Fidel, el mejor oyente de la tía Rosa

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Rosa Campo Pérez. /Foto: Darilys
Rosa Campo Pérez. /Foto: Darilys

(…) Aquí donde se funden / colores de una piel/ y un padre que nos muestra/ cómo debemos ser (…) Es Cuba mi país

“En Es Cuba mi país, no lo tengo mencionado como nombre, pero está: en ese padre, me estaba refiriendo a él, a Fidel. Claro, no me gusta mencionar los nombres porque lo hace muy fácil, muy evidente. Cuando los niños me preguntan yo entonces les digo, está implícito en el mensaje”, así me cuenta Rosa María Campo Pérez.

Con esta cantautora de Cienfuegos, conocida como la tía Rosa, comparto el nombre y, hoy además, el luto. Su flor, frente a la gigantografía de Fidel (nunca mejor dicho), no sabe a despedida, solo muestra el tributo, a sabiendas de que el mayor homenaje es cumplir bien la obra de la vida.

“Resulta imposible para cualquier creador hablar de arte sin que él esté presente de alguna manera. Nacer en el tiempo en el cual vivió… quizás muchas personas no se percataron del privilegio, pero en realidad sí lo sabíamos, teníamos conciencia de su grandeza, desde la infancia hasta la madurez. Siento que mi obra ha servido de algo gracias a él”.

Ya adentradas en el tema, pregunto: ¿Qué pasará ahora con esa generación que no alcanzó a conocer físicamente a Fidel?

“Tenemos una responsabilidad. A quienes nacerán luego de este suceso les vamos a contar del Comandante de muchísimas maneras, desde nuestra propia actividad, porque él nos lo inculcó así, es insoslayable y no se trata de una palabra vacía. A partir de ahora tenemos que cantar más, pintar más, reflexionar más y mejor. A partir de ahora hay que recordar mucho más, pues se nos fue un hijo, un padre, un abuelo, pero ha quedado la historia.

“Por eso debemos dar el ejemplo desde nuestras propias experiencias, pero con toda la naturalidad del mundo, no por obligación. Hacer es la mejor manera de decir, especialmente para los niños”.

Sobre posibles encuentros con el líder de la Revolución, nos cuenta: “No directamente, pero sí mi obra.

“Hace unos días tuve un intercambio con Cremata, el director de La Colmenita y, sin imaginar todo esto, me contaba que en un espectáculo como parte de un evento internacional de Pedagogía, interpretaron con niños sordos e hipoacúsicos mi canción En aras de vivir, donde en cierta forma también hablo de él. Entonces Fidel estaba en la primera fila y comenzó a llorar de una forma como ellos nunca lo habían visto; se emocionó tanto que se despidió de todos y se marchó.

“Él escuchaba Amanecer feliz, Chivirico rico, Maní. Saber que disfrutó mis melodías, como la de otros muchos artistas, me enorgullece. El haberlo tenido de oyente, de espectador, es haber contado con el mejor de los públicos”.

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