Federico Engels, co-creador del Marxismo

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Foto: Internet

En un borrascoso amanecer de agosto en Inglaterra, cuando la lluvia y el viento anunciaban la llegada del otoño, un pequeño barco con cuatro personas a bordo se hizo a la mar, en las cercanías de la ciudad inglesa de Eastbourne. A cinco millas de la costa, con sentimientos de dolor, de tristeza, de nostalgia, regaron sobre el mar, el contenido de una pequeña urna que llevaban. Las cenizas desparramadas se mezclaron con la superficie marina encrespada. Así, como él lo pidió, quedaron esparcidas los restos mortales de aquel gran hombre, generoso, sencillo, esforzado y sabio, que el mundo conoce por Federico Engels.

Fue el 5 de agosto de 1895 que, a sus 75 años de edad, falleció Federico Engels, en Londres.

Había conocido brevemente a Carlos Marx en 1842 en Colonia, Alemania, donde coincidieron, y a fines de agosto de 1844 ocurrió la entrañable entrevista entre los dos geniales pensadores en París, en que comprendieron la identidad de sus concepciones y decidieron unirse para crear una doctrina científica única en el mundo y dotar a la numerosa clase obrera de una teoría realmente revolucionaria.

A ello dedicarían ambos toda su vida. Si antes de conocerse habían llegado a análogas conclusiones científicas por separado, una vez que laboraron conjuntamente alcanzaron proyecciones geniales. El trabajo conjunto y la profunda amistad que los unió lograron que surgiera la obra maestra universal que benefició al proletariado y recibió el nombre de marxismo, y cuando muchos años después otro genial pensador, Vladimir Ilich Lenin realizó su aporte de pensamiento y acción, porque la llevó a la práctica y creó el primer Estado de obreros y campesinos, esa doctrina se denominó marxismo-leninismo y para llevarlo a la práctica y generalizarlo en el mundo surgió la Internacional Comunista.

Sus aportes fueron decisivos en las doctrinas de la Filosofía y de la Economía Política, las que revolucionaron aplicando el materialismo histórico y dialéctico y las ideas del Socialismo Científico que revolucionaron con la teoría de las clases sociales en contradicción.

Los aportes de Federico Engels, redundaron en beneficio de las tres partes integrantes del marxismo: la filosofía, la economía política y el comunismo científico y lo convirtieron con pleno derecho en co-fundador del marxismo, junto a Marx. La mayor parte del proyecto de Programa de la Liga de los Comunistas y el documento que sirvió de base para publicar El Manifiesto Comunista, fue redactado por Engels.   La monumental obra conocida como El Capital, de Marx, solamente pudo ser elaborada por los aportes de Engels, que logró terminarlo y publicarlo después de la muerte de Marx, y por sus enormes virtudes de desinterés y modestia quiso que estuviera sólo a nombre de su amigo. También El Manifiesto Comunista, La Sagrada Familia, La Ideologia Alemana, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, el Anti-Düring, entre muchísimas otras publicaciones científicas de valor y vigencia universales, fueron escritos por ambos, aunque algunos llevan solo el nombre de Marx. Dirigió por un tiempo La Internacional Comunista y en general aportó su capital monetario para la publicación de todo ello, puesto que Marx no tenía capital alguno y era Engels quien facilitaba el sostenimiento de su familia para que el genial Marx se dedicara solamente a su labor científica. Un sostenido gesto de enorme amistad y desinterés. Fue Engels quien despidió el duelo de su entrañable amigo Marx y todavía trabajaba sobre el cuarto tomo de El Capital cuando lo sorprendió, ahora a él, la muerte. Y sería Lenin quien despidió el duelo de Engels. Los discípulos de Engels y Marx concluirían el cuarto tomo de “El Capital”, la obra cumbre del marxismo de ambos. A Lenin correspondería llevarlo a la práctica social en la atrasada Rusia de los zares.

Las ideas de los geniales pensadores, como las cenizas sobre la mar, se esparcieron por el mundo entero y llegaron a todos los rincones del planeta, y los hombres de todos los confines descubrieron la esencia del injusto y agraviante origen burgués y proclamaron la necesidad de cambiarlo radicalmente.

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