Fidel y el helado de la madrugada en Cienfuegos

0
1475
Fidel en la inauguración del Hotel Pasacaballo
Fidel en la inauguración del Hotel Pasacaballo Foto: Tomada de Radio Rebelde

Guarda en su memoria los recuerdos de muchos a√Īos. De sus habilidades gastron√≥micas han disfrutados cantantes, bailarines, deportistas, pol√≠ticos, en aquella planta hotelera a la entrada de la Bah√≠a de Cienfuegos. Pero el Chino de Pasacaballo, un apelativo tras el que se esconde su nombre verdadero (Luis Faustino V√°zquez), recuerda especialmente la atenci√≥n personal al Comandante en Jefe cuando se alojaba aqu√≠.

La primera de todas fue en la d√©cada del 80, apenas un par de a√Īos en tales faenas y la vida le regal√≥ m√°s que una oportunidad, una responsabilidad. Fidel Castro Ruz, inmerso como estaba en todos lo relacionado con el seguimiento a la marcha de los trabajos en la Central Electronuclear, ven√≠a much√≠simo a Cienfuegos, y esta vez llegar√≠a al hotel en plena madrugada. ‚ÄúSer√≠an las dos o las tres de la ma√Īana‚ÄĚ, rememora.

Luis Faustino V√°zquez, el Chino de Pasacaballo. /Foto: Darilys Reyes
Luis Faustino V√°zquez, el Chino de Pasacaballo. /Foto: Darilys Reyes

Hoy el Chino trabaja en el Bar Caf√©, en el propio lobby, como √©l mismo lo califica ‚Äúla cara de Pasacaballo‚ÄĚ, donde brinda servicio a clientes nacionales e internacionales prepar√°ndoles desde la oscura infusi√≥n hasta los m√°s variados cocteles. Pero para entonces radicaba en la discoteca y en la visita de aquel ilustre hu√©sped no necesit√≥ sus conocimientos como barman, de seguro iba acompa√Īado de sus nervios de principiante.

‚ÄúYa el servicio de la cafeter√≠a hab√≠a salido y me asignaron a m√≠ el honor de atenderlo. No le preparamos tragos, porque √©l solo quer√≠a helado; si mal no recuerdo era un almendrado, cuando aquello las bolas eran m√°s grandes, puede que con tres bolas ya se llenara la copa, adem√°s iba con sus agregados. Se convers√≥ poco, pero fue muy grata la estancia, porque cuando se trata de una persona tan grande como √©l‚Ķ‚ÄĚ.

Lázaro Hernández Padrón, atendía asiduamente a Fidel Castro cuando se alojaba en Pasacaballo. /Foto: Darilys Reyes
Lázaro Hernández Padrón, atendía asiduamente a Fidel Castro cuando se alojaba en Pasacaballo. /Foto: Darilys Reyes

También en aquel sitio, y con algo más de experiencia, estaba Lázaro Hernández Padrón, un dependiente que atendía asiduamente a Fidel Castro, incluso había estado ahí desde el mismo día fundacional, cuando las palabras del líder estremecieron a los presentes, pues su misma presencia impone, intimida, enorgullece.

“Me dicen que no pod√≠a irme aquel d√≠a, porque ven√≠a una visita importante, pero no me dijeron qui√©n era, nos cuenta Hern√°ndez Padr√≥n. Cuando lleg√≥ nos pidi√≥ un helado y a m√≠ personalmente un agua de bolita, que es el agua gaseada, pero √©l me dijo as√≠: de bolita. Yo estaba acostumbrado a atender al Consejo de Estado aqu√≠ en Cienfuegos, as√≠ que sab√≠a el procedimiento: el helado deb√≠a ser de una cubeta sellada y el agua la ten√≠as que descorchar ya delante de ellos.
√Čl (Fidel) estaba sentado en unos asientos de madera muy bonitos que hab√≠a a la entrada del hotel, puso los pies encima de una mesita y nos dijo: Disculpen, esto no se debe hacer, pero estoy muy cansado”.

Este es precisamente el √ļnico detalle donde no concuerdan las historias, pues el Chino afirma haber servido a esta figura en ‚Äúla habitaci√≥n 501, que siempre ser√° la de nuestro invicto Comandante‚ÄĚ. Se me antoja pensar, que los a√Īos le han jugado una mala pasada a alguno de los dos, pues ya suman m√°s de treinta los transcurridos desde la d√©cada del 80, donde ellos, por separado, aseguran que sucedi√≥ el nocturno suceso; aunque ninguno recuerda la fecha con exactitud.

Quizás se han mezclado las imágenes de varios de esos encuentros (en mi opinión se trata de anécdotas similares y días diferentes). Prefiero pensar que el líder de la Revolución gustaba de llegar a Pasacaballo en la tranquilidad de la madrugada, que lo hacía frecuentemente y que, en cada ocasión, pedía disfrutar del helado cienfueguero.

Por los pasillos del lugar, hay quien a√ļn recuerda la sensaci√≥n de orgullo cuando hablaron con √©l por primera vez, en el restaurante, o en la peque√Īa tienda de la planta baja.

Todavía se respira allí la nostalgia por su presencia, de cuando iba y llevaba consigo a los más célebres visitantes, incluso de otros países, a quienes mostraba el desarrollo industrial de la ciudad, y ya de paso, la impresionante imagen de la Bahía de Jagua y las confortables habitaciones que él mismo había impulsado a construir.

Dejar respuesta