“Filántropos”

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Bono, cantante de U2 e ícono de las “celebridades humanitarias”, ha comprobado que la filantropía puede ser un negocio altamente redituable. Varias anécdotas ocurridas en sus conciertos muestran contradicción entre su discurso "humanitario" y sus acciones./Foto: Internet

El tipo más socorrido de filántropo moderno es la persona o institución que, presuntamente, ayudaría a los necesitados del planeta a través de fundaciones, asociaciones o empresas, con entrega de dinero o recursos.

En ocasiones, tal proyección parte de un sentimiento de bondad auténtico que, no obstante diferenciarse de la caridad cristiana, contribuye al mejoramiento del otro; aunque siempre desde el entendido de que la pobreza y la desigualdad son estados permanentes e inamovibles solo factibles de paliarse a través de la beneficencia pero nunca mediante cambios de sistema, patrón que de hecho deslegitima la intercesión. La muestra más elocuente es que hoy día, cuando más organizaciones y figuras filantrópicas han existido en el mundo occidental en momento alguno de su historia, la pobreza hace mella con fuerza mayor en las naciones blanco, siglos o décadas atrás, de presencia colonial o imperial.

En la mayoría de las oportunidades, detrás de la acción “filantrópica” subyace un sinnúmero de intereses que ninguna relación guardan con el socorro al preterido, sino con el beneficio y la notoriedad del sujeto emisor.

Ni remota idea tienen de lo anterior, por supuesto, los encargados de redactar los guiones de las biografías musicales, fílmicas y deportivas para esos insufribles programas de la Televisión Cubana con secciones dedicadas a “reseñar” la vida y obra de figuras por boca de muchachitos que se aprenden de memoria cuanto les escriben, sin capacidad analítica esos jóvenes para darse cuenta de la memez que sueltan a bocajarro en pantalla. Además de la ya veterana e irresuelta falta de jerarquización, nuestra pequeña pantalla se lastra sobremanera cuando algunos de sus guionistas y presentadores, huérfanos de una conciencia crítica, se amelcochan al narrar las acciones “filantrópicas” de los “famosos”, adscriptos a la narrativa Wikipedia.

Los “actos de beneficencia” de las celebridades (sean músicos, magnates digitales, actores o campeones deportivos) cuentan —sin excepción— con reglas inmutables. Primero: ninguno puede transcurrir en silencio, porque esto es un empeño humano, precisado de respaldo mediático en pos de ser conocido. De tal, es trazada una campaña de comunicación previa al hecho, al momento de desarrollarse y con posterioridad. Segundo: el objetivo de la dádiva debe ser de alta sensibilidad emocional: hospitales infantiles, aldeas sin agua en África, escuelas desatendidas de algún país latinoamericano… Al momento de la entrega, en dinero o especie, no puede faltar el punto climático: un padre sollozando, una niña sin pelo besando al benefactor. Es ineludible la presencia de lágrimas. Así, la marca personal sale fortalecida. Tercero: una vez tenido efecto la anuencia filantrópica, los representantes de las celebridades se encargarán de que la aureola “robinhoonesca” de estos crezca gracias a los medios, no sin antes ofrendar la consustancial ofrenda monetaria o en regalos a los periodistas de dichas cabeceras corporativas. La repetición de la “noticia” del “noble gesto” de los patricios incrementará de forma exponencial el volumen de sus feligreses. Esto es más simpatizantes que compren sus discos, vean sus películas, llenen sus estadios, adquieran sus software y sumen cifras en sus cuentas de las redes sociales. Los plebeyos en estado de adoración absoluta. El culmen de la ironía. El mendigo no se da cuenta de que ha sido engañado, justo como ocurre en La falsa moneda, excelente cuento de Baudelaire a efectos de comprender las falsas buenas intenciones de cierto tipo de filántropo.

En determinados casos, las estructuras articuladas para realizar los aportes financieros son simples tapaderas para la evasión de impuestos, cual se ha denunciado en más de una ocasión, con casos notorios. También para generar más dinero. The New York Times censuró cómo ONE, la fundación filantrópica encabezada por Bono, de la banda U2, recibió en solo un año ochenta veces más dinero que el canalizado a las causas sociales.

La “filantropía” también es empleada para desviar la atención de prácticas comerciales insanas que perjudican a millones de personas, en terrenos de extraordinaria connotación. Linsey McGoey, autora del libro No Suchs Things as a Free Gift: The Gates Foundation and the Prize of Philantropy, lo grafica con un ejemplo ilustrativo en su ensayo ¿Es realmente eficiente la filantropía?: “He donado cinco millones de dólares a diversas causas. Con muchas ganas de contárselos”, escribía en Twitter a mediados de septiembre  de 2015, Martin Shkreli, consejero delegado de la farmacéutica Turing, mientras esta era muy criticada por haber subido el precio del Daraprim al 5 mil por ciento.

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