de Camarones en honor al rey de España, Fernando VI, y por estar enclavado en los terrenos de la antigua hacienda Camarones, que debía su nombre a la abundancia de ese crustáceo.

San Fernando de Camarones acogió como a un hijo a Francisco Otero, y este le correspondió de igual manera, consagrándose al trabajo cultural de la localidad por toda la sensibilidad humana y artística que lo caracterizaron siempre. Otero publicó en vida las obras, La Perla y el águila, primera mención del concurso 26 de Julio de las FAR, en el año 1980, obra a cuatro manos con el poeta Santos Hernández. En ese mismo certamen ganó el premio con su libro de décimas La gran siembra, en el año 1981.

Francisco Otero Vázquez, el Lorca cubano.

Cuenta la historia de un hecho histórico-cultural que fue la presencia del poeta Gabriel de la Concepción  Valdés (Plácido), en la taberna El Sport, de Juan Blanco, el 31 de marzo de 1843. Se dice que El Sport o taberna de Juan Blanco, sirvió de alojamiento al poeta a su paso por el trayecto Santa Clara-Cienfuegos-Trinidad. El bardo Francisco Otero dejó plasmada la estancia de Plácido en San Fernando de Camarones en estas décimas escritas en el año 1962, tituladas La taberna de juan Blanco; Era un sitio familiar/con clientes habituales/de café, dulces locales/y partidas de billar./No existía otro lugar/de tan alta distinción/porque en una habitación/hecha en el segundo piso/durmió su sueño mestizo/Gabriel de la Concepción./

La noche “camaronera”/ en un parto de color,/le dio cabida y amor/al mártir  de la escalera./Fue almohada y cabecera/del ilustre forastero,/y hoy cuando pasa el viajero/por la calle principal,/piensa en el triste final/de Plácido El Peinetero./

Conocedor a fondo de la obra de Fernando Otero Vázquez, Jesús Orta Ruiz, El Indio Naborí, lo catalogó como el Lorca Cubano. Tal aseveración en boca del más emblemático poeta del siglo XX de nuestro país, constituye, sin dudas, el mejor reconocimiento a la obra de “El turpial de Carolina”, que contaba, además, con la aprobación de todo un pueblo, no solo del centro-sur de Cuba, sino de toda la Isla.

En 1999, el Centro Provincial del Libro y la Literatura, a través de su Editorial Mecenas, publicó el cuaderno de décimas, su testamento poético, de honda espiritualidad y sensibilidad humana, de agradecimiento al pueblo mágico que lo acogió y al que le dedicó la obra de su vida y su último adiós.

Te debo el ultimo amor/trasnochado en el olvido,/ y el último beso herido/ por un hondero fulgor./la despedida, color/de lágrimas que no enjuga/el pañuelo que se arruga;/y la baranda otoñal/donde me clava el puñal/del regreso y de la fuga./Te debo el ruido sin ruido/de dos sandalias que pasan;/de unos ojos que me casan/en un intento atrevido./El asalto de un Cupido/con tirapiedras, el guano/de tus palmas, el lejano/silencio de los cocuyos,/y tantos tesoros tuyos/que me alborotan la mano./

Te debo la noche mansa/de portales a la noche,/el paso lento de un coche,/la luna que se abalanza/sobre los campos y danza;/el río de cristalinas/auroras , las casuarinas/penumbrosas de los cerros/tantas esquinas con perros/tantos perros sin esquinas…Y cierra Otero diciéndole a su pueblo, soltando a los cuatro vientos, los diez sinsontes de su décima, cuánto le debe a San Fernando de Camarones: Te debo tanto, te debo/hasta el aire que respiro/en tus calles, cuando miro/tu andar rescatado, nuevo./

Sin alzar copas te bebo/y sin beberte me embriago/de luz, de luz es el trago/de tu ternura moderna,/yo tengo una deuda interna/contigo ¿Cómo te pago?

Otero, Camarones también está en deuda contigo, por haber sido, ser, uno de sus hijos más ilustres.

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