Tres estados del alma en instantáneas
lun. Oct 21st, 2019

Tres estados del alma en instantáneas

Valenti se construye igual a través de esos recorridos, aunque focalizando los entornos sociales de la ciudad natal y la convecina Trinidad.

Valenti se construye igual a través de esos recorridos, aunque focalizando los entornos sociales de la ciudad natal y la convecina Trinidad.

Dos artistas han elegido un camino propio para asir la lírica que yace en el vientre de la vida, descifrar el arcano que nos hizo irrumpir en este universo de almas dispersas y anhelantes de ternuras. Afrontando esa invalidez humana que vulnera la armonía con el entorno natural o social, la fotógrafa Daniéle Ricard (Quebec, 1956) y el sureño Omar García Valenti (Cienfuegos, 1963) consuman aquella voluntad de viajar y apresar con sus lentes esa existencia casi invisible que sobrevuela el paisaje y la metrópoli, la presencia de lo ignoto en una realidad incierta, polisémica, noble, bella y al mismo tiempo aterradora.

La Ricard nos cautiva con una serie que ha intitulado Momentos del agua, suerte de leitmotiv que trasluce al líquido vital como una alegoría del alma, capaz de reflejar aquella imagen de esencias, a veces con una fumarada de humor, otras con sabores descarnados. Su enunciado es límpido, cauteloso, y la técnica certera, bien dispuesta para lograr la síntesis, el momento preciso que desnuda nuestra mirada, los impulsos estéticos que nos hacen singulares. No podemos dejar de conmovernos con aquel equilibrado pingüino que se contempla en el estanque, los esplendores de Yellowstone, las jóvenes de Jordania privadas de abrazar el mar con sus carnes abiertas y hasta las góndolas venecianas que parecieran evolucionar a representaciones abstractas.

Valenti se construye igual a través de esos recorridos, aunque focalizando los entornos sociales de la ciudad natal y la convecina Trinidad; serie que ha nombrado Focal fija. No puede evitar reconocer la elocuente entremezcla de modernidad y tradición, la entelequia que emana de los sitios derruidos por el tiempo y la desidia, la naturaleza desgarrada por el cambio climático y, por supuesto, los personajes y signos económicos que forman parte de esas realidades deseadas o no, pero siempre nuestras. Destacan por su belleza, los paisajes marinos y costeros, en las que logra un clima que en modo se conforma con la fotogenia. Para conllevar esta sensibilidad, ha invitado a su hijo Marcel (Cienfuegos, 1993), quien se deleita con un ángulo pintoresco y al mismo tiempo crítico sobre la Cuba de hoy mismo. Una instantánea tan precisa como gratificante.

Le convido a que disfrute de esta muestra en el Centro Cultural de las Artes Benny Moré, frente al Parque José Martí. Vista hace fe.

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